La empresaria Gabriela Zenon, responsable de cuatro moteles familiares en Corrientes, aseguró que el rubro atraviesa un proceso de transformación impulsado por la tecnología, las redes sociales y los cambios culturales vinculados a la sexualidad y los vínculos.
“Estamos al servicio del amor en todas sus formas”, sostuvo durante una entrevista en el ciclo Perfil Productivo de diario El Litoral.
Gabriela explicó que heredó el negocio familiar y que actualmente administra cuatro establecimientos. Según indicó, uno de los principales cambios respecto de generaciones anteriores fue dejar atrás el concepto tradicional del motel limitado a “una cama, dos mesas de luz y una cochera privada”.
“Hoy los moteles dan para mucho más, desde la experiencia que le hacemos vivir al cliente en el momento en el que subimos algo a las redes, que nos responden, nos consultan algo por WhatsApp o nos piden un trago”, señaló.
La empresaria destacó que las redes sociales permitieron abrir el rubro hacia la comunidad y mostrar espacios internos que antes permanecían ocultos. En ese sentido, sostuvo que existe un fuerte prejuicio social hacia los moteles.
“Yo me crié adentro de un motel, entonces decía: ‘¿Por qué la gente tiene una percepción tan diferente a la que tengo yo?’. La gente no conocía los espacios”, expresó.
Prejuicios y estigmatización
Durante la entrevista, Gabriela afirmó que tanto ella como sus trabajadores atravesaron situaciones de discriminación por pertenecer al sector motelero.
Relató que algunas empleadas evitaban contar dónde trabajaban porque sus hijos sufrían bullying en la escuela. “Parte de abrir nuestras puertas fue también por eso”, dijo.
Además, recordó experiencias personales en distintos ámbitos sociales y comerciales donde percibió cambios de actitud al mencionar el rubro al que pertenece.
“Somos una empresa como cualquier otra”, remarcó.
En relación con los controles sanitarios, explicó que las exigencias son similares a las de la hotelería tradicional, aunque aseguró que los moteles suelen estar sometidos a mayores inspecciones.
“Las sábanas y las toallas se secan a más de 70 grados. Tenemos muchas normas de control”, indicó.
Tecnología y cambios generacionales
Gabriela también se refirió al proceso de modernización tecnológica que impulsó en la empresa. Contó que incorporaron un software de gestión y comenzaron a utilizar redes sociales, reservas por WhatsApp y nuevos servicios para los clientes.
Según explicó, uno de los mayores desafíos fue acompañar al personal en la adaptación digital, especialmente a trabajadores con décadas dentro de la empresa.
“Fue un proceso de mucho acompañamiento y paciencia”, aseguró.
En ese marco, destacó el caso de un empleado que no sabía utilizar una computadora y que actualmente es uno de los que mejor maneja el sistema interno.
La empresaria también creó una “escuelita motelera”, un espacio de formación para los trabajadores donde participan distintos profesionales.
“Yo trabajo mucho en ellos porque creo que después todo el resto viene solo”, afirmó.
Una mirada centrada en las personas
Gabriela sostuvo que una de sus prioridades fue mejorar las condiciones laborales del personal. Explicó que redujo jornadas extensas y regularizó situaciones laborales cuando asumió la conducción de los establecimientos. “Ellos son mi foco”, señaló.
Además, remarcó que busca acompañar a los trabajadores en cuestiones personales y familiares. “Después ellos me retribuyen con la camiseta encarnada en la piel”, expresó.
Sobre el presente económico del sector, reconoció que atraviesan una temporada baja más profunda que la de años anteriores y que debió reducir personal de refuerzo debido a la caída de la facturación.
Pese a eso, afirmó que el principal sostén del rubro continúa siendo la necesidad humana del vínculo y el contacto.
“El amor no se va a extinguir. Es lo que todo el mundo necesita”, concluyó.