Por Eduardo Ledesma
Versión gráfica: Belén Da Costa
Cantante, guitarrista y compositor. Marcelo Roselli Majul fundó Los Alonsitos en 1985 cuando todavía era un niño, y desde entonces su vida entera quedó ligada a esa formación. Cuarenta años después, el grupo acumula más de una docena de discos, los reconocimientos de Cosquín y escenarios en Argentina, Latinoamérica y Estados Unidos.
En este episodio no hablamos solo del éxito: hablamos de lo que se sacrifica para llegar, de cómo se sostiene durante cuatro décadas una convivencia artística entre hermanos y amigos, y de una pregunta que pocas veces se hace: ¿Quién es Marcelo Roselli sin Los Alonsitos?
Si yo te pregunto quién sos, ¿vos qué me decís?
Uh, qué difícil. No sabía que venía con tanta profundidad. No sé, yo soy un agradecido a la vida, un enamorado de la posibilidad que tuve de vivir de lo que amo en un país donde cuesta tanto que uno pueda desarrollarse como persona y mantener a su familia haciendo lo que a uno le gusta. Somos muy pocos, creo yo.
Además, si te gusta la música, que es como un adicional. Música, deporte, fútbol, arte, lo que te guste. Es muy difícil porque muchas veces tenés que aprender otro oficio o estudiar algo que no te gusta porque sabés que con eso vas a poder trabajar, sustentar tus necesidades.
A nosotros se nos dio todo desde muy chicos y jugando. Con Los Alonsitos, en el año 85, yo tenía 11 años y Ariel y Marco, 8 y 9. Luis tenía nueve. Luis no es el iniciador de Los Alonsitos, eso es algo que debo corregirte.
Marco, Ariel y yo comenzamos Los Alonsitos el 3 de mayo del 85 y Luis se sumó para octubre. Ahí lo vimos tocando con su guitarra en el Colegio Salesiano, cantando solo. Nosotros éramos dos acordeones y una guitarra; nos faltaba un guitarrero.
Le propusimos y le encantó, más al papá que a él: a Roberto Moulin, que es súper chamamecero y tradicionalista. Rapidísimo se incorporó. Entonces Luis empezó a caminar con nosotros desde octubre del año 85 hasta que cumplimos 25 años. Luis anduvo 25 años con nosotros y ahora estamos recorriendo los 41 años, o sea que hace 16 que también se bajó del barco.
¿Qué recordás vos de ese niño? De aquel Marcelo, de los primeros ensayos.
Fui jurado del Interbarrios hace unos días con Marco y veía a los papás con los instrumentos, a los chicos llevándolos con esas ansiedades y con ganas de subir al escenario. Me veía ahí, nos veía cuando andaba mi papá, mi mamá, Carlitos Báez, llevándonos el acordeón. Tengo esos recuerdos de niños, que para nosotros era un juego.
Yo hoy veo otras ansiedades. Se lo he dicho ahí a los padres: a veces los padres les cargan ansiedades a los hijos en la música, en el deporte. Los acompañan y tienen una necesidad de que llegue rápido, y eso le pone al niño una mochila que tiene un peso.
Los primeros escenarios eran el Colegio Salesiano, los compañeritos, los compañeros que jugaban al fútbol en el Club Huracán, el Interbarrios. Pero siempre fue un juego. Nosotros éramos medio inconscientes y desfachatados porque subíamos al escenario, sabíamos tres temas y hacíamos un show de 50 minutos con tres temas. Decíamos “a pedido del público” y tocábamos tres veces un tema.
Éramos caraduras y también la gente veía niños. No había chicos en la música en ese momento, era algo raro, era gracioso. Todo lo que hiciéramos, así pifiáramos, la gente nos aplaudía.
Te termina frustrando. Yo eso le decía a algunos papás en el Interbarrios: “Tranquilos, que lo disfrute. Va a querer tocar el acordeón, va a querer tocar la guitarra, va a querer jugar al fútbol, va a querer hacer piano, va a querer hacer zapateo, va a querer hacer tenis, va a querer hacer una cantidad de cosas, pero lo importante es que vos estés, lo acompañes, lo lleves”.
