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La desaparición del avión TC-48

El 3 de noviembre de 1965 desapareció misteriosamente un avión Douglas DC 4 de la Fuerza Aérea Argentina. Llevaba 69 tripulantes, entre oficiales, suboficiales y cadetes de la Escuela de Aviación Militar, en viaje final de estudios. Entre ellos un correntino. Nunca se supo nada más de ellos.

Sabado, 04 de abril de 2026 a las 21:32

El avión desapareció misteriosamente cuando era piloteado por los comandantes Renato Filippa y Miguel Moyano llevando un contingente de cadetes de la Escuela de Aviación Militar en viaje final de estudios. La aeronave salió de la pantalla de todos los radares que la estaban siguiendo en ese momento, mientras volaba sobre las sierras de Talamanca, cerca de Costa Rica.  El lugar está cercano a la zona denominada Triángulo de las Bermudas, donde hubo muchas y misteriosas desapariciones que nunca fueron aclaradas. Este hecho se transformó con el correr del tiempo, en el misterio más grande en la historia de la Aeronáutica argentina que nunca fue aclarado, cuyo destino trágico se llevó 69 vidas. El avión era un DC 4 Douglas, para transporte de paracaidistas, preparado con todos los elementos necesarios para una emergencia, que estaban aparentemente en orden.

El avión había despegado de la base norteamericana de Howard, en Panamá, con destino a San Salvador, pero la travesía se había iniciado en Mendoza y tenía a California como destino final. Los dos aparatos argentinos que iniciaron el viaje, despegaron de Panamá con seis minutos de diferencia entre sí, pero sólo uno de ellos llegó a destino. En Honduras un avión comercial recibió un alerta del avión argentino minutos antes de que se produjera su desaparición.

Detalles
En una conferencia de prensa brindada pocos meses después, Dante Caferatta, ex marino argentino y presidente del Círculo de Observación de Fenómenos Espaciales, luego de relatar la pérdida de cuatro aviones norteamericanos en el año 1958, añadió; “esto ocurrió exactamente en el mismo lugar donde desapareció nuestro TC 48 y la Fuerza Aérea sabe muy bien que el último mensaje del piloto decía que el radio compás se muere, es decir, no tenía alimentación, pues había desaparecido toda la fuente de energía.

Volaba en una especie de zona muerta, exactamente donde habían sido reportados unos extraños objetos luminosos que se precipitaron aparentemente y se perdieron en la profundidad de la selva. Creemos firmemente que los cadetes del TC 48 están vivos, quizás raptados por seres extraterrestres o por quién sabe qué entidades. O quizás los propios indígenas, habitantes de esas selvas inaccesibles. Es hora de que, con ayuda militar o sin ella, intentemos de una vez por todas aclarar este misterio.”

Un problema insoluble
El asunto era extremadamente complicado, pues se conjeturaba sobre la posibilidad de que todas esa vidas jóvenes con un brillante porvenir, no se vieran truncadas para siempre. 

Del fondo del salón surgió entonces la voz del comodoro Eduardo Palma, Representante del NICAP diciendo que “desgraciadamente el TC 48 sufrió un trágico accidente, ese tema lo consideramos agotado, aunque nos duela muy hondo, el caso está cerrado.” No opinaba así la Comisión Pro Búsqueda al avión TC 48, que nueve años más tarde, en noviembre de 1974, solicitó una audiencia con el Poder Ejecutivo Nacional, acusando a un alto oficial tripulante del TC 43, que acompañaba a la máquina siniestrada, de haber impartido estrictas órdenes prohibiendo todo comentario sobre el suceso. Imputó asimismo a los gobiernos del país y a altos mandos de la Fuerza Aérea, de asumir una actitud altamente obstruccionista que parece inexplicable, para la investigación de este hecho.. 

En diciembre de 1967, después de una intensa búsqueda que incluyó 23 expediciones a la selva y más de 50 vuelos de aviones y helicópteros, el gobierno de Costa Rica dio por finalizada oficialmente la búsqueda.

Posteriormente, una investigación hecha por el gobierno de los Estados Unidos, concluyó que el avión cayó al mar entre Panamá y Costa Rica, a unos 30 kilómetros de la costa. Para otros investigadores, en cambio, los restos del aparato están ocultos en algún lugar de la intrincada selva. Familiares de las víctimas, lo mismo que ocurre ahora con el ARA San Juan, siguieron buscando e investigando por su cuenta, dado que los gobiernos dieron por terminado el tema.

Lograron importantes aportes, por ejemplo afirmaron la posibilidad de que el avión haya caído a tierra y no en el mar. En el 2008 la Fuerza Aérea Argentina llevó a cabo dos expediciones a la selva pero sin resultados. Una de las hipótesis señala que el avión, tras precipitarse a tierra, habría sido saqueado por los indígenas que viven en la selva y que habrían matado a los sobrevivientes para ocultar su delito. La zona está embrujada y nadie quiere hablar sobre eso, aseguran. Otra hipótesis indica que el avión pudo haber sido derribado por un misil proveniente de una base norteamericana cercana en Panamá, al confundir al avión argentino con uno de Cuba, teniendo en cuenta que Estados Unidos y Cuba no estaban en muy buenas relaciones en esa época. Al darse cuenta del error, se decidió tapar todo para evitar un grave incidente internacional. En fin, todo puede ser posible. Lo único real y concreto es que un avión de la Fuerza Aérea de Argentina con 69 personas a bordo desapareció sin dejar rastros, llevando a la muerte a 69 tripulantes. Hasta hoy no se supo nunca más nada y es un enigma pendiente de resolver.  Entre los tripulantes había cadetes de todo el país, incluyendo uno oriundo de Corrientes, de nombre Raúl Daniel Ortiz, que pasó a integrar la lista de desaparecidos en ese trágico vuelo. Ya es historia y pasó al olvido.

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