Por Eduardo Ledesma
Versión gráfica: Belén Da Costa
Abogado, correntino y diplomático de carrera. Eduardo Varela recorrió el Servicio Exterior Argentino con destinos en China, Australia, Suiza, Italia y Egipto, fue jefe de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores y embajador en Egipto y Sudán. Hoy, jubilado de la diplomacia, mira a Corrientes desde afuera y se pregunta por qué una provincia fronteriza con condiciones excepcionales sigue hablando de sus ventajas geográficas como potencialidad y no como realidad concreta.
En este episodio hablamos de paradiplomacia, de la relación Milei-Lula y sus consecuencias regionales, y de qué puede hacer Corrientes en el mundo cuando la política exterior nacional toma otro rumbo.
Si yo te pregunto quién sos, ¿qué decís?
Soy un diplomático de carrera. Pero a lo mejor, antes que eso, soy el papá de Leandro y de María Paula y el abuelo de Valentino. Soy correntino, argentino, hincha de River.
Eduardo, después de tantos años en la diplomacia argentina y ahora con una mirada un poco más reposada y distante tal vez, ¿qué ves cuando miras a Corrientes en el mapa del mundo? ¿Estamos aprovechando realmente nuestra condición de provincia fronteriza?
Yo creo que se están haciendo esfuerzos valiosos.
El mundo está pasando un momento de zozobra. Desde que yo empecé a leer, a interesarme por temas de relaciones internacionales, hace 30, 40 años, cada vez que vos leés un análisis de la coyuntura de un académico, un analista, un especialista, siempre va a empezar diciendo que estamos en tiempos de incertidumbre.
De transición, que no sabemos. Eso es como una constante, porque siempre el presente es muy difícil de aprehender. Pasan muchas cosas, uno no tiene toda la información.
Por eso es tan difícil prever incluso eventos tan dramáticos como fue en su momento la caída del Muro, que no la vio nadie. Por eso se justifica ese tipo de aproximación cautelosa, que en esta coyuntura es particularmente pertinente, porque está cambiando todo a ojos vista. Se están rompiendo cosas y no está claro en qué termina todo esto.
En ese contexto, yo creo que sí, Corrientes tiene algunas características estructurales que le darían algún tipo de ventajas en términos de inserción internacional. Es la única provincia argentina que tiene límite con tres países. Está rodeada por dos ríos internacionales. Está en el corazón del Mercosur, corazón geográfico del Mercosur.
Tiene algunas obvias ventajas comparativas en sectores como energía, forestación y, bueno, se trata de poner en valor todo eso. Para lo cual, además de un esfuerzo privado, que se supone que hay que estimular o llamar, necesita también un cierto grado de articulación a nivel del gobierno.
Yo lo que había visto es que las competencias que tienen que ver con cuestiones internacionales estaban fragmentadas en distintas instancias del gobierno, distintos ministerios, distintos organismos.
¿Qué debería significar eso en la práctica y qué cosas concretas podría hacer la provincia y que hoy no hace?
Paradiplomacia es un concepto técnico que sería la diplomacia a nivel subnacional.
Es decir, la política exterior, en nuestra organización constitucional, es competencia exclusiva del Gobierno federal. Pero el artículo 124 de la Constitución Nacional prevé la posibilidad de que las provincias ejerzan funciones de paradiplomacia. No lo dice así la Constitución, pero, de nuevo, es el concepto técnico.
Entre otras cosas, permite acuerdos internacionales que estén en línea con la política del Gobierno nacional y acuerdos regionales.
Yo creo que Corrientes venía siendo. Todas las provincias hacen paradiplomacia, que es cuando hacen, por ejemplo, promoción de inversiones, promoción del comercio exterior, de las exportaciones.
También es paradiplomacia lo que se puede hacer, o paradiplomacia indirecta, lo que los representantes de la provincia en el Congreso Nacional discuten cuando tienen que aprobar acuerdos internacionales, cuando tienen que decidir en el Senado, por ejemplo, dar acuerdo a embajadores o a las promociones del Servicio Exterior.
Es decir, la provincia tiene una serie de instrumentos a disposición y la cuestión es tratar de sacarles el mayor provecho posible en función de objetivos claros.
¿Y eso tiene un límite? ¿Se sabe dónde termina la paradiplomacia y dónde comienza la política exterior de la Nación?
Supongo que hay zonas grises. Debería estar claro a partir de la lectura y la interpretación de la Constitución Nacional qué cosas pueden y no pueden, pero seguramente hay zonas grises.
Es cuestión de explorarlas. Hasta dónde uno puede llegar.
Yo creo que la provincia es bastante activa. Yo recientemente vi una entrevista que hacías vos a la ministra de Producción, y hay mucha actividad con embajadas extranjeras. Eso me parece que está bueno.
