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“Cuanto más auténtico seas, mejor comunicás; ya no sirven las segmentaciones rígidas de antes”

Con más de tres décadas en los medios, Collinet reflexionó sobre los cambios en la comunicación, el branding y la construcción de identidad en tiempos de redes sociales. Para él, la clave sigue siendo la autenticidad. Además, dijo: “Escribo porque integro la penúltima camada de redactores publicitarios y me quedaron muchas palabras colgadas”
 

Por El Litoral

Domingo, 14 de junio de 2026 a las 10:33

Por Eduardo Ledesma

Versión gráfica: Belén Da Costa

Tercer episodio de la temporada y el invitado trae casi cuatro décadas de medios encima. Daniel Collinet arrancó en Radio Capital en 1988, con 17 años, y desde entonces no paró: radio, televisión, publicidad, producción. Creador de ciclos que quedaron grabados en la memoria correntina —El Día del Arquero, Los Cenadores, La Luna, Levántate y Anda—, conductor, publicista y productor que presentaba proyectos de branding cuando nadie sabía todavía cómo se escribía esa palabra. 

En este episodio vamos a hablar de medios, de cambios, de nostalgia, de ideas que se concretaron y de las que todavía esperan. Una conversación larga, sin apuro, con alguien que conoce este oficio desde adentro.

¿Qué le decís a la gente? ¿Quién es Dani Collinet?

Qué difícil es eso. Yo te diría que un buscador permanente de cosas de todo tipo o un hacedor por naturaleza. Yo creo que soy más un tipo con un traste inquieto y con ganas de hacer todo el tiempo, de generar y generar. Y eso es algo que no puedo parar, ni siquiera cuando estoy en mi casa en el día a día con mi familia. 

Estamos en 1988. Tenías algo así como 17 años. Radio Capital. ¿Cómo arranca ese primer programa? Si querés, todavía un poquito antes, ¿quién te abre esa puerta o la tuviste que abrir vos? 

Eso fue mi viejo, Hugo. A través de la agencia de publicidad, Vigencia Publicidad, y del estudio de televisión y radio, Estudio 5. Ellos cubrían algo que quedó inmortalizado en la memoria de los correntinos: la campaña de Mandiyú con José Antonio Barreto y el famoso “ahorita lo cuenta Barreto”.

Había pocas radios en ese momento. El relato salía por Radio Corrientes y ya estaba FM Capital. Por alguna razón no se podían transmitir las dos cosas al mismo tiempo. Entonces yo le digo a mi viejo: “¿Por qué no pasamos un poco de música?”. 

Mientras jugaba Mandiyú, el que no quería escuchar fútbol tenía como opción Radio Chaco o Radio Capital. Hacíamos un programa de música. Yo llevaba los discos y comentábamos algunas cosas, pero la particularidad era que los otros dos hacían jingles en vivo relacionados con los nombres de los temas o de los artistas. El programa se llamaba Aerosol.

Después me quedé solo, porque los demás se fueron. Y seguí haciendo radio desde ahí. Para mí era darme el gusto de algo con lo que crecí toda la vida. Crecí viendo a mi viejo escuchar radio. Tengo el recuerdo de él tratando de captar Radio Colonia para escuchar qué estaba pasando realmente durante Malvinas. Cuando él no estaba, yo le robaba la radio y buscaba otras emisoras. Ahí empecé a fantasear con hacer radio. Jugaba a ser conductor cuando era muy chico.

¿Qué te generó ese salto? ¿Miedo, vértigo o ya sentías que era lo tuyo y que estabas ahí como contenido?

La verdad es que siempre quise estar en los medios. Me pasaban dos cosas: me fascinaban los medios y era excesivamente solitario y recontra tímido.

Yo entendí que en algún momento tenía que romper con eso y encontré la manera de hacerlo a través de las cámaras. De chico jugaba a conducir programas, a protagonizar películas o series.

