Ni la marquesina más iluminada ni el aplauso más largo alcanzan hoy para llenar el vacío que dejó la muerte de Dorita Burgos. Este fin de semana, la figura de la vedette, actriz, cantante y bailarina de 91 años que conquistó teatros, cines y hogares argentinos, se despidió para siempre del plano terrenal, dejando tras de sí una estela de talento, humor y elegancia. La noticia, confirmada por la Asociación Argentina de Actores, atravesó el mundo artístico y despertó homenajes y recuerdos de quienes alguna vez compartieron escenario, set o camarín con ella.
“Con profundo pesar despedimos a la actriz y vedette Dorita Burgos, histórica figura del teatro de revista, el cine y la televisión argentina. Acompañamos en este doloroso momento a sus familiares, amistades y seres queridos”, escribió la entidad, quien le dio un último adiós a la artista en las redes sociales como en su sitio web.
Detrás de su nombre artístico se encontraba Dora Mabel Pietrantueno, nacida el 22 de agosto de 1935 en Buenos Aires. Su historia es la de una artista que cruzó todos los géneros: actriz, vedette, cantante, bailarina y animadora. En la década del 60, se convirtió en una de las figuras más populares y queridas del teatro de revista, compartiendo escena con leyendas como Nélida Roca, Juanita Martínez, Norma y Mimí Pons, Ethel Rojo, Thelma del Río, Susana Brunetti y Maruja Montes.
El brillo de Burgos no se reducía al esplendor de las plumas y las lentejuelas. Su presencia escénica era arrolladora y su versatilidad la llevó a destacarse también como actriz de comedia, ganándose el cariño del público y el respeto de sus colegas. Supo ser protagonista en una época de oro, donde la revista porteña marcaba tendencia y las marquesinas de la avenida Corrientes eran terreno de grandes divas.
A lo largo de su carrera pisó los escenarios más emblemáticos del país: Maipo, El Nacional, Tabarís y Cómico. Allí, compartió cartel con Pepe Arias, Niní Marshall, Tato Bores, Mirtha Legrand, Alfredo Barbieri, Pedro Quartucci, Adolfo Stray, Egle Martin y Juan Carlos Mareco, entre otros grandes nombres del espectáculo argentino. Entre los espectáculos de los que formó parte se cuentan títulos como Ni Militar, ni Marino… El Presidente Argentino, Nerón cumple, Hay que cambiar los botones…!, Calma… Calma… Cada Cual Tendrá Su… Impala, Lo que no se ve en TV, se ve en el Maipo y ¡Chorros de petróleo!.
La lista de obras suma también piezas como Volverán las oscuras golondrinas, Buenos Aires de seda y percal, Escándalo en Mar del Plata, Vos que lo tenés, cuidalo, Los coristas rebeldes, Ritmo, turismo y nudismo, Arriba las polleras, Mujeres 100%, La revista del tango y La virgencita de madera. Cada espectáculo reforzó el mito de una artista que supo reinventarse y adaptarse a los tiempos.
El cine fue otro de sus escenarios. Participó en películas como Villa Cariño, Villa Cariño está que arde, El veraneo de los Campanelli, El picnic de los Campanelli y Los caballeros de la cama redonda, llevando su carisma también a la pantalla grande. En televisión fue parte de ciclos históricos: Viendo a Biondi, La tuerca, El Show de Pinocho, Ciclo de Myriam de Urquijo, Las travesuras de Don Pelele, Las cosas de los Campanelli, Beto Rockefeller, Revista de revistas, El Sangarropo, El tango del millón y Los Campanelli.
En lo personal, estuvo casada con el humorista Don Pelele, nombre artístico de Francisco José Pellegrini, con quien compartió escenarios y risas, y más tarde con el actor Héctor Fuentes. Su vida fue inseparable del mundo del espectáculo, acompañada siempre por la pasión por el arte y el cariño del público.
Hoy, el telón baja para Dorita, pero el brillo de su legado permanece intacto. El espectáculo la despide con tristeza, pero también con gratitud y admiración por una vida dedicada a la cultura popular. Porque figuras como ella no se apagan: siguen encendiendo la historia y el corazón de la escena argentina.
Infobae