La antigua sala de calle 9 de Julio (casi Mendoza), transformada desde hace un lustro en un complejo cinematográfico, era la última sobreviviente de un tiempo de gloria en el que el cine era una institución social. El Colón fue inaugurado en 1942 por la familia Liotti cuando el denominado “Séptimo Arte” tuvo un extraordinario crecimiento en el mundo y, en particular, en la Argentina.
En la década del ‘50 la ciudad de Corrientes llegó a tener cinco salas: el cine “Rex” (por calle Junín casi Catamarca), el cine “Itatí” (por calle Yrigoyen frente a la plaza Libertad), el cine “Corrientes” (por calle Mendoza casi Junín) y el cine “San Martín” (por avenida 3 de Abril y Alberdi), además del cine “Colón”. En el Teatro Vera también se proyectaban películas.
De aquellos años en que la pantalla grande era el principal entretenimiento de las familias (de clase media) y propiciaba salidas nocturnas “al centro”, viene la historia del Colón. En ese período comenzó a cimentar su atractivo que se mantuvo, pese a las obligadas transformaciones y los cambios de firma.
El empresario Roberto Giovanetti fue el último en gerenciar la sala. Le tocaron tiempos difíciles, pero también computó algunos años de bonanza. Sin embargo el balance dio un resultado negativo, el menos querido: el cierre.
La irrupción de la televisión (abierta) y luego los canales por cable, marcó una fuerte competencia con el cine. Lo puso en jaque, pero no lo derribó. No fue sino hasta el salto tecnológico, que también llegó a los hogares, en que comenzó la declinación. La proliferación de los video reproductores y más cerca en el tiempo la aparición de los DVD terminaron de desbarrancar al cine como atractivo.
Mientras otros cines desaparecían, el Colón se mantuvo firme. Adoptó sus gigantesas salas en microcines para ampliar la oferta, pero no alcanzó.
Además se mantuvo, hasta el final, como la única empresa de cine. En la ciudad asomaron otras propuestas en el mismo segmento, pero acompañadas con salas de juego y shopping.
Según Gionvanetti no fue la “competencia” lo que marcó el final, sino un controvertido litigio judicial que lo privó de seguir brindando “un cine artesanal”, tal como definió a su negocio.
El cierre -presuntamente definitivo- del Colón se aceleró con un fallo de la Justicia que dio la razón a la familia Liotti, propietaria del edificio donde funcionaba el cine. Se trata de un reclamo por el pago de un canón, cuyo monto tampoco había podido ser actualizado pese a las negociaciones que se llevaron a cabo.
La demanda se inició hace varios años y pasó por distintas instancias judiciales hasta que recayó en el Superior Tribunal de la provincia. El fallo habría sido condenatorio para el empresario, que decidió cerrar las puertas.
Ayer, en declaraciones a la prensa, Giovanetti explicó que tenía un acuerdo por el usufructo del edificio con uno de los integrantes de la familia Liotti, “pero son cinco hermanos y bueno, aparecieron los otros hermanos y fue imposible continuar adelante”.
En un comunicado que distribuyó a los medios, titulado “El último cine de Corrientes”, Giovanetti se comparó con “Espartaco”, aquel memorable filme, dirigido Stanley Kubrick y que protagonizó Kirk Douglas sobre la vida del esclavo que se reveló contra el imperio romano y fue crucificado.
Giovanetti dice en su nota: “aquella escena final en que Espartaco y sus compañeros son quemados vivos, conformando una hilera de teas ardientes para iluminar el camino a Roma, son las mejores de la película que hoy queremos recordar como un símbolo de las miles y miles que se proyectaron en este cine que se cierra, precisamente por su mensaje solidario”.