Cantante, guitarrista, productor y gestor cultural. Santiago Sheridan creció dentro de una familia que es historia viva del chamamé. Integra el Quinteto Cocomarola, produce espectáculos, peñas y giras, y lleva años trabajando junto a su padre, el “Bocha” Sheridan.
En este episodio hablamos de legado y de identidad propia, de lo que significa crecer rodeado de los grandes del género y tener que construir después un nombre propio. Y también de algo más personal: la fe, la familia y la pregunta sobre qué quiere dejar Santi Sheridan cuando el apellido ya no alcance para explicarlo.
Santi, si yo te pregunto quién sos, ¿qué me decís?
Soy un afortunado de la vida, esa es la verdad. Esa es la primera frase que se me ocurre en esto porque nací en un seno familiar bien constituido, tengo un padre que es un mentor y un guía no solamente cultural, sino también de la vida, y hoy ya conformando mi familia y también llevando mi camino como punta de lanza. Así que la verdad que no puedo pedir a veces más porque tengo todo lo que quiero y quiero todo lo que tengo también.
Vos naciste en Asunción, pero si mal no tengo entendido, muy temprano, a los 8 meses ya llegaste acá. Tu padre volvía para formar el Grupo Reencuentro. Toda esto después de una historia muy fuerte que involucra a la familia Sheridan. La pregunta es ¿cuánto de tu identidad se construye y se construyó en esas dos orillas, el Paraguay y Corrientes?
Sí, realmente a veces, como una vez decía este gran artista y amigo Coqui Ortiz, la geografía limita quizás, geográficamente hablando, a naciones, a provincias, a territorios. Pero la cultura, las costumbres, las cosas que a veces nos arraigan y que nos pertenecen realmente nos hace propio de una sola región, a pesar de los límites geográficos.
Así que siendo de Paraguay, nacido allá, pero con madre de allá y con padre de acá, realmente hay una simbiosis en la cultura. Ahí se diluye el límite.
Esa es un poco también la cruza que venimos de hace mucho tiempo. Se arraiga y se manifiesta también a través de esa posibilidad que tuvo el Bocha de ir a conocer y conseguir una compañera, en realidad por cosas de la vida nomás. Y ahí vinimos nosotros.
Tu infancia es bastante extraordinaria, en tu casa las reuniones familiares podían convertirse en una peña, donde estaban Chacho Ruiz Guiñazu, Pocholo Airé y otros nombres que son muy grandes para la historia del chamamé. Entonces, ¿en qué momento vos te diste cuenta de que esas personas que estaban ahí naturalmente en tu casa eran parte de la historia grande del chamamé, que vos estabas asistiendo a una cosa que no es común para cualquier niño de Corrientes, ¿no?
Ni hablar. El Bocha, le digo yo siempre hablando de papá, limita, la casa paterna donde yo me crié, con la casa que era del Gringo. En esa época Invico entregaba las casas ahí en el barrio Pirayuí y obviamente entregaba sin medianera.
Al estar en esa situación, el fondo de la casa, por ejemplo, donde era la parte donde se hacían los asados y demás, tenía un alambrado que en su momento se cortó y era permanentemente un solo patio. Entonces, desde ahí, compartir ya con mis tíos. El Gringo vivía al lado, Michel vivía haciendo cruz con la casa de papá también.
Uno dimensiona a veces cuando ve los registros, porque gracias a Dios hay registros, hay grabaciones donde está Isaco, Chacho, Antonio, están grandes artistas de nuestra música y también ahí la familia compartiendo.
Y ellos siempre tuvieron esa particularidad. Desde ahí viene también el nacimiento de Reencuentro y ese un poco era el fundamento del grupo. Porque imaginate, el Bocha vivió 10 años en Paraguay y cuando viene era todo una sensación de reencuentro. Entonces, no es solo un nombre. Hay un trasfondo y ese trasfondo no solamente lo llevaban al escenario, a los discos. Ese trasfondo era convivir diariamente en estas reuniones, en estas situaciones, donde obviamente el que estaba de paso o el que estaba a mano o el que normalmente estaba en contacto cercano con la familia, siempre compartía con nosotros.
Vos sos hijo del Bocha Sheridan y eso que me dijiste recién es un privilegio y al mismo tiempo es una responsabilidad. ¿Alguna vez sentiste que el apellido Sheridan era una mochila? ¿Tuviste que demostrar que Santi Sheridan podía y puede ser algo más que el hijo del Bocha?
Es parte de la vida también. Hay situaciones y momentos donde uno siente esa mochila quizás más pesada, porque tener una mochila no está mal. Hay por ahí ciertos tabúes que se manejan y donde creer que tener una mochila es una carga pesada e indeseada para llevarla.
Uno cuando va al colegio lleva la mochila para aprender, a llevar todo lo que pueda llevar, hasta juguetes en la primaria llevábamos. Entonces, tiene que entender el significado también de eso.
¿Y cuándo lo entendiste vos?
Hay cosas que por ahí suceden cuando primero empezás los primeros pasos, cuando arrancamos. Ahí un poco se hace pesada la mochila, ¿por qué? Porque de llevar nada a cargar una mochila, obviamente hay un cambio importante.
Además, te están mirando con un espejo grande. Y cuando uno empieza a llevar la mochila cómodamente es cuando entiende también que las cosas que están adentro de esa mochila sirven para enriquecerte, para aprender, para identificarte, para realmente ser uno mismo también.
Vos tuviste una adolescencia bastante alejada del estereotipo del músico, porque hay fútbol, hay amigos, hay vacaciones en Asunción, está el campo de Mercedes. ¿Qué te dio el deporte, otro país, el campo, la vida en el barrio, como contaste recién, y que después llevaste a la música?
