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Corrientes se encontraba entre las fuertes influencias contrapuestas de Buenos Aires y Asunción, siendo protagonista y partícipe de la rivalidad política y comercial entre estas dos ciudades. Al producirse la crisis política de 1810, Buenos Aires y Asunción no coincidieron con los rumbos a tomar: Buenos Aires generará una transformación con la decisión del cabildo abierto del 22 de mayo al destituir al Virrey y conformar una Junta en su reemplazo. Asunción no reconocerá esa medida y continuará obedeciendo al Consejo de Regencia formado en España que sustituía provisoriamente en sus facultades al Rey durante su cautiverio. 

El movimiento triunfante en Buenos Aires pretendió un inmediato acatamiento de las ciudades del interior del virreinato. Este movimiento fue adquiriendo atisbos revolucionarios, al punto de no dejar de considerar el uso de la fuerza, la que fue utilizada inmediatamente con el fin de lograr acatamiento bajo el pretexto de “auxiliar” a los pueblos del interior. En ese contexto surge al poco tiempo un bastión contrarrevolucionario dentro del Río de la Plata, totalmente opuesto al de Buenos Aires y al de otros puntos del virreinato: Asunción y sus planteos organizativos marcaron sus diferencias con los porteños. Esta situación fue clara y cercanamente percibida por Corrientes, tal como lo describiremos más adelante. La información sobre los movimientos políticos en Buenos Aires llegó a Corrientes el 16 de junio a través de una Nota oficial que comunicaba los acontecimientos e invitaba al Cabildo a designar un representante para su incorporación a la Junta de gobierno. Ese mismo día, la Sala Capitular reunida en nuestro Cabildo, frente a lo que hoy es la Plaza 25 de Mayo, adhirió al movimiento juntista, jurando no reconocer a otro soberano que no sea Fernando VII. Para la elección del representante fue utilizado el voto “cantado”. Con convocatoria a los vecinos y en cabildo abierto, y con la presencia de treinta vecinos y funcionarios, la designación recayó en el correntino José Simón García de Cossio, por 18 votos contra 11, el que se encontraba avecindado en la Capital del virreinato hacía ya varios años. Justamente, el fundamento de la nominación se debió a que este hombre de leyes residía en Buenos Aires y contaba con una sólida formación política y jurídica. Si bien Corrientes fue la primera jurisdicción en designar su representante, la incorporación de éstos demorará un tiempo prudencial a raíz de razones operativas que tenían que ver con las dietas y manutención de los diputados, y también por causas políticas en las cuales la Junta de Buenos Aires manejará los tiempos a su criterio. 

La crisis política en el Río de la Plata se profundiza cuando a mediados del mes de mayo de 1810 llegan noticias de España dando a conocer que la única autoridad española que resistía en Cádiz ante la expansión francesa era el Consejo de Regencia. La situación complicó la autoridad del virrey Hidalgo Baltasar de Cisneros, designado meses atrás por las autoridades peninsulares. 

Esta cuestión, más los resquemores sobre la falta de representación y legitimación de las autoridades peninsulares, abonaron y fortalecieron las decisiones firmes de los que pretendían formar junta. 

Patricios y Sarracenos - Algunos vecinos de Corrientes, de origen español, se plegarán a la propuesta de los paraguayas y organizarán un batallón al mando del regidor Félix de Llano, acreditado hombre de Corrientes pero lq aplicaron “mote” de Sarraceno, al igual que a otros que no apoyaban a la Junta de Buenos aires. El Alcalde de Primer voto Ángel Fernández Blanco junto con el Comandante General de la campaña, José Ignacio Añasco, organizan batallones. Fue entonces cuando la crisis de legitimidad política hará eclosión en Asunción y a partir de aquí, Paraguay iniciará un movimiento revolucionario que asumirá el manejo de su soberanía y comenzará a manejarse autonómicamente, lo que llevará por opción a desvincularse de la Península, acercarse fuertemente a Corrientes y simultáneamente desconfiar de Buenos Aires. Durante el proceso revolucionario hispanoamericano se denominó sarracenos a aquellos que quisieron proseguir ligados al régimen político peninsular. También se los llegó a denominar despectivamente godos, chapetones, matuchos o maturrangos. En España se llamaba sarracenos a los moros que ocuparon por siglos el territorio peninsular. Etimológicamente, el término deriva del nombre de Sara, mujer de Abraham. Mantilla, Manuel Florencio. Dice que Félix de Llano, importante comerciante de Corrientes, simpatizó desde un inicio con el régimen de Regencia, oponiéndose a todo movimiento juntista. Los registros cuentan que Llano será asesinado a las 08:30 del 22 de mayo de 1812, en momentos que circulaba por la calle. Las sospechas de la autoría del crimen recaerán sobre el Comandante de la Guardia Cívica, Ángel Escobar, con quien aquél mantenía aparentemente una enemistad pública y manifiesta. Mantilla habla de un móvil de carácter político, sin dejar completamente de lado que el homicidio pudo haberse motivado por un hecho más trivial: Llano habría estado seduciendo a una hija de Escobar. En este caso la supuesta razón del trágico conflicto será Ángeles Escobar, hija del Comandante.

