La asunción del presidente ultraderechista José Antonio Kast renovó en Chile el debate sobre el aborto, uno de los tantos temas que dividen y polarizan hoy a los chilenos. En medio de una fuerte polémica, un proyecto de ley busca obligar a las mujeres a escuchar los latidos del feto antes de someterse a esa práctica despenalizada solo parcialmente en el país.
La iniciativa fue presentada por seis diputados de los Partidos Republicano, fundado por el propio Kast; Renovación Nacional y Nacional Libertario, todos de derecha dura. La bautizaron: “Escuchar mi corazón”.
“Esperamos que el presidente de la República y el Gobierno den su apoyo a una iniciativa que lo único que busca es salvar vidas”, dijo su impulsor, el diputado libertario Cristóbal Urruticoechea.
Pero el gobierno se mostró reticente a entrar en este debate después de solo cinco meses de gestión y con una popularidad por el piso, según sondeos, a pesar de la firme postura histórica contra el aborto del mandatario.
En tanto, las combativas organizaciones sociales y movimientos feministas se declararon en alerta.
“El proyecto ‘Escucha mi corazón’ es cruel, por decir lo menos. Impone a las mujeres una barrera inhumana para acceder a una prestación garantizada por ley”, dijo a TN la vocera de la Coordinadora Feminista 8M, Laura Manzi Araneda.
¿Está permitido abortar en Chile?
La libre interrupción del embarazo está permitida en Chile solo bajo tres causales desde 2017: para salvar la vida de la madre, por inviabilidad fetal o violación.
El proyecto busca modificar el artículo 119 del Código Sanitario, que regula el procedimiento del aborto. De avanzar la ley en el Congreso, las mujeres que se sometan a una interrupción del embarazo deberán escuchar antes los latidos del corazón del feto.
Si se niegan, el médico no deberá realizar la intervención.
Desde el gobierno, la ministra de Salud, May Chomali, se desmarcó de la iniciativa.
“No entiendo cuál es el sentido. Científicamente no hay sentido que la mujer vaya a cambiar de decisión. No existe, y hemos buscando, evidencia científica de que un acto como ese pueda reducir la probabilidad de que la mujer quiera hacerse un aborto”, afirmó a Tele13 Radio.
Kast se mantuvo al margen de toda polémica. En campaña, prometió no dar una “batalla cultural” y dijo que centraría en las dos principales preocupaciones de la sociedad: la delincuencia y la economía. Los sondeos no lo favorecen y entrar en este tema solo le traería más polarización y críticas.
Desde la Iglesia Católica, el arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, reiteró su rechazo a cualquier forma de aborto y dijo que le duele que una iniciativa de este tipo haya causado “una división, una polarización y una ira impresionante”.
“Lo otro que me duele (...) es que haya médicos que se presten para realizar un aborto. Esto lo encuentro terrible. En vez de mostrarle el latido del corazón a una mujer que está en una situación muy muy difícil, muy compleja, que yo reconozco, pienso que sería muy bueno que ese latido lo escuchara un médico que se comprometió a curar, a sanar, a preocuparse de la vida”, afirmó.
“Escucha mi corazón” vs. “Escucha mi decisión”
El debate pasó enseguida a la calle. El plan de la ultraderecha chilena generó una oleada de cuestionamientos en el ala progresista de la sociedad. La semana pasada, miles de mujeres se manifestaron en Santiago y otras ciudades del país bajo el lema: “Escucha mi corazón”, “Escucha mi decisión”.
En su diálogo con TN, Manzi Araneda afirmó: “El oficialismo intenta condicionar nuestras libertades a su moral. Una moral contradictoria, por lo demás: se dicen provida, pero nos niegan acceso a sala cuna universal o a jornadas laborales que permitan el cuidado”.
Dijo además: “Esta es una ley que, si bien no fue presentada por el gobierno, es claro que es parte del mismo proyecto cultural. Buscan reducir al mínimo las posibilidades de una vida digna”.
“El viernes (31 de julio) fuimos miles en las calles de todo el país diciendo: vamos por más. Es por esto que el proyecto no avanzará, porque las mujeres y personas gestantes no permitiremos que iniciativas como esta sean viables. Nosotras lo hemos dicho por años y lo seguiremos diciendo, Chile necesita aborto legal, seguro y gratuito”, sostuvo.
Andrea Sato, investigadora de la Fundación SOL, un centro de investigación sin fines de lucro, dijo a TN que los impulsores del proyecto “sostienen que se trata de una medida para fortalecer el consentimiento informado de las mujeres o los cuerpos gestantes”.
“Sin embargo, en la práctica no entrega información médica nueva ni mejora la capacidad de decisión de las mujeres. Lo que hace es introducir una carga emocional en un momento de alta vulnerabilidad, convirtiendo un derecho garantizado por ley en una experiencia de presión y muchas veces de revictimización”, indicó.
“Este proyecto no puede entenderse como una medida aislada. Expresa una visión profundamente conservadora que desconfía de la autonomía de las mujeres y también busca reinstalar una idea de maternidad como destino inevitable, donde el Estado va a asumir este rol tutelar sobre las decisiones reproductivas”, sostuvo Sato.
“Finalmente, obligar a una mujer a escuchar los latidos fetales puede constituir una forma de violencia institucional que transforma un procedimiento de salud en un acto de disciplinamiento moral”, afirmó.
¿Puede avanzar esta iniciativa en Chile?
La derecha tiene una mayoría en ambas cámaras del Congreso, pero eso no significa que una propuesta de esta naturaleza pueda avanzar sin problemas y más cuando no está en la agenda del gobierno.
En ese escenario, Sato advirtió. “Aún hay un centro más liberal que no tiene sus votos en este proyecto”.
La iniciativa se encuentra actualmente en la comisión de Salud en la Cámara de Diputados y no posee carácter de “urgente”.
“Yo creo que lo interesante de este debate va a ser que se vuelve a reinstalar en Chile que las tres causales para el aborto son insuficientes y que hay que avanzar hacia la garantía de un aborto legal sin causales para el país”, concluyó.
TN