La verdad que muchas cosas aprendimos. Digo aprendimos porque siempre nosotros nos manejamos en manada. Como somos seis hermanos, tres mujeres y tres varones, por lo menos con Pablo, que es el que me sigue, nos manejábamos bastante en manada.
Cuando íbamos a Asunción con la familia, íbamos a quedarnos en la casa de mi abuela, donde ahí nos quedamos, para mí una semana capaz que era como un mes, o capaz que nos quedábamos un mes realmente. Dimensiones del tiempo real no lo tenía, pero sí que la pasábamos bien, que no solamente íbamos a disfrutar, sino también íbamos a trabajar, porque mi abuela con mi abuelo siempre tuvieron empresa de distribuciones. En su momento también colaboramos a modo de juego, porque eso hace también a las cosas un poquito más divertidas en esa época, en esa etapa.
Entonces, aprendí a trabajar en Asunción, aprendí a disfrutar. El deporte me enseñó obviamente la disciplina de que el entrenamiento en sí es una condición, pero es un disfrute también, porque uno cuando hace lo que ama, a pesar de no tener ganas, es necesario para formarnos.
Y el campo ya con una situación propia de los gustos también y de la edad.
A vos te llevó incluso a estudiar veterinaria, estudiaste mucho veterinaria.
Exacto. Sí, estudié cuatro años, después por cuestiones de la vida tuve que dejarla.
¿Y qué buscabas ahí en la veterinaria, porque te gusta el campo? ¿Querías ver los animales?
Sí, primeramente buscaba tener un sustento cuando no tenía nada definido en cuestiones de perspectivas hacia lo que iba a hacer a futuro.
Entonces, como todo hijo que trata de hacer caso a sus padres, intenta ceder el gusto. No es que cedí el gusto, hice lo que quise también, desde ese punto.
Pero bueno, hay un sentido común familiar en la Argentina diría yo, que es por la educación, ¿no?
Uno también necesita formarse y no solamente en un país como este en el que vivimos, sino para estar preparado.
¿Recordás el momento exacto en el que dejaste de ser el hijo de un músico y empezaste a sentirte vos mismo como un músico?
Creo que eso en parte también va de la mano con el reconocimiento de la gente.
Yo siempre digo y voy a decir, tengo el mejor jefe del mundo. ¿Por qué? Porque es un hombre que sabe entender los tiempos, que trabaja con libertad y a su vez transmite esa libertad. Entonces, da la oportunidad para que uno también se desarrolle en esto que hacemos, en la música, en la profesión.
Y si uno va tomando, hoy a veces digo: "¿De dónde saqué esto? ¿De dónde saqué esto otro?". Y bueno, recapitulo un poco, hago memoria y entiendo que es la transmisión de mi mentor, de mi formador en esta profesión, que es papá.
Y de ahí entiendo también que cuando uno ya la posta la agarró y ya se hizo una cuestión natural, ahí entiendo que también ya mi parte está empezando, que uno por ahí cronológicamente lo lleva al tiempo.
Yo recuerdo el otro día hacíamos memoria con papá porque me dice: "¿Te acordás de fulano de tal que fuimos, que estuvimos?". "Mirá, la verdad", le digo, "papá, yo no recuerdo, pero seguramente en esa época yo estaba de peón nomás", que era recibir la orden e ir a donde teníamos que ir.
Y uno cuando está en esa tampoco tiene todas las luces prendidas para decir: estuve con Eduardo, estuvimos a tal lado. Después de un tiempo hasta esta parte pasa que yo le recalco a él las personas con las que estuvimos. Entonces, ahí se transforma en una cuestión natural también.
Vos además de músico sos productor, gestor, tenés experiencia en eso. ¿Descubriste que podés aportar a la cultura arriba del escenario, pero también abajo, detrás?
Sí.
¿Y te gusta también eso?
Sí, hay facetas que vamos aprendiendo, no porque a veces estemos preparados, sino porque nos tenemos que preparar, y cuando nos preparamos nos preparamos en el camino.
El músico correntino no solamente tiene que ser músico, tiene que ser productor, tiene que ser entrevistador, tiene que ser comerciante, tiene que tener una cantidad de facetas.
Yo en parte aprendí de papá y otra parte también es lo que traigo y es lo que aprendo de las demás personas que están alrededor ayudando y colaborando.
Siempre, desde donde lo hacemos, entendemos que podemos aportar. Yo desde lo musical tengo quizás una limitación en el sentido de que no tengo quizás la paciencia como para estar 10 horas con el instrumento, pero sí quizás como para armar producciones y estar
El chamamé fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2020. Pero esa declaración no garantiza nada. ¿Qué crees vos que tenemos que hacer hoy para que el chamamé no sea solamente una tradición que se celebra, sino una música que los jóvenes realmente quieran tocar, escuchar y sobre todo transformar, hacer evolucionar?
Hay una línea tan delgada en esa situación, porque creer que cuando nos convertimos en Patrimonio Cultural de la Humanidad creemos que la situación es más comercial que cultural. Entonces, desde ese lugar está nuestro error y está la posibilidad de siquiera perder también, porque hay fundamentos que te dan o que te quitan la posibilidad de mantener eso.
Nosotros, si lo hacemos desde cómo se conformó nuestra música hasta dónde llegó, no solamente por la música, por el baile también, hay unas cuestiones muy importantes en cuanto a lo que encierra el chamamé.
El chamamé no es solamente música. Bien decía Julián Zini que es nuestra forma de ser, nuestro modo de ser, que es el ñande reko, como decía él.
Pero si nosotros no cuidamos eso, si apuntamos más a lo comercial, si vemos la veta desde un lugar un poco más como un producto que se pueda vender y no que se pueda sostener culturalmente, yo creo que ahí lo vamos a perder.