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La historia de la Escuela de Aprendices, los creadores de la mejor playa de Corrientes

Por más de tres décadas, la escuela correntina al borde del Paraná formó a jóvenes en oficios técnicos vinculados al río y la navegación.

Por El Litoral

Sabado, 30 de mayo de 2026 a las 20:20
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La postal actual de la playa Arazaty, con su extensa franja de arena, sus espacios recreativos y las inolvidables puestas de sol sobre el río Paraná, es uno de los símbolos más representativos de la ciudad de Corrientes. Sin embargo, pocos conocen que detrás de esa transformación hubo cientos de adolescentes que trabajaron en una obra monumental y que formaban parte de una institución hoy desaparecida, la Escuela de Aprendices Nº 5.

Fundada en 1943 bajo la órbita del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, la escuela se convirtió en una de las principales herramientas de formación técnica para jóvenes correntinos. Durante 34 años, abrió las puertas a chicos de familias trabajadoras que encontraban allí no solo educación gratuita, sino también una salida laboral concreta y un proyecto de vida.

Relación con el Paraná 

La relación de la escuela con el río Paraná era permanente. Su ubicación en la zona portuaria permitía que la formación estuviera estrechamente vinculada a la navegación, las embarcaciones y las obras de infraestructura costera. Los alumnos aprendían en talleres y también en escenarios reales de trabajo.

"Muchos correntinos disfrutan hoy de la playa Arazaty sin saber que detrás de esa obra estuvimos nosotros, los aprendices. Éramos muy jóvenes, pero trabajábamos junto a los técnicos y operarios en tareas fundamentales para el refulado. Veíamos cómo la arena iba ganándole espacio al río y cómo esa costa que era un bañado se transformaba poco a poco en el lugar que hoy conoce toda la ciudad", recordó a El Litoral, Víctor Manuel Zaracho.

El Litoral

Fue precisamente esa experiencia la que resultó clave cuando, a mediados de la década de 1970, el Estado nacional impulsó una de las obras más importantes para la ciudad, la creación de la playa Arazaty. En aquel entonces, gran parte de la costa estaba ocupada por malezales, zanjones y bañados que dificultaban el acceso al río.

Para transformar ese paisaje se utilizó una compleja técnica de ingeniería denominada refulado. El procedimiento consistía en extraer arena del fondo del Paraná mediante dragas y trasladarla por extensas cañerías hasta la costa, donde se iba rellenando el terreno para ganar superficie al agua.

En esa tarea participaron activamente los alumnos de la Escuela de Aprendices. Lejos de observar desde afuera, fueron protagonistas directos de los trabajos más exigentes. Operaban las líneas de cañerías flotantes, controlaban la descarga de arena y colaboraban en la distribución del material para garantizar que el nuevo terreno quedara uniforme y estable.

Además, realizaban tareas de soldadura y reparación de emergencia sobre los conductos metálicos que sufrían daños por la presión constante del agua, la arena y las piedras. Muchas veces esos arreglos debían efectuarse en pleno río, en condiciones complejas y con jornadas de intenso trabajo.

Los jóvenes también cumplían funciones de mantenimiento mecánico dentro de las dragas pertenecientes al Ministerio de Obras Públicas. Allí verificaban motores, bombas hidráulicas y sistemas de funcionamiento para asegurar que el refulado pudiera continuar sin interrupciones.

Cómo Corrientes ganó terreno en el Paraná 

Otra de las tareas fundamentales fue la limpieza y el perfilado de la costa. Los aprendices retiraron vegetación, sedimentos y materiales blandos para consolidar la nueva superficie. Gracias a ese esfuerzo cotidiano, Corrientes ganó terreno al Paraná y logró conformar el espacio donde décadas más tarde se desarrollaría uno de los balnearios urbanos más emblemáticos de la Argentina.

Detrás de aquella obra existía un modelo educativo que hoy parece difícil de imaginar. Los alumnos asistían ocho horas diarias, de lunes a sábado, durante once meses al año. La formación combinaba teoría y práctica, permitiendo que los estudiantes se graduaran con una sólida capacitación en oficios como soldadura, tornería, mecánica, fresado, herrería y carpintería.

"La Escuela de Aprendices nos daba una formación extraordinaria. Pasábamos ocho horas por día estudiando y trabajando, aprendiendo oficios que después nos permitían salir directamente al mercado laboral. Para muchos chicos de familias humildes fue una oportunidad única. Por eso seguimos manteniendo viva la memoria de la escuela, porque no solo nos enseñó una profesión, también nos enseñó disciplina, responsabilidad y el valor del trabajo", destacó a El Litoral, Víctor Manuel Zaracho. 

La propuesta educativa también incluía beneficios poco habituales para la época. Todos los ingresantes recibían una beca estatal, contaban con seguro de vida, obra social y realizaban aportes jubilatorios que luego eran reconocidos para su retiro. El objetivo era garantizar una formación profesional integral y facilitar la inserción laboral de los jóvenes.

En 1977, la Escuela de Aprendices cerró definitivamente sus puertas y su inventario fue transferido a otras dependencias. Aunque el establecimiento desapareció, su legado sigue presente en la ciudad. No solo por los miles de técnicos y trabajadores que formó, sino también porque una de las obras más queridas por los correntinos lleva la huella de aquellos estudiantes.

Cada 3 de junio, cuando se conmemora en Argentina el Día del Aprendiz, la historia vuelve a cobrar relevancia. Y junto con ella resurge el recuerdo de aquellos jóvenes que, mientras aprendían un oficio, ayudaron a construir una de las postales más famosas de Corrientes: la playa Arazaty, un espacio que hoy disfrutan miles de personas sin imaginar que fue levantado con el esfuerzo y el trabajo de generaciones de aprendices correntinos.

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