Llego a la televisión porque con un amigo, Alejandro Carvajal, tomamos por asalto un bloque de un programa que se llamaba Vivir en Corrientes, conducido por Martín Caram. Él tenía una cámara y un día dijimos: “Vamos a salir a hacer notas”. Salíamos a Junín y preguntábamos cualquier cosa. Era una ruptura para la época porque no había chicos haciendo televisión.

Tuvimos la suerte de encontrarnos con muchos estudiantes que salían del colegio y se enganchaban con las notas. Entre ellos apareció alguien que nos voló la cabeza: Kiki Troia. Salía del colegio y se metía siempre en las notas. Después terminó siendo parte de un programa propio.

Lo que empezó siendo un bloque de diez minutos fue creciendo hasta que Martín Caram nos dijo: “Basta, hagan su propio programa”. Y ese programa fue extraordinario. Tengo los mejores recuerdos de todo lo hecho, pero aquello nos cambió la cabeza.

Y el Día del Arquero, porque viste que es un concepto raro y brillante. ¿De dónde salió eso?

Yo dejo de hacer Simplemente, me voy a estudiar publicidad a Buenos Aires y cuando vuelvo convenzo a mi viejo y al equipo de que había que hacer un programa de televisión. La idea original era un programa de deportes. Una locura, porque en Corrientes casi no había contenido deportivo local y encima no lo miraba nadie.

Convoco a dos amigos, Emilio Karothy y Eduardo Del Valle. El programa tenía un nombre que jugaba con una frase hecha. A mí siempre me gustó jugar con las frases. Y apareció esto de “el día del arquero”, que es cuando, es nunca. La idea era ridiculizar un poco el deporte y hacer con él lo mismo que habíamos hecho en Simplemente.

Nos fue pésimo. No lo miraba nadie.

Teníamos un director, Wilfredo Oviedo. Un día me lleva a tomar un café y me dice: “¿Vos querés hacer un proyecto?”. Le digo que sí. Entonces me plantea que había que recuperar algo de lo que habíamos hecho antes y darle una vuelta de tuerca.

Yo veía solamente el precipicio, pero avanzamos. Cambiamos la temática y la gente se enganchó. Ahí aparecieron momentos increíbles.

Siempre destaco un espacio que se llamaba La Noche del Arquero. Nosotros salíamos a mostrar la noche correntina desde otro lugar. Íbamos a la Recoleta correntina y terminábamos en un hospital, en el cementerio, arriba de un carro o de un camión de basura, hablando de la vida de esa gente. Era una ruptura para la época.

Vos sabés que el branding es un concepto hoy más socializado, pero hace 25 años, cuando decías eso, ¿qué le pasaba a las empresas?

A mí me miraban raro. Me miraba raro incluso mi viejo.

Yo trabajaba en la empresa de mi padre. Empecé como cadete del cadete. Después me fui a estudiar y me hice muy amigo del equipo creativo de la agencia, especialmente de Cecilia Johnfield, que fue una maestra para mí.

Un día me pidió ayuda para una campaña. La armé y ella se la mostró a mi viejo sin decirle que era mía. A él le encantó. Cuando supo que la había hecho yo, cambió la forma en que me veía profesionalmente.

En esa época yo investigaba mucho. Había poco material y pocos cursos. Empecé a descubrir conceptos como marca e identidad visual, aunque yo no era diseñador ni lo soy hoy.

Lo que veía era que se venía una necesidad de identidad para las marcas. No solo una identidad visual, sino una identidad real. Siempre digo que las marcas tienen que transmitir un concepto humanizado. Si una marca no entiende que del otro lado hay personas, está en problemas.

Te voy a poner un aprieto, pero ¿qué marca para vos cumple? Y a ver si podemos entender el concepto muy fácilmente.

Hay muchas. A nivel internacional, Coca-Cola entendió durante mucho tiempo cómo construir eso.

Nosotros vivimos la guerra Coca-Cola versus Pepsi. Pero más allá de la competencia, eran marcas que se convertían en personajes. Generaban experiencias. Estaban presentes en la vida cotidiana.

