Vio la luz en El Mercantil del 1º de marzo de 1802, era Martínez y Cirez, en compañía de su esposa, generoso en la dádiva. Sus puertas estaban francas a los menesterosos y al testar no olvidaron a sus pobres ni a sus sobrinas solteras, dotándolas a todas al par que liberando y beneficiando a sus esclavos. A la Patria naciente también ayudó. Recuerda Manuel Belgrano en sus memorias. (Toca en este lugar - expresa el creador de nuestra bandera nacional) mencionar a Isidoro Fernández Martínez que nos ayudó mucho hasta llegar a Concepción de Yaguareté Cora, donde se sumó Pedrito Ríos, el que se suma a nuestras huestes con su redoble que lo inmortalizó como “El Tambor de Tacuarí.
Rodeado del afecto de su esposa y sus sobrinas María Francisca Lagraña y Acosta, pasó sus años en la achatada ciudad que había historiado, con un sentido amplio y generoso de la vida, afanoso en su trabajo, afecto a las cosas del pasado, con cuyas enseñanzas daba contenido a sus actos. De tal modo se evadía de la horizontalidad en que vivían los hombres aquella época, adhiriéndose fuertemente a la religión de sus mayores, como Síndico del Convento de San Francisco, hermano de la Cofradía de la esclavitud y Hermano patentado del Convento de Santo Domingo, en la ciudad de Corrientes y del Colegio San Carlos del convento Franciscano de San Lorenzo.
A fines de 1830 sus achaques se agudizaron, obligándole al comenzar el siguiente año a redactar sus disposiciones testamentarias, para “evitar con la claridad las dudas, que por su defecto puedan suscitarse después de nuestro fallecimiento y no tener a la hora de éste, algún cuidado temporal que nos obste pedir a Dios con todas las verás remisión que esperamos de nuestros pecados”. En la mañana densa y calurosa del 29 de enero de 1831, el cuerpo del muy ilustre señor Isidoro Martínez y Cires, amortajado con el hábito de San Francisco de Asís, atravesaba las arenosas calles de la ciudad camino al cementerio de los padres franciscano, donde recibiría silenciosa y modesta sepultura. En el marco de la historiografía correntina es habitual considerar que entre Corrientes y el Paraguay siempre ha existido un fuerte lazo surgido en los tiempos coloniales, que atravesó momentos de vinculación armónica así como otros de tensión y enfrentamiento por disputas territoriales.
Así finó la existencia del primer cronista que tuvo Corrientes. Después Manuel Serapio Mantilla, Ramón B. Contreras, Manuel Vicente Figuerero, Hernán Félix Gómez, Valerio Bonastre, Ángel Acuña y Francisco Manzi. Estructurarían la crónica correntina mediante el estudio paciente y racional, expresando en valiosos aportes para el conocimiento de nuestro pasado.
Los hermanos Robertson que frecuentaron su amistad, le juzgaron con estas justicieras palabras: “Vi en Corrientes por el tiempo que yo me encontraba, uno de los mejores espécimen que había visto en Sudamérica de un español chapado a la antigua.
Cómo ha sido tratado el vínculo entre ambas ciudades en obras fundamentales de la historiografía correntina sobre el período colonial y cuáles fueron los condicionantes que operaron en el contexto de producción de cada obra. El corpus seleccionado está compuesto por la Relación histórica de la ciudad de San Juan de Vera de las siete Corrientes y partidos de su jurisdicción (Isidoro Martínez y Cires (1802), publicada en el Telégrafo Mercantil). Lecciones de historiografía de Corrientes (1929) de Manuel Vicente Figuerero e Historia de la Provincia de Corrientes (1929) de Hernán Félix Gómez.
En 1811, la actuación de Belgrano en la resolución de otro conflicto que afectaba al cabildo correntino dio lugar a que su antiguo alcalde Isidoro Martínez y Cires expusiera ante el vocal de la Junta revolucionaria Manuel Belgrano la totalidad de los problemas de jurisdicción pendientes.
Habrá que esperar a 1802 para que, Isidoro Martínez y Cires, publique en varias entregas del Telégrafo Mercantil su “Señalamiento primero de jurisdicción, que se hizo a esta ciudad en orden a límites en sus confines, y se da idea de la demarcación que podría hacerse en su estado presente”. Alude allí al acta de fundación y pasa revista a los litigios con Paraguay, por el puesto de Curupaití; con Misiones por las estancias de algunos pueblos ubicados al oeste del río Corriente y del Iberá; y luego, más al sur el límite del río Miriñay entre Yapeyú y Curuzú Cuatiá, para luego señalar que la jurisdicción de la ciudad alcanzaba hasta el río Mocoretá y el Guayquiraró. No se conoce otra descripción más detallada y documentada de estas cuestiones que la realizada por Isidoro Martínez y Cires. 14 La obra de Manuel Florencio Mantilla (1853-1909), constituye la primera visión general del pasado de la provincia de Corrientes. Miembro de una familia vinculada al partido liberal, finalizado sus estudios de Derecho en Buenos Aires, regresó a Corrientes en 1874 y se dedicó al periodismo. Entre 1878 y 1880 fue ministro del gobierno liberal de Felipe Cabral. En junio de 1880, abandonó la provincia para exiliarse en el Paraguay. Luego de un efímero retorno en 1882, cuando se iniciaba el ciclo de gobiernos autonomistas decidió radicarse definitivamente en Buenos Aires, donde se puso al frente de la actividad opositora de los emigrados de su partido. Su período de máxima producción histórica se inicia con el exilio en el Paraguay y alcanza su punto culminante con la elaboración de la Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes (1897). Sus escritos históricos convirtieron a Mantilla en el referente fundamental de la historia provincial hasta la aparición de los primeros estudios elaborados por hombres como Manuel Vicente Figuerero, Valerio Bonastre y Hernán Gómez, quienes continuaron la línea abierta por la labor precursora de Mantilla y, en algunos casos produjeron importantes rectificaciones.
Isidoro Martínez y Cires, alcalde del Cabildo correntino, fue quien elaboró la primera crónica histórica para Corrientes, publicada en el Telégrafo Mercantil en 1802.
FUENTE: Juan Carlos Raffo, Profesora Mónica Vicentín y todos nuestros grandes historiadores.
Por Federico Palma en la Revista Yurú Peté