La Batalla de Cepeda del 23 de octubre de 1859, ocurrió durante las guerras civiles argentinas y fue la segunda de las dos llevadas a cabo en la cañada del bonaerense arroyo Cepeda (afluente del Arroyo del Medio que divide las provincias de Buenos Aires y Santa Fe), a 45 km al suroeste de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, al norte de la provincia de Buenos Aires.
Se enfrentaron fuerzas de Buenos Aires, separada del resto del país, y de la Confederación Argentina, genéricamente identificada con el partido federal.
La otra bata de Cepeda (la del 1º de febrero de 1820) había iniciado la época de la disgregación argentina y de la preeminencia de los caudillos.
El ejército porteño fue derrotado y tras varias negociaciones, se llegó a una transacción a través del Pacto de San José de Flores, que reincorporaba la provincia de Buenos Aires a la Confederación Argentina.
La Batalla de Caseros en 1852, había clausurado la época de las autonomías provinciales en la Argentina, pero no los enfrentamientos entre la provincia de Buenos Aires y la Confederación Argentina. El grupo dirigente de Buenos Aires, formado por antiguos unitarios y rosistas, se negó a organizar el país a través de una Constitución federal en pie de igualdad con las demás provincias. De modo que se separaron del resto del país, estableciendo lo que se conoce como Estado de Buenos Aires. Esta gran provincia no participó en la sanción de la CONSTITUCIÓN NACIONAL de 1853, ni la aceptó, ni tampoco se consideró incorporado a la Confederación Argentina.
Durante la presidencia de Justo José de Urquiza - el vencedor de Caseros - el país quedó dividido en dos. Hubo varios intentos de invasión sobre la provincia rebelde, pero Urquiza mantuvo una política de conciliación, intentando convencer a los porteños de negociar su incorporación. Pero los sucesivos gobiernos porteños se negaron por completo. Aparecía incipiente el "Partido de la Libertad" (Que no se crea Milei, que él es el autor de esta denominación, “Partido de la Libertad”; es Valentín Alsina quien instituyó este nombre que lo consagró Gobernador - que asumió el gobierno provincial en mayo de 1857.
La Confederación, además, tenía serios problemas económicos que no lograba resolver; el comercio exterior seguía pasando casi exclusivamente por la aduana de Buenos Aires, que era -por mucho- la mayor fuente de ingresos fiscales del país. De modo que no podía sostener esa situación por mucho tiempo más. El enfrentamiento era tanto por posiciones ideológicas, pero sobre todo por el predominio político y económico, y el derecho a imponer su política económica a la otra parte.
Se inicia la guerra: El asesinato del ex gobernador de la provincia de San Juan, Nazario Benavidez por un gobierno liberal afín al de Buenos Aires inauguró la escalada hacia el enfrentamiento armado. La provincia fue intervenida por el gobierno nacional; el gobierno y la opinión pública porteña lo tomaron como una ofensa.
El curso de los acontecimientos motivó que el Congreso de la Confederación dictase, el 1º de abril de 1859, una ley por la cual Urquiza debía reincorporar en forma pacífica la provincia disidente, pero si esto no era posible ordenaba emplear las armas a la brevedad. El 6 de mayo de 1859, una ley autorizaba al presidente a usar la fuerza para obligar a Buenos Aires a reincorporarse.
El gobierno de Buenos Aires interpretó esta ley como una formal declaración de la guerra y en el mes de mayo, la Legislatura porteña dispuso repeler con sus tropas cualquier agresión: el jefe del ejército porteño, coronel Bartolomé Mitre, recibió orden de invadir la provincia de Santa Fe, mientras los buques de guerra porteños bloqueaban el puerto de Paraná, que era la capital de la Confederación. ?
Ante la inminencia del conflicto, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Paraguay trataron de interceder amistosamente. A mediados de octubre, el general Tomás Guido, comandante de la escuadra nacional, ordenó a la misma, forzar el paso de la isla Martín García. Tras un breve combate naval, la escuadra federal apareció frente a Buenos Aires; la guerra había comenzado.
¿La batalla? El ejército de la Confederación incluía 14.000 hombres, de los cuales 10.000 de caballería y 3000 de infantería; estaba artillado con 35 cañones y obuses. Incluía, además, fuertes divisiones de ranqueles. En sus filas figuraban los generales Juan Esteban Pedernera, Hilario Lagos y otros tantos. El ejército de Buenos Aires reunía 9.000 hombres, de los cuales, 4700 infantes y 4000 jinetes, con 24 piezas de artillería. En sus filas formaban generales y coroneles.
