La tendencia hacia la precarización laboral y social del esquema económico que encabezan el presidente Javier Milei y el ministro de Hacienda, Luis Caputo, se evidencia en la calle y las estadísticas: el 85 por ciento de los nuevos ocupados son informales; representan 201.000 de los 238.000 nuevos trabajadores.
Sin embargo, el fenómeno incluye otro flagelo: la caída del empleo registrado no alcanza a ser compensada por estas altas en el monotributo.
El derrotero del empleo registrado se profundiza con la destrucción de 141.700 puestos de trabajo registrados en relación de dependencia, solo en el último año. En tanto, el monotributo en igual período sumó apenas 49.500 altas, según indicó el Instituto Argentina Grande (IAG).
Desde que asumió la gestión libertaria, la cifra sobre contracción de empleo asciende a 329.600, entre el sector público y el privado, en base a informes del Sistema Integrado Previsional Argentino (Sipa). En términos relativos, comparando 2023 con marzo de 2026, los aportantes totales cayeron 5,7 por ciento, mientras que el total de beneficiarios aumentó 6,2 por ciento.
La situación se agrava aún más por el recorte en asignaciones familiares debido a la pérdida de trabajo registrado y las limitaciones impuestas por el gobierno nacional a las prestaciones no contributivas.
Desplazamiento y desequilibrios al borde
El desplazamiento de trabajadores del sector asalariado hacia el monotributo y la informalidad “está generando un fuerte desequilibrio en las cuentas del sistema contributivo”, advierte el reporte.
De acuerdo con el informe, existen 622.300 aportantes menos frente a un incremento de 426.261 nuevos beneficiarios, “y la transición del empleo registrado al monotributista y los nuevos ocupados informales empeoran la situación”, señala el documento del IAG.
El monotributo crece de manera sostenida desde 2012, con más fuerza desde 2020, agrega y aclara: “Sin embargo, desde el cambio de gestión, su aumento no es suficiente para contrarrestar la caída del empleo registrado”.
Se diluye el efecto de los empleos refugio como colchón de la desocupación, ante la crisis de consumo y el alza creciente de los despidos.
Los salarios registrados, tampoco cierran
El impacto de la retracción del poder de compra en las familias que, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), se ven forzadas a optar de forma casi exclusiva por bienes esenciales (como medicamentos y artículos de primera necesidad), también presiona sobre los empleos refugio. Estos funcionan como un refuerzo de ingresos para “llegar a fin de mes o darse algún gustito”, aseguraron quienes, teniendo empleo, debieron reemplazar tiempo de descanso por horas de trabajo en las aplicaciones.
La baja calidad de los puestos laborales, entonces, es una de las características de la época. Los sueldos planchados como ancla del esquema económico empujan el endeudamiento de los hogares, mientras la morosidad se ubica en números históricos: alcanzó un máximo del 7,6 por ciento en mayo pasado, tras 19 meses de aumentos ininterrumpidos.
Durante ese mismo mes, todos los sectores experimentaron caídas en sus salarios reales: el sector privado registrado de -0,1 por ciento; el público nacional, de -0,6 y el Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) de -1 por ciento.
Al contrastar los niveles actuales con el promedio de 2023, se observa un mayor desplome: el salario del sector público nacional retrocedió 38,5 por ciento y el SMVM sufrió una pérdida real del 41,1 por ciento.
La primarización no alcanza
Durante el discurso de apertura en La Rural, Milei aseguró que las divisas crecientes por exportaciones de petróleo y minería van a derivar en la eliminación de las retenciones al campo.
La eliminación de las retenciones, si sucediera, no solo beneficiaría a uno de los sectores privilegiados por el Gobierno, sino que además perjudicaría a los más desfavorecidos por la política oficial: trabajadores, jubilados y desocupados.
A confesión de parte, el derrame devenido de la desindustrialización va para los que ya ganaron.
Página 12