San Carlos de Bariloche amaneció asombrada por un cambio radical en su visual al lago Nahuel Huapi: el intendente Wálter Cortés impulsó la modificación radical del paisaje y renovación de la postal mundialmente famosa, y mandó a cortar todos los pinos de la Costanera, incluidos los que rodean a la iglesia Catedral.
El propio Cortés se puso al frente de la tarea, con guantes de trabajo, casco y motosierra en mano. Apenas se rehabilitó el tránsito luego de la primera etapa del trabajo de apeo, que abarcó dos cuadras al este desde el Centro Cívico y el Puerto San Carlos, los barilochenses circularon absortos por la nueva Costanera. Parecía otra ciudad, más grande, más luminosa. El lago también ganó en esplendor a la vista de transeúntes y conductores. Lo mismo sucedió con los árboles ya plantados en la avenida desde hace años en un plan de renovación con especies autóctonas, que ganaron presencia juvenil en el paisaje distinto.
Puertas adentro de la ciudad la discusión mutó en una fuerte controversia. Muchos apoyaron la medida, solicitada y propuesta desde hace mucho, por los mismos motivos que llevaron a la decisión municipal. Otros la reprocharon con dureza, llegando a catalogar a los pinos como del “patrimonio histórico” de la ciudad, como la Costanera y la Catedral, legado de Exequiel Bustillo, gran impulsor en los años 30 de la primera imagen “for export” de Bariloche. Los pinos vinieron más de diez años después, de la mano de chicos de la Escuela 16, que llevaron los plantines.
Se habla de daño ambiental y de medida inconsulta, pero los defensores de la acción recordaron que los pinos son una especie foránea e invasiva.