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n Tiempos de guerra civil (1877-1880) El movimiento sedicioso del Partido Liberal. Juan Vicente Pampín apenas pudo gobernar un poco más de un año, pues falleció el 9 de Marzo de 1876 y quedó al frente de la provincia el vicegobernador, José Luis Madariaga, que era miembro del Partido Liberal (El menor de los tres hermanos famosos: Joaquín, Manuel y José Luis) pero que, enojosas relaciones con sus propios copartidarios, hizo inclinar sus afectos, por medio del periódico “La Verdad”, antes de asumir el Poder Ejecutivo. El fallecimiento del gobernador Pampín hizo que el vicegobernador Madariaga sea constitucionalmente gobernador. Fue el 24to. en la cadena constitucional de mando y poder de Corrientes.
Madariaga residía en Paso de los Libres cuando fue llamado a ejercer el Poder Ejecutivo. Algunas voces le previnieron que sectores afines al gobernador fallecido, en la Capital, trataban de impedir su elevación al poder, Ello hizo que retardara su viaje, a fin de combinar, con el ex gobernador Miguel Victorio Gelabert -que estaba en Mercedes-; con Luciano Cáceres -hijo del ya desaparecido caudillo, Nicanor-; y otros jefes del sur provincial, los medios de sofocar la supuesta revuelta anunciada.
Madariaga incluso llegó a conferenciar -cuando venía hacia la Capital- con el coronel Raymundo Fernández Reguera, llamado por él, en uno de los Pasos del Batel.
El movimiento no sucedió. ¿Fue falsa la alarma? Desde el núcleo liberal capitalino se dijo que “la falsedad tenía por objeto precipitarlo a Madariaga ya contra los liberales, y él la creyó”, y que “nadie pensó en tal cosa” pues, si el proyecto hubiera existido, “no habrían impedido su ejecución, porque la fuerza pública de la capital y de la campaña estaba en manos de los supuestos conspiradores y se contaba, además, con el pueblo”.
Hay que darle la derecha a Mantilla ya que, cuando falleció Pampín, el Gobierno quedó en poder de los liberales ortodoxos pues, aunque Benito Villegas, como legislador a cargo del Poder ejecutivo, se encargó -provisoriamente- del mando hasta el 23 de Marzo,  y nada se innovó. La Administración continuó como la había constituido el Mandatario desaparecido: ministros, jefes de fuerzas, autoridades superiores de la capital y campaña.
De esto se infiere que, si las sospechas federales eran ciertas, Villegas hizo caso omiso de las tentaciones rebeldes y se impuso la uniforme opinión de respetar la imposición de la ley. Sin embargo, la idea de una insurgencia permanecerá en la mente de los federales, la que se hará pública más adelante en testimonios escritos del propio gobernador Madariaga. Los “Federales” que mencionamos, son los que fueron los “fusionistas” que consagraron Gobernador a Gelabert y que pasaran en 1877 a llamarse “Autonomistas” de la mano de Manuel Derqui.
En realidad, si el supuesto movimiento se registraba, se adelantaban los tiempos de la guerra civil, sin dejar de lado que, un paso semejante, hubiese desencadenado represalias presidenciales. No hay que olvidar que a la élite liberal -que rodeaba al ex gobernador Pampín-, se les había ocurrido sospechar, incluso, que éste pudo haber sido asesinado por envenenamiento.
José Luis Madariaga asumió la Primera Magistratura el 23 de Marzo de 1876. Se constituía así en el 24to. Gobernador constitucional propietario de la provincia y debía completar el período 1874-1877. Varios proyectos, que el desaparecido Juan Vicente Pampín había querido llevar a la práctica, fracasarán a su muerte.
A principios de 1877, la división del fusionismo se tornó evidente y se modificaron nuevamente las agrupaciones políticas en la provincia. El autonomismo o federalismo, liderado por Manuel Derqui, concentraba el control del Ejecutivo Provincial. El nacionalismo, que reunió bajo su ala a los mitristas con los alsinistas y fusionistas que no aceptaban el rol de Madariaga ni de Derqui como dirigentes del fusionismo, contaba con mayoría en la representación legislativa nacional. 
Bajo este contexto, las elecciones a gobernador que debían realizarse a fines de 1877, serán concebidas como una oportunidad óptima para destrabar la aparente equiparación de fuerzas que ostentaban uno y otro grupo.
Sin embargo, Madariaga pensó -en un primer momento- que podría volverse a la política de conciliación del denominado “fusionismo”, recreado en tiempos del ex gobernador Gelabert y quien probablemente lo sedujo con esa idea y, por ello, confirmó en sus carteras a los ministros liberales de Gregorio Pampín, los doctores José Luis Cabral y Nicanor García de Cossio. Sin embargo, ambos renunciarán a sólo 15 días de ser confirmados en sus cargos, el 6 de Abril de 1876. ¿Qué había sucedido en el ínterin?
El cambio ministerial de Abril de 1876 obedeció a un curioso incidente que da una pauta del antagonismo político que existía, que hasta llegaba al terreno de la agresión personal.
Pelea callejera - El ex gobernador Gelabert llegó a la Capital cinco días después que el vicegobernador Madariaga que debía asumir como Gobernador. El diario “La Verdad” registró poco después escritos suyos, plagados de críticas hacia sus adversarios políticos. 
