¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

Navegábamos en demanda del Iguazú por el Alto Paraná, tan majestuoso, tan  hechizante. Y a nuestros ojos y nuestra sensibilidad -aun en aquellos de temperamento menos vibrantes, se habían extasiado ante las tonalidades maravillosas de las aguas, de las puestas de sol y de las lujuriantes islas y riberas cuando el barco pasaba cerca de los juncales y se escuchaba la música de las aves del bosque y otros rumores que han dado motivo a las leyendas más diversas.

La niebla suele ser peligrosa para la navegación, allí como en ninguna otra parte. La marcha debe ser lenta y se requiere la experiencia del “baqueano”, del hombre acostumbrado  a través de varios lustros de navegación por el río, a salvar los peligros. 

Esta circunstancia frecuente dio motivo a que atracáramos en el puerto de Ituzaingó. Recuerdo que era el anochecer y después de la cena y cuando el pueblo estaba envuelto en las sombras, resolvimos salir a recorrerlo, ávidos de descubrir cosas interesantes. Emoción nueva para quienes no conocen poblaciones como aquellas, calles empalmadas y penumbrosas. 

Apareció alguien para guiarnos hasta lo de La Tere, cuya casa organizaba un baile esa noche, pues era sábado. Creció nuestra curiosidad ante una invitación tan inesperada imaginándonos ya lo interesante del cuadro que podrían ofrecer a nuestros ojos. Cerca del puerto a pocos metros de la esquina de una ancha calle recuerdo que había  un “boliche”, cuyas paredes lucían pieles, de yacaré, de lampalaguas. La luz mortecina caía sobre el mostrador, tras el cual una pareja al vernos pronunció palabras en guaraní, nos miró con pupilas redondas, no dejó de llamar nuestra atención por su tipismo la presencia de un hombre grueso, ancho de espalda quien lucía  con  presuntuosidad un cinturón de cuero de ciervo de cuatro hebillas, adornado con monedas que no dejaba ver el cabo del revólver.

Un pañuelo celeste se anudaba al cuello, moreno y recio. A su lado permanecía sentada una mujer de larga falda blanca y bata suelta de color oscuro. Nos miraron con la suspicacia que se mira a un desconocido. Se sorprendieron ante nuestra negativa a beber. El chico permanecía a nuestro lado, y cuando salimos rumbo a lo de la Tere, nos precedía una comitiva. 

¿Dónde sería lo de la Tere?,   Ya nos habíamos alejado unas ocho cuadras del puerto, o más durante la oscuridad, a la distancia se escuchaba arpegios de guitarras, voces y el chirrear, todo lo que se confundía con el olor del campo, del río y del ritmo de bailes y de jarana. Los cantores entonaban chamamé y surgía la cadencia romántica. (Juan García Orosco). FUENTE Publicación de la Revista YURÚ PETÉ año 1950.

Los bailes en los ranchos y clubes populares en la década de 1950 eran el epicentro de la vida social. Al compás de orquestas típicas, jazz y ritmos folclóricos, las familias y los jóvenes se reunían a bailar en celebraciones populares, las cuales destacaban por su música, su código de vestimenta y un ambiente festivo y bullicioso.

El rancho e´la Cambicha es una conocida canción del folklore argentino, escrita en Corrientes por Mario Millán Medina, que dio origen a un nuevo género musical, “El Rasguido Doble”. Fue también la primera canción folklórica en haber obtenido un éxito masivo, con la interpretación de Antonio Tormo en 1950. Con ella se inicia el período conocido como boom del folklore en la música popular argentina.

El rancho de la Cambicha se encontraba en las afueras de Goya. La letra de la canción está plena de palabras, situaciones y elementos característicos de las provincias de la Mesopotamia argentina. El autor adopta la identidad de un campiriño, gaucho o trabajador rural correntino. El gaucho relata su preparación y expresa su excitación frente al hecho de que esa noche habrá baile en el rancho de la Cambicha. La Cambicha, según cuenta el propio Millán Medina, era una payesera, es decir, una hechicera, que tenía su rancho en las afueras del pueblo. Emilio Noya, en su libro "Historiando cantares", cuenta que se trata de Cambicha Moreyra, quien regenteaba en la década de 1940 un boliche en las afueras de Goya. Cambicha es un diminutivo cariñoso y femenino, equivalente a negrita, que proviene de la palabra cambá, término guaraní para designar a las personas de piel oscura o negra.

La letra describe con realismo el ambiente festivo y picaresco del baile, que se realizará esa noche y que el relator describe imaginándolo y anticipándose al mismo. 

En la primera parte de la canción se refiere al baile mismo, describiendo la forma en que los entrerrianos (los tagüé) bailan el chamamé (chamamé milongueado, troteando despacito, haciendo mención al sobrepaso, uno de los pasos característicos del chamamé). 

En la segunda parte, se refiere detalladamente a la vestimenta que usará: camisa planchada, bombacha bataraza, pañuelo celeste al cuello, faja roja, alpargatas y sombrero de ala en cuyo cintillo colocará una flor. Como remate el gaucho llevará al baile un frasco de agua florida (Florida Water), la mundialmente famosa agua perfumada de origen estadounidense con el fin de rociar con ella a las jóvenes (las guainas) y un paquete de pastillas para convidar. Su expectativa entonces, es llegar a bailar esa noche "con la dama más mejor". 

En el estribillo, la letra se refiere a las bromas y la alegría de la fiesta ("van a estar lindas las chanzas") incluyendo la expresión ja-ja-ja-ja ja-ja como segundo verso, elemento que caracteriza la canción al ser interpretada y a continuación menciona la seducción que esa noche desplegará ("le hablaré lindo a las guainas").

La canción dio origen a un nuevo ritmo, el rasguido doble o sobrepaso, un típico estilo correntino que su creador desarrolla observando la forma que los entrerrianos bailaban e interpretaban el chamamé.

Antonio Tormo vendió 5 millones de discos, un récord nunca superado en Argentina, una cantidad que prácticamente implicaba que todos los hogares con tocadiscos habían comprado un ejemplar.

En 1998, con 84 años interpretó la canción por televisión, en el micro programa musical "Este amigo del alma" del músico Lito Vitale, en su versión clásica acompañado de tres guitarras. 

FUENTE: “REVISTA Yurú Peté” 
Profesora Mónica Vicentín y  Juan Carlos Raffo.

PUBLICIDAD

MÁS LEÍDAS

PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD