La caída de Carlos Fiordelino en Entre Ríos luego de sacarse de encima 260 kilos de cocaína a la carrera en un Mercedes Benz, puso en el primer renglón del relato un dato singular dentro de su espeso legajo judicial. Y es que había fijado residencia en la provincia de Corrientes.
Un vector inevitable entre el mundo del contrabando de drogas y Corrientes es la frontera y su epicentro en Itatí y hasta allí habrá que dirigir la atención para clarificar este vínculo entre este peso pesado del narcotráfico y nuestra provincia.
El acompañante de Fiordelino en su fallido escape por una ruta de ripio entrerriana es un chico de 19 años de edad llamado Benjamín Ariel Maciel. Un junior que debuta en los expedientes judiciales luego de hacer inferiores en una familia atravesada por el uso de estupefacientes con fines de lucro.
La mamá de Benja es una correntina del popular barrio Ibiray de Itatí llamada Sebastiana Beatriz Britez. Tiene 41 años y una calurosa siesta de enero de 2020 fue encontrada en el atajo Cruz de los Milagros -que conecta la Basílica de la virgen con la Ruta 12- a bordo de un Chevrolet Onix con 50 kilos de marihuana.
Con ella también iban otros dos hombres y su hermano menor Luis Alberto, que por unas horas dejó su oficio de herrero y pintor para ir a confeccionar su primer antecedente penal.
Así fue que a Sebastiana en febrero de 2022 el Tribunal Federal de Corrientes la condenó a cuatro años de prisión por transporte de estupefacientes. Pero pasado un tiempo, a partir de un allanamiento de la Policía de Corrientes ordenado por el juez de Garantías Leandro Maciel, en septiembre del año pasado se descubrió su reincidencia. En su casa de Itatí la encontraron de nuevo con drogas.
En su domicilio de portón rojo y bajo la fachada de un kiosco, los agentes de la fuerza encontraron 14 caramelos de cocaína, 17 de marihuana y casi 900 mil pesos en efectivo, entre otras herramientas del oficio del menudeo.
Su causa sigue abierta y ahora, también, la de su hijo mayor, que quedó engayolado en Entre Ríos.
Con diagnóstico de cáncer
Carlos Manuel Fiordelino Celis tiene su nombre escrito cientos de veces en la tinta con la que se diseñan las sentencias a las mafias.
Hasta este año, los buscadores del Poder Judicial arrojan como resultado de su andar por los tribunales una pena única de 14 años de prisión, que resulta del cómputo de 12 años dictados en la provincia de Santa Fe y otros cinco en un estrado de La Plata.
Para llegar a esa conclusión penal, este hombre de 53 años de edad, anduvo por el ripio ingrato de las persecuciones siempre armado e, incluso, vinculado a homicidios. El salvaje Rosario narco lo puso en un ecosistema hostil donde la sangre es un adjunto inevitable.
Luego de su recordada fuga de la Alcaidía mayor de Rosario en junio de 2011, de donde salió caminando sin tirar ni una piña, Fiordelino anduvo cinco años con identidades falsas. Una de esas, quizá la última, fue "Santiago Freschi", con la cual también cambió notoriamente su fisonomía física.
La pandemia en 2020 lo encontró ya detenido cumpliendo el cuarto año de esa pena unificada en uno de los asquerosos pabellones de Marcos Paz.
Pero una dolencia física lo puso a deambular por la enfermería muchas veces hasta concluir en un diagnóstico de cáncer estomacal por el que debieron intervenirlo quirúrgicamente y hasta practicarle quimioterapia. En ese entonces estaba en pareja con una mujer que tenía a su cargo dos hijos, de uno y cinco años de edad, y con quienes pretendía regresar para cumplir prisión domiciliaria en un inmueble de Moreno, en el Conurbano bonaerense.
Luego vendría a vivir a Corrientes.