Ahora le dije: no le compres el piano, no le compres todas las cosas que te va a pedir porque te vas a enloquecer. Acompañalo, seguilo.
¿Qué parte de esa historia que no conoce el público y que fue sacrificio, fue otra cosa?
De sacrificio sigue habiendo. No todo es el escenario, esa hora, los aplausos, la foto, el autógrafo. En esa época se usaba mucho el autógrafo, hoy es la selfie. La selfie reemplazó a la firma.
La semana está cargada de cosas. Nosotros entendimos eso desde chiquitos, gracias a nuestros padres: que era trabajo, que era ensayo. Nosotros trabajamos toda la semana para esa hora del show. Entendimos que Los Alonsitos era nuestra empresa, nuestro negocio.
Hoy algunos tenemos otras actividades porque hemos decidido tener otra actividad y hemos tomado con mucha más calma la actividad artística.
Estamos viajando menos por elección y haciendo otras cosas porque nos gusta. Ariel es viceintendente de la ciudad, fue diputado. Marco tiene un pub en la costanera, Piba. Yo estoy ayudando a mi hija y a su pareja en la administración de unos negocios y lo hago porque me gusta. Estoy en una oficina, algo que no hice en toda la vida. Mi vida siempre fue afuera, viajando, y ahora hago horario comercial.
Obviamente, nosotros nos perdimos una cantidad de cosas de la niñez y de la adolescencia. A veces hemos hecho locuras por venir a un boliche, a una fiesta de 15 o a una fiesta de fin de año con los chicos después de tocar.
Llevábamos a un amigo, por ejemplo, a estar en el festival de la Chaya en La Rioja. Lo hacíamos dormir todo el día para que, ni bien tocáramos, pudiéramos agarrar el auto y venir para llegar a las 5 o 4 de la mañana. Recordemos que las fiestas antes duraban hasta más tarde: 6, 7, 8 de la mañana. Entonces, si llegábamos a las 4 o 5, estábamos en la frutillita de la fiesta.
Hemos hecho locuras, manejar toda la noche y a velocidades, porque nos perdimos esa parte de la adolescencia. Nos perdimos muchos cumpleaños de 15 y, para un chico de 15, 16, 17, 18 años, nos perdimos esa adolescencia.
Nos perdimos los viajes que hacés con tus amigos, esas vacaciones de verano. Nosotros empezamos a tener ahora, en los últimos años, la posibilidad de irnos de vacaciones en enero o febrero: decir “15 días en enero no trabajemos, nos vamos”.
Porque encima es la temporada alta, digamos, ¿no?
Es la temporada alta. Si vos decís “yo no trabajo 15 días”, para Los Alonsitos es decir “no voy a seis, siete festivales”. Es mucho.
Hoy lo hacemos. Decidimos no tocar en esos festivales, pero también nos podemos dar el lujo de hacerlo.
Estoy pensando en que esa disciplina y también esos excesos, digamos, pueden costar, de hecho a muchos artistas les costó caro, ¿no?
Por supuesto, una cantidad ha quedado en accidentes trágicos en el camino.
Y entonces entiendo también que a los padres a los que vos le estás hablando hoy, le estás hablando desde un lugar de conocimiento.
Sí. Uno no quiere ponerse en el pedestal de dar consejos. Quiero contarles mi experiencia y que ellos decidan.
¿El grupo sentís que le hizo crecer más rápido?
Sí, totalmente. Nosotros a los 16, 17 años estábamos firmando contratos con discográficas, con representantes, decidiendo que queríamos vivir en Corrientes porque la compañía nos presionaba para ir a vivir a Buenos Aires.
Eso es algo que nosotros nunca cedimos. Dijimos: “No, si hay que ir a Buenos Aires y estar 15 días allá o hay que ir, estar 48 horas trabajando y volver a Corrientes”, nosotros siempre decidimos vivir en Corrientes.
