María Lucía Brignani
Psicóloga UBA
Ex concurrente hospital Argerich.
Psicoanalista. Miembro del Instituto Oscar Masotta delegación Resistencia / Corrientes.
Si hay algo aburrido es clasificar los libros, se pierde algo del encanto si uno como lector está tratando de dilucidar de que género literario se trata, sin embargo este libro me llevó a esa pregunta.
No se puede ubicar en lo que denominamos “literatura del yo”, esto engloba los géneros narrativos y poéticos donde el autor es protagonista y narrador, sus propias experiencias de vida son el material del que extrae su escritura, dentro de esos textos se incluyen la autobiografía, los diarios, lo que podemos llamar auto ficción.
Fernando, el escritor, nos propone un alter ego, una especie de voz tomada por Fermín que guarda el misterio y cubre ciertas cosas para poder ser contadas. La ficción siempre resguarda las fantasías y a su vez, las hace existir.
Hay toda una puesta en cuestión y una crítica aguda a la familia, el escritor Czeslaw Milosz dice “cuando en el seno de una familia nace un escritor, la familia termina”, es interesante porque no se trata de dilucidar si esa familia se asemeja o no a la familia de origen del autor sino de tomarla en la singularidad en que la propone Fermín, el narrador y personaje principal, resumida a lo largo de la historia en una madre amada y un padre temido. Sabemos que como pensamos desde el psicoanálisis, cada quien tiene su propia versión de familia y ya eso es un discurso propio, inédito.
Este texto está construido de un modo particular a nivel del uso del tiempo, no es una novela cronológica, sino que hay un uso del tiempo como lo pensamos desde el psicoanálisis, un tiempo lógico, donde lo que se dice es el derrotero o el efecto de algo que se ha dicho y ahí vienen las cascadas de sentido. En Fermín se mezclan su pasado, el tiempo presente en el que escribe y el vaivén de escenas que se van presentando respecto de su vida, su infancia, retazos de su adolescencia y su adultez, sin una temporalidad “ordenada” pero si hay un orden lógico.
Elijo como ordenadores para la lectura dos cosas: la muerte y lo ancestral.
La muerte como articulador está ya desde el inicio, es como si esta ficción se ordena a partir de la muerte (en este caso la de una madre) para duelarla y también significar su amor, luego se pone a punto con los duelos que pasa Fermín por sus amigos Manuel y Darwy y baliza la obra en general, incluso da título al libro, es una frase en un contexto de muerte. En eso hay una marca de como uno queda transformado por los duelos, tocado, perdido.
Lo ancestral esta también muy presente, como eso que no tiene mucha explicación pero que trasciende, que esta tan horadado en toda esta obra, hay una atmósfera donde está todo el tiempo eso, sobretodo, en todo lo concerniente a “lo Correntino”. Los personajes de la ciudad, la geografía, las costumbres, la configuración social y por supuesto el río.
Hay una presentación también muy interesante del bache social, una cierta crítica desde el protagonista a la permanencia de una cierta aristocracia y el realce de esos personajes compuestos por el servicio doméstico, el lugar que han tenido en ese entramado. Eso está muy plasmado, en Santa, la persona que lo crío y que funciona como una sustitución materna en relación a los cuidados y a algo también de la cercanía y el afecto.
La esencia de lo correntino con esto de los personajes, el rio, casi la musicalidad de esa ciudad está por doquier en toda la obra, es muy lindo de leer eso, porque es un autor que reivindica lo propio, ese “de donde vengo”, un poco odiado, un poco amado.
Hay marcas en la escritura del autor como lector, es un hombre que sin duda ha leído mucho y ha estado en relación a eso desde muy temprano, la obra está plagada de esas referencias. Otra marca en su letra es la de su ser de analista y del pasaje seguramente por su propio análisis.
Dice Freud en “el creador literario y el fantaseo”: “el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma” y agrega “Quizá contribuye no poco a este resultado positivo el hecho que el poeta nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías”.
Es probable entonces que quienes se acerquen a este libro se encuentren con resonancias de sus propias ensoñaciones diurnas, de sus fantasías, porque en definitiva de eso están hechos nuestros sueños, nuestras historias, y nuestro modo de leerlas, así lo hizo Fernando, el creador literario, con ayuda de su alter ego, Fermín.
Lo familiar en las orillas, esas que no tienen límites precisos pero que delimitan el comienzo de lo basto del rio y son pacientes para traer lo que quedó de lo que se fue.