En medio de la preocupación por amenazas y pintadas en escuelas, la psicóloga Natalia Blengino advirtió que se trata de un fenómeno complejo, sin respuestas simples, pero con señales claras sobre lo que no debe hacerse: minimizar o prohibir sin comprender.
“Son momentos donde no tenemos respuestas cerradas, pero sí muchas preguntas. Y sabemos que prohibir o minimizar no soluciona el problema”, explicó en diálogo con Hoja de Ruta.
El efecto “copycat” y la viralización
Uno de los ejes centrales del análisis es el llamado “efecto imitación” o copycat, que suele aparecer en contextos de alta exposición mediática.
“Cuando un hecho tiene mucha visibilidad, en la adolescencia puede replicarse. No es solo un reto viral, muchas veces son subjetividades frágiles que buscan generar impacto o ser vistas”, señaló.
En ese sentido, remarcó que el foco no debe ponerse únicamente en redes sociales como TikTok, sino en las condiciones emocionales de quienes reproducen estas conductas.
Qué son las “subjetividades frágiles”
Blengino explicó que este concepto refiere a adolescentes que carecen de referencias sólidas y tienen dificultades para diferenciar entre una broma y un hecho violento.
“Hay chicos que no dimensionan el impacto de lo que hacen. Cuando alguien dice ‘es un chiste’ frente a algo que genera miedo o conmoción, ahí hay un indicador claro”, sostuvo.
También advirtió sobre un cambio en los modelos de referencia: “Hoy vemos adolescentes que empiezan a identificar o incluso admirar figuras vinculadas a hechos violentos. Eso es una señal de alerta”.
El rol de la familia y los adultos
Si bien destacó la importancia de la familia, la especialista pidió evitar simplificaciones.
“La familia es clave, pero también está desbordada. Poner toda la responsabilidad ahí genera culpa e impotencia. Hay un escenario social más amplio que tenemos que mirar”, explicó.
En ese marco, cuestionó también el rol adulto: “A veces nos preocupa el celular en los chicos, pero no miramos cuánto estamos nosotros en el celular. Se pierde la mirada hacia el adolescente”.
Medidas que tranquilizan a los adultos, pero no a los jóvenes
Sobre las respuestas institucionales, como controles policiales en escuelas, fue clara: pueden generar una falsa sensación de seguridad.
“Eso tranquiliza al adulto, pero no al adolescente. Incluso puede generar más violencia o rechazo. Si solo castigamos, el problema no desaparece, se desplaza”, advirtió.
La escuela como espacio clave
Para la especialista, las escuelas son un lugar central para intervenir, no desde la sanción sino desde el diálogo.
“Las pintadas aparecen en la escuela porque es un lugar donde quieren ser vistos. Ahí hay una oportunidad”, explicó.
Y agregó: “Faltan palabras. Lo que no pueden decir, lo actúan. Por eso es clave generar espacios para hablar, para distinguir qué es violencia y qué no”.
Un llamado a escuchar
Finalmente, Blengino planteó que detrás de estos hechos hay un mensaje que los adultos deben aprender a interpretar.
“Los adolescentes están mandando señales. Hay mucha soledad y necesidad de ser vistos. Las redes no tienen red de contención. Y eso es lo que están buscando”, concluyó.