Sirenas en plena madrugada, alarmas en medio de una clase y misiles cayendo sobre hospitales. Así se vive hoy en Beer Sheva, al sur de Israel, donde la guerra dejó de ser una noticia para convertirse en una rutina atravesada por el miedo y la resistencia. Olga Mañis, profesora correntina que vive allí desde 1997, conversó con El Litoral y contó en detalle cómo es sostener la vida en una ciudad que se convirtió en blanco de ataques.
“Cuando suena la sirena, no pensás, actúas. Agarrás a los chicos, al celular, y corrés. Cerrás la puerta blindada y esperás. No se sale hasta recibir de la Defensa Civil el mensaje que dice que te permite salir”, comienza el relato Mañis.
Lejos de la idea de “vida normal”, Olga habla de una rutina fragmentada, mientras que el supermercado abre, los colectivos funcionan, la gente trata de salir de sus casas pero se encuentran bajo alerta permanente como si fuera una supervivencia organizada.
“La rutina se volvió un acto de valentía, ir al supermercado, enseñar por Zoom, animar a los alumnos, preparar la cena y tratar de no mirar demasiado las noticias, porque siempre hay algo que rompe otra parte del corazón. Todo eso, mientras el pensamiento está en otra parte, en tus hijos que están en el ejército y en todos los soldados valientes que están en sus puestos, despiertos, firmes cuando todo tiembla”, agregó.
Las medidas de seguridad son claras y forman parte de lo cotidiano, cada vivienda cuenta con una habitación blindada (mamad), y los teléfonos reciben alertas constantes con instrucciones. Vivir en Israel en tiempos de guerra te cambia los reflejos. No pensás dos veces, cuando suena la sirena, simplemente corrés.
“Lo primero que uno aprende es dónde está el lugar seguro más cercano. Algunos tenemos en casa un mamad, otros corremos a la escalera interna o a un refugio público del barrio. Cuando suena la alarma, no hay tiempo para pensar. Tenemos un kit armado con el bolso con agua, linterna, medicamentos, documentos. Hasta un juguete para calmar a los más chico”, cuenta Mañis a este medio.
La entrevista tuvo lugar días después del primer ataque diurno lanzado por Irán. Beer Sheva es una ciudad clave en el desierto del Néguev. Allí se encuentra el hospital Soroka, principal centro médico del sur del país y blanco reciente de un misil. Ese mismo día, otro proyectil cayó sobre una zona de oficinas de la ciudad, y uno de los primeros misiles de esta escalada impactó en el Centro Weizmann, una institución científica de prestigio mundial.
Sobre este suceso, Olga contó que: “Si bien contamos con la Cúpula de Hierro, que intercepta muchos misiles y ha salvado innumerables vidas, ninguna persona en su sano juicio puede imaginar que se atacarán deliberadamente centros de salud y ciencia. Eso nos duele profundamente, más allá del miedo”.
¿Cómo fue para vos ese día en que Irán lanzó los misiles durante el día?
“Fue un día que no voy a olvidar. No porque hubo caos en las calles, de hecho, todo estaba demasiado silencioso, sino por la sensación en el cuerpo, una mezcla de ansiedad, incredulidad y una calma forzada que solo se rompe cuando llega la alarma. Cuando Irán lanzó los misiles, sabíamos que podía pasar. Lo decían las noticias, los mensajes de la Defensa Civil (Pikud HaOref), las señales en el aire. Es un miedo despierto, consciente, frío".
“Ese día nos pidieron quedarnos cerca de los refugios, se escucharon sirenas en todas partes, los celulares no paraban de sonar, alertas, avisos y recomendaciones. Me quedé en casa, con el bolso preparado, con los pensamientos en los hijos de todos los que están en el ejército”, recordó.
Durante los bombardeos, los edificios públicos cierran, las clases se suspenden, y la ciudad entra en una pausa tensa.
“El día anterior, por la noche, ya nos avisaron que se suspendían las clases. Como soy profesora, sabía que no tenía que acudir a la escuela, así que me quedé en casa junto a mi familia. Cuando sonaron las alarmas nuevamente, estábamos preparados y tranquilos, porque sabemos que así es como un país protege a sus ciudadanos, anticipándose, cuidándonos, y dándonos las indicaciones claras para estar seguros”, contó.
¿Cómo se sobrevive emocionalmente a esa tensión? Ante esta situación, Olga tiene su método: “Acepto el miedo, me aferro a la rutina, busco momentos de alegría, aunque sean breves. Una charla con un alumno, una canción. Compartir lo que sentimos también ayuda”.
En medio del caos, hay gestos de humanidad que sostienen. “Un amigo que te escribe a medianoche para saber si estás bien. Un alumno que te sonríe por pantalla. Padres que agradecen el esfuerzo de seguir enseñando. Nos cuidamos entre todos, porque no hay otra forma de pasar esto”.
"Como un león se levanta, y como un león joven se alza"
El nombre en hebreo simboliza los objetivos que tiene Israel para ella misma y para el mundo judeo cristiano-. La frase describe al pueblo de Israel como fuerte, decidido, y valiente, que se levanta con la fuerza de un león y no se deja someter. Es una imagen poderosa de orgullo, dignidad, defensa y espíritu inquebrantable.
¿Qué significa hoy? En la actualidad, la expresión "un pueblo como un león" se usa para hablar del pueblo de Israel en momentos de desafío, guerra o prueba. Refleja la idea de un pueblo que se levanta con coraje, se mantiene firme, lucha por su existencia y sigue adelante con orgullo y fe.
Desde el 7 de octubre de 2023, Israel atraviesa uno de los períodos más intensos de su historia reciente. Aquel sábado, el grupo palestino Hamas lanzó un ataque sorpresa desde la Franja de Gaza que desató una guerra que, meses después, sigue escalando. En medio del caos, miles de personas viven el día a día entre alarmas antiaéreas, refugios y la incertidumbre constante.
En este escenario, los hospitales se convirtieron en trincheras silenciosas, donde médicos y pacientes conviven con el eco de las sirenas y el miedo. En ese mismo país, a más de 11 mil kilómetros de Corrientes, vive una familia argentina que decidió no huir pese al peligro. Esta es su mirada desde adentro, en medio de una guerra que parece no tener final cercano.