El ambiente artístico internacional atraviesa un momento de duelo tras la confirmación de la muerte de la actriz estadounidense Hayden Panettiere a los 36 años. La artista fue hallada sin conocimiento en una propiedad ubicada en la localidad de Greenville, Carolina del Sur, durante la jornada del pasado domingo 16 de agosto.
A pesar de los esfuerzos realizados por los profesionales de la salud para asistirla en el lugar, se constató su fallecimiento en el mismo lugar.
Meses antes de su muerte, la intérprete había publicado una obra autobiográfica bajo el título "This Is Me: A Reckoning", material que cobró una relevancia singular a partir de este desenlace. En sus páginas, la artista abordó de manera abierta sus luchas personales contra las adicciones y la depresión, así como la compleja relación que mantuvo con Brian Hickerson, quien la acompañó en sus últimas horas con vida.
La tormentosa relación con Brian Hickerson y las causas judiciales por agresión
La relación sentimental entre Panettiere y el ex actor y comerciante de bienes raíces comenzó en el año 2018, viéndose atravesada por sucesivos distanciamientos y episodios de violencia que derivaron en instancias judiciales. En febrero de 2020, Hickerson enfrentó imputaciones por agresiones físicas contra la actriz, situación que se definió en 2021 cuando el acusado se declaró sin oposición ante dos cargos por lesiones.
El dictamen judicial estableció una pena de 45 días de prisión, la obligación de asistir a 52 talleres sobre violencia doméstica y una restricción perimetral de protección a favor de la víctima por un período de cinco años. Aunque el vínculo formal concluyó ese mismo año, durante el último tiempo surgieron versiones que indicaban un acercamiento entre ambos.
En la reciente publicación de sus escritos, Panettiere decidió hacer público el sufrimiento que padeció durante los episodios de maltrato físico dentro de la pareja.
Describiendo el impacto de los ataques recibidos en la intimidad, la artista contó: “Escucho antes de sentirlo, el inconfundible sonido de una bofetada con la mano abierta. Hay una quemazón en mi mejilla, como si estuviera en llamas. Hay un zumbido en mi cabeza. Los golpes con la palma de la mano se convierten en puñetazos”.
A continuación, la autora detalló la gravedad de las lesiones sufridas y el nivel de sometimiento al que estuvo expuesta en el plano cotidiano, revelando: “Una noche me destroza la cara de tal manera que no salgo de casa durante semanas. Otro día me grita que corra lo más lejos que pueda en cinco segundos, porque necesitaré ventaja antes de que me lance el control remoto. Este es un hombre que no falla, pienso. Y no falla”.
Hacia el cierre de sus confesiones escritas, la actriz explicó los motivos emocionales que la llevaron a permanecer en ese entorno hostil pese a los episodios violentos recibidos, manifestando: “Lo que nunca les conté fue que el abuso que soporté no se sentía tan mal como la idea de estar sola”, dejando un testimonio directo sobre el impacto psicológico del vínculo que marcó sus últimos años.
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