Ahora pasa algo distinto. Esas marcas globales tienen que competir con lo artesanal y lo local. Les cuesta más ser cercanas. El triunfo de lo local tiene que ver justamente con esto: con interpretar mejor la vida cotidiana.

La marca tiene que ser individual. Cuando es demasiado global, deja escapar detalles que sí entiende mejor el chipacero de la esquina.

De todas maneras, radio, televisión, publicidad, producción. ¿En alguna de esas disciplinas sos más vos?

No. Creo que soy un poco de todo. En cada una de ellas hay una parte de mí.

Hoy hablaba con alguien que me decía: “No sé qué comunicar”. Y yo le respondía: “Yo tampoco”. Porque hoy uno tiene que ser muchas cosas al mismo tiempo.

Venimos de una época en la que uno era una sola cosa: el doctor, el abogado, el comerciante. Hoy eso ya no existe.

¿Qué es lo que tenemos hoy? ¿Qué es lo que tenemos que hacer hoy para comunicar? ¿Qué estamos comunicando?

Yo creo que hay que ser. Hay que ser uno mismo en cualquier plataforma.

Si me preguntás si tengo la fórmula, te diría que no. Me siento tan perdido como cualquiera. Pero sí creo que ya no sirven esas segmentaciones rígidas de antes: el target, el nivel socioeconómico, todo eso.

Hoy sos un montón de cosas al mismo tiempo. Y la gente termina entrando en tu vida. Además todo es efímero.

Por eso creo que cuanto más vos seas, mejor comunicás. Si sos periodista, conductor, asesor, cocinero, lo que sea, mostralo. Cuanto más auténtico seas, mejor.

¿Y alguna vez dijiste: esto ya no es lo mismo, me voy o esto ya no es lo mismo, trato de seguir?

No. Yo trato de seguir siempre.

A veces algunos piensan que ciertas cosas que hago tienen que ver con la nostalgia, especialmente con la música. Pero no me quedo en eso.

¿Y por qué lo hacés? Porque vos tenés una relación con los discos. 

Colecciono discos desde que soy muy chico. Siempre quise ser DJ. Ponía música en fiestas de amigos.

El vinilo, si no es nostalgia, ¿qué es?

El vinilo es mucho más que nostalgia. Hay mucha gente que va a esas noches y nunca vio un vinilo en su vida. Y se sorprende.

Creo que pasa algo parecido a lo que ocurre con los libros. Y estoy convencido de que algún día pasará también con los CDs.

El vinilo te permite disfrutar unos minutos sin estar mirando el teléfono. Eso ya es mágico.

Y además genera vínculos. Hoy compro discos y mi hija también. Tiene 21 años. Mi hijo menor también quiere escuchar música. Encontré un vehículo para comunicarme con ellos.

El vinilo, como el libro, tiene un valor enorme porque genera encuentros.

Vos escribís. ¿Por qué y para quién escribís? Y, ¿por qué no publicás lo que escribís?

¿Por qué escribo? Porque integro la última o penúltima camada de redactores publicitarios que se quedaron sin posibilidad de redactar.

Me quedaron muchas palabras colgadas.

La publicidad te obliga a buscar frases que generen algo en el otro. Entonces me pregunté cómo podía compartir cosas vividas que me marcaron y lograr que alguien se sintiera identificado aunque esa historia no fuera la suya. Creo que eso lo logré.

¿Por qué escribo? Por eso. ¿Para qué escribo? Para que pasen esas cosas.

¿Y por qué no publico? Por lo mismo que te decía al principio. Hay una parte de mí que muere de vergüenza. Que siente que quizá es una falta de respeto ocupar ciertos espacios.

Pero gente como vos me viene diciendo hace tiempo: “Dejate de joder y publicá”. También me lo dijo Leo Moglia muchas veces. Y bueno, capaz que algo hay.

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