Nunca decidimos irnos. Te doy ejemplos: Los Nocheros en mucho tiempo vivieron en Córdoba, vivieron en Buenos Aires; Los Tekis se mudaron a Córdoba; Soledad se mudó a Buenos Aires. Te estoy diciendo nuestros contemporáneos, que hoy siguen. Hoy todos están viviendo en Salta, en Jujuy, en Santa Fe, todos volvieron.
Y nosotros nunca nos fuimos de Corrientes.
¿Qué aprendieron a perdonarse ustedes para seguir juntos, por Los Alonsitos?
Nosotros con Los Alonsitos tenemos una forma muy ácida de bromear, pero entiendo que es algo interno que funciona en nosotros. No sé si funcionaría en otro grupo. Las bromas, las cargadas, pero también sabemos cuándo el otro está torcido o sabemos cuándo se levanta hasta dos horas después con aquel, no; o con el tema de la guita, con ese no se jode; o con la comida, con aquel no se jode.
Sabemos los límites de cada uno, pero también hemos empujado esos límites y hemos tenido problemas como todos. Los hemos sabido llevar adelante.
Nos conocemos desde muy chiquitos y tenemos una relación que yo digo que son amigos-hermanos, hermano-amigo, y hemos salido adelante.
Cuando Luis se tuvo que ir, también se fue bien. Nunca tuvimos ningún problema con él. Arreglamos toda la parte. Fue un golpe, un cimbronazo, desde lo anímico sobre todo.
Nosotros pensábamos, porque en ese momento éramos los cuatro y todos teníamos el sueño, que queríamos llegar a 50 años, hacer la despedida, como Los Chalchaleros. Pero eso nunca se dio con los cuatro. Con Ariel y con Marco ya estamos ahí, cerca de los 50 años de carrera, pero tampoco pensamos en esa despedida como hicieron Los Chalchaleros.
Estamos disfrutando mucho el escenario, mucho de ese momento.
Si bien ahora ya no viajamos con toda la banda, tenemos un micro de gira, ya vamos los tres y vamos más sobre la hora de la tocada. Después de tocar nos quedamos a dormir y volvemos al otro día.
Para nosotros los viajes, en la adolescencia y después un poco más grandes, eran viajes que se disfrutaban mucho porque eran viajes entre amigos.
Hablando de Los Alonsitos, cuando toman una canción, ¿cómo se construye el arreglo? ¿Quién lo propone? ¿Quién discute? ¿Quién cede? Y ¿cuándo sucedió que ese sonido que hoy escuchamos es el sonido de ustedes?
Es trabajo. Llevó un tiempo.
Al principio agarrábamos canciones y solamente las acompañábamos con esos instrumentos que te nombré. Después empezamos a querer darle nuestra impronta y las cosas que nos gustaban a nosotros de esos instrumentos que habíamos incorporado.
Hoy agarramos una canción e intentamos, si bien agarramos una versión, que la canción no pierda el espíritu del compositor. Si la canción es nuestra, la hacemos como nos nace hacerla.
Nosotros logramos una muy buena versión de El cielo de Mantilla, por ejemplo, que debe tener 200 o 500 versiones. Si vos agarrás El cielo de Mantilla y el que está escuchando no reconoce El cielo de Mantilla de Teresa Parodi, me parece que uno está equivocado.
Yo creo que en nuestra versión se reconoce El cielo de Mantilla que la gente tiene en el oído y en el gusto, pero hemos logrado una versión distinta.
Por ahí pasa nuestra búsqueda: que no pierda el espíritu con el que fue concebido, pero que suene a Los Alonsitos.
Es muy difícil poner en palabras cómo lo hacemos porque es algo que lleva tiempo: dos, tres, cuatro, cinco ensayos. Después decimos: “Sí, está la canción”. La tocamos en el escenario y después pasa un tiempo y encontramos la vueltita que le faltaba.