De hecho, mientras estamos grabando esta entrevista, en esta misma semana estuvieron tres embajadores: la Unión Europea, China y Turquía. Y habíamos hecho la semana anterior, se había comunicado un acuerdo con la India para exportar yerba con denominación de origen. Y el gobernador anterior estuvo en China.
¿Puede, según tu mirada, convertirse esta herramienta en una herramienta estratégica para la inserción internacional o existe un riesgo de que sea una burocracia más?
Yo lo que veía es esa dispersión que te había empezado a hablar y, además, me parecía que faltaba una visión estratégica de cómo insertarse en el mundo.
Que había muchas acciones aisladas. Yo, por lo menos, no lo veía ahí un programa, un proyecto.
¿Qué tiene que tener? ¿Qué características?
Un proyecto tiene que tener una clara definición de cuáles son tus necesidades y dónde ir y qué hacer para satisfacer esas necesidades.
Básicamente es, de nuevo, promoción. Porque, digamos, la gran política no podemos arreglar la relación con Brasil por lo que hace Milei, pero sí podemos hacer esas cosas: promover nuestra producción, atraer inversiones.
Yo creo que eso sería central en cualquier plan o estrategia de inserción internacional. Saber qué es lo que necesitás y dónde ir a buscarlo.
Entonces, si nosotros tuviéramos que diseñar hoy una agenda internacional para Corrientes, ¿cuáles serían los objetivos prioritarios? En términos de países, Brasil, Paraguay, Uruguay. ¿Es el comercio? ¿Es ir a buscar inversión? ¿Es infraestructura, energía, hidrovía, turismo, todo junto?
Todas esas son necesidades y hay que establecer prioridades. Eso, bueno, es una decisión política. Yo no tengo todo el mapa en la cabeza, pero pasa por ahí.
Después, obviamente, lo que tenemos más a mano son los países vecinos, que además con Paraguay, con Brasil, con Uruguay, estamos unidos en el Mercosur.
Aprovechar integralmente el Mercosur y después está muy bien salir a buscar dónde está la fuente de los grandes destinos del comercio exterior, como India, como China, y de donde pueden venir los capitales.
Es eso lo que habría que meter en ese plan.
Pero hay otro aspecto de la cuestión. Una cosa que vendría a solucionar la agencia es que tiene el mandato de hacer un plan de desarrollo. Y el otro es esta función de articular todo lo que tenga que ver con la política exterior de la provincia en una instancia.
El tema que yo veo ahí es que es una originalidad de Corrientes, hasta donde yo puedo ver, porque este tipo de entes autárquicos existen en otras provincias, pero están focalizados solo en la promoción del comercio y de inversiones, como Córdoba, ProCórdoba, ProMendoza, Santa Fe Global. Acá teníamos Corrientes Exporta.
Esta agencia es mucho más ambiciosa. Tiene funciones de definir y ejecutar la política exterior de la provincia, o algo así, las relaciones internacionales, creo que dice. Eso la distingue de otros organismos similares que hay en provincias.
Y el otro elemento es que es una institución, es un ente autárquico. O sea, que no está integrado a lo orgánico del gobierno.
Entonces, el otro desafío es ver cómo se va a articular con los ministerios, con las secretarías. No sé hasta dónde han avanzado con eso.
¿Por qué nosotros seguimos hablando de nuestra ubicación geográfica como una potencialidad y no como una ventaja económica ya consolidada?
Porque siempre va a haber cosas para hacer. Me parece que no se agota lo potencial. Siempre va a estar, porque siempre va a haber más cosas para hacer.
¿Pero cuesta también ver el beneficio de una cosa que ya esté produciendo? ¿Mejoraron nuestras relaciones con nuestros vecinos, mejoró nuestro comercio, mejoró o es siempre una promesa?
Habría que ver la serie. No sé, no te puedo responder a eso. Yo sospecho que hay progresos.
Se me ocurre en áreas como turismo. Me parece que uno lo ve. Yo no vivo en Corrientes, como sabemos, pero vengo regularmente y siempre ve brasileros y paraguayos.
Sospecho que esa es una de las áreas donde algo concreto se va a ir viendo.
¿Qué margen tiene Corrientes ahí para reclamar, negociar en un asunto que le corresponde a la Nación?
Esa no es una zona gris. Es claramente una función del Gobierno nacional definir los límites.
Pero acá el límite estaría definido. Hay un acuerdo internacional del siglo pasado. El tema es la demarcación, que también es potestad del Gobierno nacional.
Entonces, lo que le queda al gobierno provincial y a la provincia, a las fuerzas vivas, como se dice, es presionar al Gobierno nacional.
Yo entiendo que eso se viene haciendo consistentemente. No parece haber respuesta del Gobierno nacional. Pero hay que insistir.