Ubicarse en un bando u otro no era cómodo para muchos, ya que las perspectivas del futuro político se caracterizaban por su incertidumbre. El titubeo por abrazar la causa revolucionaria sale a la luz en un escrito del General Manuel Belgrano dirigido a nuestro Teniente de Gobernador Elías Galván. Con el transcurrir de los meses, la causa revolucionaria se instalará fuertemente en Corrientes, y se hará carne en sus habitantes, adquiriendo mayor identidad, como muy bien lo demostrará el desprendimiento material y espiritual expresado por Corrientes a Belgrano en su campaña al Paraguay. En 1811 la participación y el compromiso hacia el nuevo movimiento político habrían cambiado radicalmente. Se fortaleció el vínculo con la Junta gubernativa de Buenos Aires colaborándose activamente con las fuerzas porteñas que se habían enviado. 

Una revolución estalla en Asunción los días 14 y 15 de mayo destituyéndose al Intendente gobernador Bernardo de Velasco, y un Congreso reunido el 17 y 18 de junio conformará una Junta gubernativa compuesta por Fulgencio Yegros como Presidente, siendo Vocales Gaspar Rodríguez de Francia, Pedro Juan Caballero, Francisco Javier Bogarín y Fernando de la Mora. 

En Corrientes el Cuerpo quedó constituido de la siguiente manera: conservaron el cargo el Alcalde de Primer Voto Ángel Fernández Blanco y el Regidor Defensor de Pobres y Menores, Juan José Rolón; mientras que serán nuevos miembros el Alcalde de Segundo Voto Gaspar López; el Regidor Decano y Síndico Procurador Juan Bautista López; y el Regidor Alférez en depósito Juan Francisco Díaz Colodrero. Los ataques de buques prosiguieron en la ribera de las costas correntinas, a pesar del movimiento revolucionario paraguayo y del lógico cese de hostigamiento a Corrientes. Una flota, cuyo puerto de origen era Montevideo, atacó Corrientes e intentó el desembarco. En aquellos días los vínculos entre Asunción y Corrientes se consolidaron, debido a las coincidencias políticas que se traslucieron cada vez más notorias. La correspondencia entre autoridades de ambas jurisdicciones fue fluida. Con el transcurrir del tiempo, la Junta Gubernativa de Buenos Aires -denominada Junta Grande, por la incorporación de algunos diputados de las ciudades del interior-, se consolidó en la región e intentó precariamente organizar los espacios geográficos de la antigua jurisdicción virreinal. 

Circunstancias extrañas a estos pueblos hicieron que aquel proyecto originario se desvirtuara lenta pero inexorablemente para con el tiempo adquirir formas políticas de otra naturaleza. La provincia de Corrientes construyó constantemente con su sacrificio la gesta de la patria republicana y se distinguió como abnegada defensora de los derechos territoriales ante potencias usurpadoras. La incursión de la correntinidad en los primogénitos actos y hechos de la patria dejaron grabada su presencia y constancia para siempre. Su irrupción inicial desde los albores revolucionarios le otorgó un protagonismo preponderante en la región de influencia y, a la vez, fue marco para exaltar el desempeño de sus hombres que bregaron con su coraje por la existencia de nuestro actual país, que emergió hace más de dos siglos y todavía no termina de nacer.

FUENTE - Dardo Ramírez Braschi Juan Carlos Raffo y Profesora Mónica Vicentín.

Por Juan Carlos Raffo y Profesora Mónica Vicentín

Especial para El Litoral

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