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Hiroshima y Nagasaki, el fin de la Segunda Guerra Mundial

Una fecha histórica que marcó a fuego la entrada del ser humano humano en la era atómica fue el 6 de agosto de 1945, cuando la primera bomba atómica, cayó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, con un saldo de 50.000 muertos en el momento y otro tanto en días posteriores.

Sabado, 08 de agosto de 2026 a las 23:12

El segundo objetivo fue la ciudad de Nagasaki, tres días después, un 9 de agosto de 1945, cuando la segunda bomba, llamada "Fat man" estalló con un mecanismo de contacto en la ciudad, causando menos muertos, aunque también la devastación fue total. En total, en las dos explosiones, hubo más de 200.000 muertos y los miles que siguieron muriendo luego.

El bombardero B-29 que llevó la bomba sobre Hiroshima, era un cuatrimotor bautizado "Enola gay" y estaba al mando del coronel Paul Tibbets, un experimentado oficial que ignoraba el objetivo de su misión. El mutismo en que estaba sumida toda la tripulación se debhía a que estaban  conscientes que en el vientre del avión llevaban una poderosa bomba capaz de cambiar el destino de la guerra. El dispositivo se llamaba "LItle Boy". El bombardero fue precedido por otro avión que iba adelante haciendo el reconocimiento meteorológico. Fue pasando el parte de las distintas ciudades elegidas para ese primer bombardeo y la única que presentaba un cielo limpio de nubes, era Hiroshima, que de esta forma fue elegida como la ciudad mártir en el primer bombardeo atómico de la humanidad. sus más de 300.000 habitantes vieron como si la luz de mil soles se desataba sobre ellos y transformaba todo en fuego y muerte.

Exactamente a las 8,15 de esa mañana y volando a unos 11.000 metros de altura, el avión soltó la bomba en paracaídas, que estando a unos 600 metros sobre la ciudad, estalló y liberó su carga mortal. Al instante en  un radio de 5 km. todo ser viviente animal o vegetal, fue pulverizado, tal la violencia de la explosión. "Dios mío, que hemos hecho?" fueron las palabras del coronel Tibbets, al ver como el avión temblaba y se movía aún a esa altura. Los que estaban más lejos sintieron como la piel se les caía, al igual que la carne del cuerpo. Era el apocalipsis. Al poco tiempo la radio de Tokyio informó al pueblo japonés de lo ocurrido en Hiroshima, ante el horror del país y el mundo. Al día siguiente, todos los diarios del mundo dieron la noticia en primera plana. La ciudad de Hiroshima había sido destruida en un 60%.

La segunda bomba, lanzada esta vez sobre Nagasaki, tenía un dispositivo de contacto que estalló al hacer contacto con el suelo. Fue un 9 de agosto de 1945, tres días después de Iroshima, un día como hoy. El número de muertos fue de 40.000 al instante, un poco menos que en Hiroshima. Continuar con la guerra sería un suicidio. EEUU amenazó con seguir lanzando bombas atómicas, pero lo que no sabían los japoneses es que ya no tenían más bombas nucleares en su arsenal, llevaba mucho tiempo acondicionar el uranio para armar las bombas.

Afortunadamente no hizo falta más, porque en septiembre, el imperio japonés se rindió incondicionalmente, en una reunión oficial, a bordo del acorazado "Missouri" anclado en la bahía de Tokyo, ante las más altas autoridades de los países beligerantes, entre ellos el representante personal del emperador japonés Hiroito.

El milagro de la estatua

Un hecho que se puede considerar milagroso por los japoneses católicos, fue que cuando estalló la segunda bomba, entre los edificios quemados y destruidos, estaba la catedral de Urakami, donde había una estatua de la Virgen María, de madera, que resistió incólume a la explosión. Todos coincidieron que este era un hecho milagroso. La onda expansiva ardiente pulverizó la ciudad, dejando más de 70.000 muertos en total. Nada se salvó, casas, muros, personas, animales. Pero la estatua de la Virgen María sobrevivió a esa hoguera infernal. El saldo final de la Segunda Guerra Mundial fue de unos 65 millones de muertos, una locura humana que ojalá que nunca se repita, aunque nos estamos debatiendo diariamente en pequeñas guerras en todo el mundo que constantemente producen muchas víctimas inocentes. Parece que el ser humano no aprende.

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