Yo creo que hay que movilizar otras fuerzas, como los medios, la academia. Tiene que haber algo que estimule al Gobierno nacional a mirar este tema, que tiene su importancia, definitivamente es muy importante, más allá de la coyuntura de Corrientes.
Aparte, como decís, cuando vos estás haciendo esfuerzos de cooperación y de acercamiento es un tema que permanece sin resolver y tiene potencial de dividir, de generar tensiones.
Esto debería ser una agencia que sobreviva el mandato de un gobernador, que esté por encima de esos vaivenes políticos.
Y debería ser. En todo caso, lo que se necesita, yo creo, es una instancia que puede ser esta u otra que se ocupe de articular, de coordinar todo lo que tenga que ver con relaciones con el exterior para evitar superposiciones, para generar sinergias.
Otros temas importantes son, por ejemplo, las comisiones de los ríos, la CARU, la CIC, que Corrientes… Eso también es del Gobierno nacional, pero las provincias ribereñas participan en la delegación.
¿Qué consecuencias puede tener para Corrientes que la relación entre el presidente nuestro y el presidente vecino con el cual nosotros queremos tener relación atraviese un momento de alta tensión?
No es bueno que haya una mala relación entre los gobiernos, porque más allá de lo que se diga, que es una cuestión personal, es el presidente. Entonces, bueno, es el gobierno.
Sobre todo porque la relación entre los presidentes suele ser muy importante para solucionar problemas serios. La diplomacia de la cumbre, digamos, que es muy común en estos tiempos.
Temas que no se pueden resolver y que solo encuentran la llave en la instancia superior.
Eso estaría bloqueado aparentemente. Como vos decís, no hay voluntad de escalar, al contrario, de los dos lados.
Pero bueno, muy difícilmente vamos a ver… No, nunca se sabe. Pero lo que uno puede decir es que va a ser siempre complicado un diálogo directo entre los dos presidentes.
Pero bueno, se pueden hacer cosas a nivel subnacional.
¿La provincia puede o la provincia debe hacer su propia política y tratar de generar esto que vos decís?
Yo creo que sí, porque la relación con Brasil, más allá de este chisporroteo, sigue siendo fundamental para la Argentina y para Brasil es fundamental también la relación con Argentina.
A ese nivel, en el nivel de integración, de acercamiento, de cooperación estructural entre los dos países, estos chisporroteos no alcanzan a alterar.
Vamos a suponer que el Gobierno argentino, el Gobierno nacional, decide romper con Brasil cuando, a luz vista, para nosotros es sumamente necesario generar esa integración. ¿Y ahí en qué situación nos pone?
Si rompemos relaciones con Brasil, que es un escenario yo diría ya no improbable, yo diría imposible. Eso no va a suceder.
Pero sí, la política exterior la maneja el Gobierno nacional. Si el Gobierno nacional decide “con estos tipos yo no quiero saber nada”, bueno, afecta también a la provincia. Pero no es el caso.
Recibe muchas críticas, el Servicio Exterior, la Cancillería, la política exterior del Gobierno nacional. ¿Eso es política o hay elementos como para decir “no sé si está funcionando tan bien nuestro sistema diplomático”?
El sistema diplomático funciona. Es un instrumento al servicio del Gobierno nacional legítimo, que es el caso.
Yo te digo lo que me pasa. Yo tengo muchos años en el Servicio Exterior. Yo fui educado con una cierta visión del mundo. Mi cerebro fue formateado con una cierta visión, con unos ciertos valores y una cierta lectura de lo internacional, que tenía que ver con un orden basado en reglas, el multilateralismo, los derechos humanos, el sistema de seguridad colectiva.
Todo eso se está destruyendo. Y la política del gobierno es reactiva a muchos de esos valores y principios en los que yo me formé.
Ahora, el mundo también está cambiando, lo que hablábamos al principio. Entonces, yo con mi formato histórico, a mí muchas cosas me parecen muy mal y muy criticables, pero, por otro lado, también me puedo cuestionar: ¿tengo razón o la verdad la cosa va por este otro lado?
Uno puede decir: “La política exterior, como dicen muchos, incluso muchos colegas o colegas retirados también que son muy vocales, no hay política exterior porque hacemos lo que quiere Estados Unidos e Israel”. Bueno, pero tan mal no le va al gobierno con Estados Unidos, sobre todo.
Consiguió el swap ese que lo salvó de una situación muy crítica, consiguió un fallo, se supone, favorable en el tema YPF.
No sé. Si yo lo tengo que juzgar por los valores que yo tengo incorporados, soy muy crítico de la política exterior, pero también dejo un espacio para la duda de que a lo mejor hay algo de esto que va por el camino que marca el contexto internacional tan cambiante.