El destino hizo que ambos hombres se encontrasen, casualmente, en una misma vereda. De este hecho privado, con consecuencias institucionales, obran en nuestro poder dos versiones, que son las siguientes, revela la Enciclopedia Virtual Correntina y dice así:
La primera versión: fue dada a conocer por el doctor Hernán Félix Gómez la que, años después, será reproducida por el profesor Antonio Emilio Castello, y dice así: “Dirigiéndose el ex gobernador Gelabert a la Casa de Gobierno, fue atacado por un grupo de personas entre las que se encontraba el señor Mosqueda, que había sido Jefe de Policía del Gobernador Pampín.    “El agredido fue oportunamente defendido por el capitán Solís que, casualmente, se encontraba en el lugar, consiguiendo así conservar su integridad física y llegar a su destino.“Llegado el ex gobernador Gelabert a la Casa de Gobierno requirió la intervención de la fuerza pública y, airadamente solicitó al gobernador que se castigara a los autores del atropello”. “Pero el procedimiento de intimidación de los opositores también se extenderá al doctor Severo Fernández, quien fue agredido en la vía pública, revólver en mano, por una eminente figura del liberalismo, el doctor Manuel Florencio Mantilla, siendo oportunamente salvado, esta vez, por dos distinguidas señoras, Dolores Hidalgo de Toledo y Luisa Blanco que, enérgicamente, se interpusieron entre el agresor y el agredido”. 
La segunda versión fue dada por uno de los protagonistas de estos hechos, el doctor Manuel Florencio Mantilla, quien relata lo siguiente: “... provocado el doctor (Rivera), aplicó (éste) a Gelabert una buena paliza.
“Como este hecho mereció tanta importancia y, por otra parte, Gelabert lo refiere frecuentemente a su modo, y agregó a su relato la siguiente narración: Ocurrió así:“El doctor Rivera iba a su casa por la vereda de la acera en que estaba Gelabert; éste conversaba en los corredores de la suya con el Ayudante de Gobierno Santiago Solís.“No sabemos si, por buscar pleito o por necesidad, cuando el doctor Rivera fue visto, Gelabert caminó a su encuentro y al enfrentarse ambos, Gelabert dio un empellón al doctor Rivera, diciendo: “Salga de aquí, pícaro”. 
“El ofendido levantó, entonces, su grueso bastón de ballena e hizo sentir su peso en la cabeza del agresor...
“Después de algunos instantes, Gelabert atropelló al ‘inhumano’, agarrándose del bastón y, en la lucha por quitárselo, recibió nuevos golpes de puño en la boca y en la nariz, los que le hicieron saltar sangre”.
“En eso pasó casualmente por el lugar, el Jefe de Policía; les intimó desapartarse y, no siendo obedecido, se introdujo entre ellos, en momentos que también llegaba el Ayudante Solís, a quien Gelabert decía: ‘¡Mate a este pícaro; hachéelo!’.
“El Jefe de Policía ordenó a Solís que se abstuviera de hacer nada, pero, desobedeciéndolo también, saltó de su caballo, con espada en mano, y se dirigió al grupo.“El doctor Rivera soltó el bastón, para ir a su encuentro. “¡Párese, Solís! -le dijo, teniendo el revólver montado- porque lo mataré!”.
“La contestación de aquél fue descargarle un hachazo, que felizmente no tocó a Rivera porque, al ver el movimiento, se aprovechó de la corta distancia y atropelló a Solís tomándole la espada cerca de la empuñadura y, acto continuo, lo dio en tierra a golpes de revólver en la cabeza, porque no quiso matarlo.
“Cuando Gelabert vio esto, abandonó el bastón al Jefe de Policía y salió corriendo, sin sombrero y dando gritos, en dirección a la Casa de Gobierno. Allí pidió el inmediato fusilamiento de los ‘bandoleros revolucionarios”. 
Más allá de los pormenores, el gobernador José Luis Madariaga repudió estas agresiones llevadas a cabo “por adictos del ex gobernador Pampín”. El caso era policial o, cuando más, un delito particular; pero Madariaga lo tomó como cuestión de Estado.
En nombre de los “altos intereses públicos” comprometidos con la paliza, y, sin miramientos a sus ministros (que también eran liberales), destituyó al Jefe de Policía, nombró Inspector de Armas (empleo que no existía), al comandante Ramón Acosta, destituyó a todos los Comisarios de Sección y empleados de Policía, despachó chasques a la campaña y telegramas al Litoral, autorizando a sus correligionarios para que se apoderasen del Gobierno de los Departamentos y, según Mantilla, bajo la presión de la “exaltación del mártir” (Gelabert) y por consejo de la élite federal, ordenó la prisión del ex Jefe de Policía, del Fiscal del Estado, del Jefe del Archivo, del doctor Rivera y de varios ciudadanos más. 
El grupo liberal se sintió desplazado por la nueva situación, produciéndose así el alejamiento de ese sector del liberalismo correntino que pasó, decididamente, a la oposición y que tendrá como vocero al periódico “El Argos”, del que era copropietario el doctor Mantilla. Nunca fue de tanta trascendencia una pelea callejera entre dos hombres. 
Estos escándalos fueron el punto de arranque de la completa variación de las cosas existentes, el camino de una nueva situación, y necesitaban ser justificados o, por lo menos, explicados.     Otra historia nace a partir de ahora con la Fundación del Partido Autonomista.

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