Las fuerzas de Mitre se apoyaban en el puerto de San Nicolás de los Arroyos y las de Urquiza, y las de Urquiza en el de Rosario.
El 22 de octubre de 1859, las avanzadas de ambos ejércitos chocaron en la cañada del arroyo Cepeda (que desemboca en el Arroyo del Medio del lado bonaerense). Al día siguiente, los ejércitos estaban frente a frente y Urquiza arengó a sus tropas: “He querido evitar la sangre y he procurado la paz. El gobierno de Buenos Aires se empeña en provocarnos con un ejército que no puede resistirnos. Pues bien, conquistemos por la acción de las armas una paz duradera.
En el momento en que se ponía el sol, ambos generales sabían que la batalla estaba ganada para la Confederación; en cuanto los federales dejaron de disparar sus cañones, reinó de pronto el silencio. Mitre lo hizo tapar con el Himno Nacional y otras piezas de música ejecutadas por su banda, mientras pasaba revista a sus tropas en la oscuridad. No necesitó mucho para saber que le quedaban muy pocas municiones.
Del bando porteño 100 hombres perdieron la vida, otros 90 heridos y 2.000 prisioneros. Después de la batalla Mitre inició entonces la retirada en medio de la noche, sin detenerse para dar de comer ni de beber a sus hombres. ?Al centro ubicó a los heridos y los pocos jinetes que no se habían dispersado, y a los costados los infantes; del lado exterior estaban los que llevaban sus armas sanas y cargadas.
Los federales tirotearon a los porteños, pero los tiradores de Mitre contestaron el fuego y la marcha prosiguió. Los 2.000 hombres que quedaban del ejército porteño entraban en San Nicolás. Así, dos días después de la batalla, embarcados en los buques de su armada los porteños iniciaron la retirada hacia Buenos Aires; apenas salidos del puerto de San Nicolás fueron interceptados por la flota federal pero tras un breve combate una oportuna tormenta los salvó.
Al llegar a la ciudad, Mitre anunció pomposamente que llegaba con sus «legiones intactas», lo cual era sencillamente falso. Urquiza, en cambio, avanzó rápidamente sobre la ciudad, lanzando proclamas pacifistas: Decía “ Al fin de mi carrera política, mi única ambición es contemplar desde el hogar tranquilo, una República Argentina, que me cuesta largos años de crudas fatigas… Vengo a ofreceros una paz duradera bajo la bandera de nuestros mayores, bajo una ley común, protectora y hermosa. Hubiera podido entrar a Buenos Aires por la fuerza, pero acampó en las afueras, en el pueblo de San José de Flores.. Desde allí presionó al gobernador Alsina; algunos de su partido creyeron ver que Urquiza estaba dispuesto a todo a cambio de la paz, siempre y cuando Buenos Aires se reincorporara a la Confederación. Alsina decidió no aceptar ninguna negociación, pero sus aliados lo dejaron solo y debió renunciar.
Finalmente se firmó el Pacto de San José de Flores o de Unión Nacional. La batalla y el Pacto reincorporaron de derecho la provincia de Buenos Aires a la República Argentina.
E17 de septiembre de 1861 En Pavón volvieron a enfrentarse Urquiza y Mitre; sin resultados concluyentes: La caballería de Urquiza desbandó a la porteña, pero la infantería de Mitre mantuvo el centro y quedaría eventualmente dueña del campo de batalla.
Según varios historiadores, pudo considerarse otro triunfo del ejército federal, pero este se retiró -posiblemente tras el pago de un soborno, aunque otras versiones afirman que al ser ambos masones, Mitre era de un grado superior al de Urquiza y por esto el entrerriano le debía obediencia y entregar la batalla-,? dejándole la victoria y el control de todo el país a Mitre. Cepeda fue una gran victoria del partido federal, pero terminó siendo apenas un episodio más en el camino hacia la victoria definitiva del predominio de los liberales porteños.
Serían éstos quienes reorganizarían el país a partir de 1861, imponiendo un sistema político moderno, legalmente federal, un sistema económico centrado en las exportaciones agropecuarias, y un sistema cultural de imitación de todo lo que fuera europeo.
Por Juan Carlos Raffo y Prof. Mónica Vicentín
para El Litoral