La gestora cultural y curadora Hada Irastorza analizó el crecimiento de ArteCo 2026 y reflexionó sobre el impacto cultural, económico y simbólico que genera la feria en Corrientes y la región.
En diálogo con Hoja de Ruta, Irastorza destacó que, pese al contexto económico complejo, el balance sigue siendo positivo por la capacidad de la feria de sostenerse y crecer durante ocho años consecutivos. “Toda inversión hecha en cultura vale la pena”, afirmó.
La curadora sostuvo que ArteCo logró consolidar un mercado artístico local que, aunque pequeño, genera circulación económica, visibilidad y oportunidades para artistas, galeristas y artesanos.
“Hay coleccionistas locales y también personas que vienen de Buenos Aires, Córdoba y Paraguay a comprar obras”, explicó.
Sin embargo, señaló que este año percibió una feria “demasiado grande” en relación con la demanda existente y reconoció que la crisis económica también impactó en las ventas.
Artesanos del Iberá y el valor de lo local
Irastorza estuvo a cargo de la curaduría del espacio Artesanos del Iberá, una propuesta que reunió piezas elaboradas por trabajadores de distintas localidades de la provincia utilizando materiales y técnicas tradicionales.
La selección incluyó trabajos en madera, metal, lana, palma, espartillo y isipó, con una fuerte inspiración en el paisaje del pastizal y la fauna correntina.
“El arte de esta región tiene una identidad muy asociada al paisaje”, remarcó.
Entre las piezas más destacadas mencionó un yetapá de collar realizado en metal por el joven artesano David Romero y un ñandú tallado en madera de ñandubay por Juan Ariel Martín, que se convirtió en una de las obras más fotografiadas y se vendió durante el primer día de feria. “Hay un talento increíble en el interior de la provincia”, aseguró.
El pastizal como inspiración artística
La curaduría de este año tomó como eje conceptual el ecosistema del pastizal, una temática que Irastorza consideró clave para resignificar paisajes históricamente subestimados.
“Antes se veía el pastizal como un lugar donde no había nada”, explicó.
A partir de esa idea, artesanos y diseñadores trabajaron representaciones de aves y elementos del ecosistema local, con asesoramiento de especialistas en avifauna y biodiversidad.
Además, la propuesta incorporó diseños textiles inspirados en especies autóctonas para incentivar que las tejedoras comiencen a trabajar con motivos vinculados a la flora y fauna regional.
Cultura, identidad y economía
Durante la entrevista, Irastorza también defendió el rol de las industrias culturales como motor económico y social. “Hay gente que vive de vender arte”, sostuvo.
En ese sentido, destacó que ferias como ArteCo permiten profesionalizar el trabajo artístico y generar redes entre artistas, galerías, compradores y gestores culturales.
“La cultura satisface una necesidad humana profunda, pero también genera valor y movimiento económico”, concluyó.