Arq. Carlos M. Gómez Sierra
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La propuesta de la “ciudad de 15 minutos”, desarrollada por el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno, se ha consolidado en los últimos años como uno de los paradigmas más interesantes e influyentes del urbanismo contemporáneo.
Lejos de tratarse de un simple eslogan, el concepto plantea una reorganización de la ciudad a partir de la proximidad, la diversidad funcional y la recuperación del tiempo cotidiano como valor urbano. En esencia, propone que los habitantes puedan satisfacer sus principales necesidades -vivir, trabajar, abastecerse, educarse, cuidarse y recrearse- a una distancia máxima de quince minutos a pie desde sus hogares. Este enfoque, pensado inicialmente para grandes metrópolis como Paris, abre interrogantes cuando se lo analiza en ciudades como Corrientes, donde la escala, la morfología y las dinámicas históricas y sociales ofrecen tanto ventajas como desafíos específicos.
Moreno en su libro La revolución de la proximidad. De la “ciudad mundo” a la “ciudad de los quince minutos” (2020) define su propuesta estructurada a partir de cuatro principios: proximidad, diversidad, densidad adecuada y ubicuidad. No se trata de reducir la ciudad a compartimentos cerrados, sino de promover barrios completos, mixtos y activos, capaces de sostener una vida cotidiana más equilibrada y menos dependiente del automóvil. En este sentido, la propuesta dialoga con tradiciones teóricas previas -desde Jane Jacobs hasta Henri Lefebvre- que ya habían advertido sobre la importancia de la mezcla de usos, la vitalidad barrial y el derecho a una ciudad vivible. Moreno actualiza estas ideas en un contexto contemporáneo marcado por la crisis climática, la desigualdad territorial y la necesidad de reducir los desplazamientos y la movilidad vehicular.
En el caso de Corrientes, la hipótesis de la ciudad de 15 minutos no resulta ajena ni utópica. Por el contrario, su estructura histórica presenta condiciones que podrían facilitar, al menos parcialmente, su verificación. Corrientes no es una ciudad extensa en términos territoriales si se la compara con grandes metrópolis; su trama urbana, especialmente en las áreas consolidadas, mantiene una escala relativamente caminable, y muchos barrios tradicionales surgieron bajo lógicas de proximidad funcional. Escuelas primarias, comercios de cercanía, centros de salud barriales, plazas y equipamientos religiosos suelen encontrarse a distancias accesibles para buena parte de la población.
Sin embargo, esta potencialidad convive con procesos más recientes que tensionan el modelo. La expansión urbana de baja densidad y la localización periférica de nuevos desarrollos residenciales -loteos periurbanos y barrios cerrados- han reforzado una ciudad dependiente del automóvil y de otros medios de transporte motorizado. En estos sectores, la idea de acceder a los servicios básicos en quince minutos resulta difícil de verificar, no por una imposibilidad teórica, sino por decisiones urbanas que han fragmentado el territorio y concentrado funciones en áreas específicas.
Uno de los aportes centrales del enfoque de Moreno, e interesante para verificar en Corrientes, es que permite medir y evaluar la ciudad existente, más que imponer de manera cerrada un modelo externo. La ciudad de 15 minutos no exige grandes obras de infraestructura, sino una relectura del tejido urbano y una optimización de lo que ya existe. En barrios como Cambá Cuá, La Rosada u otros sectores tradicionales del centro y su primera periferia, la proximidad funcional es todavía una realidad tangible. Allí, la verificación del modelo podría realizarse mediante indicadores simples: tiempo real de acceso a escuelas, centros de salud, comercio cotidiano, espacios verdes y transporte público.
El mayor desafío para su verificación no está, por lo tanto, en el casco consolidado, sino en los sectores donde la ciudad se ha expandido hacia las periferias sin una planificación integral. En estos casos, la propuesta de la ciudad de 15 minutos puede operar más bien con un criterio basado en corregir lo existente: reintroducir equipamientos de cercanía, fomentar la mixtura de usos, densificar de manera equilibrada y mejorar la infraestructura peatonal. En una ciudad con condiciones climáticas exigentes como Corrientes, la caminabilidad no puede pensarse sin sombra, arbolado urbano, veredas continuas y espacios públicos confortables. Aquí, el modelo de Moreno se articula directamente con políticas ambientales y de adaptación climática.
Otro aspecto clave es el trabajo y la vida productiva. Moreno insiste en que la ciudad de 15 minutos no supone que todas las personas trabajen cerca de sus hogares, sino que el barrio ofrezca oportunidades diversas: coworkings, servicios, economía barrial, empleo local y conectividad digital. En Corrientes, donde el nivel de industrialización es bajo y el empleo se concentra en el sector público, el comercio y los servicios, existe una oportunidad para fortalecer economías de proximidad que reduzcan desplazamientos y reactiven la vida barrial.
Asimismo, la ciudad de 15 minutos invita a repensar el espacio público como infraestructura social. Plazas, veredas y parques no son solo lugares de tránsito o recreación, sino soportes fundamentales de la vida cotidiana. Corrientes posee un capital paisajístico excepcional -el río Paraná, la costanera, sus espacios verdes- que puede integrarse mejor a la lógica de proximidad, evitando que se conviertan en enclaves aislados o exclusivamente turísticos.
Finalmente, la verificación del modelo en Corrientes no debería entenderse como una aplicación rígida, sino como un proceso gradual y situado en base a sus condiciones preexistentes. No se trata de declarar a la ciudad “de 15 minutos”, sino de avanzar hacia una ciudad más próxima y más habitable, barrio por barrio. En este sentido, la propuesta de Carlos Moreno ofrece una herramienta conceptual poderosa para evaluar políticas urbanas, orientar inversiones públicas y reequilibrar una ciudad que, por escala y estructura, aún está a tiempo de evitar los problemas de las grandes metrópolis.
En conclusión, Corrientes posee condiciones favorables para ensayar y verificar, al menos parcialmente, el modelo de la ciudad de 15 minutos. Su tamaño, su historia urbana y su vida barrial constituyen una base sólida. El desafío radica en reconocer estas potencialidades, corregir las acciones fragmentarias y asumir la proximidad no como un eslogan o una receta, sino como un proyecto urbano integral que articule movilidad, espacio público, ambiente y equilibrio territorial.