En la recta final del juicio oral por la espeluznante muerte de Milagros Ramona Espinoza la adolescente de 14 años violada y asesinada en mayo del 2024 en la ciudad de Monte Caseros, declaró un testigo cuyo relato, heló la sangre de los concurrentes.
Cabe señalar que por el hecho hay tres imputados: los hermanos Cristian Jonathan Espíndola, Jorge David Espíndola y Nicolás Agustín Espíndola.
Los dos primeros, están acusados por el supuesto delito de “abuso sexual seguido de muerte”, en tanto que sobre el tercero de los hermanos, pesa una imputación por el supuesto delito de “partícipe secundario”, según detalló el periodista Ignacio Villanueva en su portal Confirmadocom.
Los tres eran conocidos en la sureña ciudad correntina como “Los Porteños”, ya que hacía poco tiempo habían llegado desde provincia de Buenos Aires.
Los debates iniciaron el pasado lunes 7 y durante los días declararon varios testigos que fueron aportando su versión de los hechos y también se incorporaron distintas evidencias técnicas.
Por estas hora, todo se encamina hacia el desenlace del proceso ya que para el lunes 14 está previsto que se den los alegatos de las partes.
Dolor
Uno de los testimonios sobresalientes de la primera audiencia, fue el de una de las vecinas de los hermanos Espíndola: María Yolanda Olivera. La mujer declaró durante 40 minutos y respondió a las preguntas de las partes.
Dijo que esa noche pasó por la casilla donde vivían los hermanos Espíndola, y que en el lugar estaba la víctima.
Una vez que llegó a su casa, alrededor de las 20, le golpearon la puerta y escuchó una voz: “Soy Mili, vengo a buscar agua”.
Describió a la zona humilde en la que vive como oscura. “Las únicas luces que había en el lugar, son de las casillas, no había luz de alumbrado público”, aclaró.
En otro orden de cosas Olivera, definió a la familia Espíndola, como “dejada”, y que “se ocupaban más del alcohol, fumar y la droga”.
En un momento de su relato se quebró en llanto cuando contó que le daba de comer a una de las criaturas de la familia por el descuido de la madre, en referencia a Vanesa Espíndola (hermana de los imputados y amiga de Milagros).
Grito
Luego relató que cerca de las 2:30 de la madrugada del siguiente día, se despertó y seguía escuchando la música, no dudó en decir que “venía de la casa de Vanesa” y agregó que “escuché un grito desgarrador, no era común ese tipo de grito”, insistió y aclaró que “era de una mujer”.
Añadió que “se escucharon los ladridos de los perros, un ladrido de ataque, pero mi perro estaba atado”.
Al día siguiente, al salir esa mañana, cerca de las 10 y pasar por la casilla de los Espíndola, sostuvo “me llamó la atención que hicieran fuego de día, era muy sospechoso todo, hacerlo de día”.
Inmediatamente se enteró que un cuerpo flotaba en el arroyo, a pocos metros del lugar, “nos acercamos y el cuerpo estaba boca abajo, con un top y sin nada abajo”, aseveró.
Después avanzó en su relato al mencionar un intercambio de palabras que tuvo con uno de los principales implicados.
“Jorge -uno de los imputados- se acercó y dijo ‘es la Mili, ¿qué le hicieron a la Mili?’, se agarraba la cabeza, entonces yo le dije ustedes tienen que saber qué pasó con ella porque ustedes, porque ustedes estaban con ella”.
Recordó que cuando descubrieron el cuerpo en el arroyo “ahí comenzaron los disturbios, los mismos vecinos retuvieron a la madre para que no vea el cuerpo de su hija. Fue ahí que los vecinos comenzaron a prender fuego las casillas”.
En otro párrafo de su testimonio, reveló lo dicho por uno de los hermanos imputados: “Agustín dijo ‘yo no fui, fueron ellos”, señalando a sus propios hermanos.
Se le pidió a la testigo, si podía reconocer en la sala, quienes eran los señalados. Con rapidez, se dio vuelta y mirando fijamente a los ojos a Cristian Espíndola y David Espíndola, los apuntó, individualizando a cada uno de ellos.
El Tribunal, preside Marcelo Pardo, junto a los vocales, Marcelo Fleitas y Ramón Quebedo. El Fiscal de Juicio, es Ricardo López Ruiz, la querella de Soledad M. Ifrán y Daiana Montiel, y los defensores oficiales, son Susana Ferreira y Daniel Gutiérrez.