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Ultraje al arte ... y al amor

Por El Litoral

Miércoles, 16 de diciembre de 2009 a las 21:00
A la superiora Assunta Pittaro le hubiese encantado verse reflejada en la escultura de tamaño natural que en su recuerdo realizara el artista Julio Mac Donald y que se encuentra emplazada a la vera del río Paraná, en la costanera “General San Martín”. Para quienes no la conocieron y en su habitual paseo se detienen ante el monumento de la monjita que extiende sus manos para acariciar a dos niños, la religiosa había nacido en Montegliano, Udine, Italia, el 21 de marzo de 1906 y fue bautizada como Argentina María en homenaje de su padre a nuestro país. Huérfana desde muy pequeña, ingresó a la congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, donde recibió al ordenarse el nombre de María Assunta.
En Corrientes, su obra fue ejemplo de vocación al servicio de los demás, privilegiando a los niños siempre. En el año 1945 se hizo cargo del asilo maternal sobre calle 9 de Julio, hasta transformarlo en una instituto modelo, la Escuela Nº 160 “Nuestra Señora de la Misericordia”. Sor Assunta recibió en vida muchos reconocimientos, pero ninguno tan preciado por ella, como el saludo cálido de sus alumnos y ese “¡Viva Jesús Superiora!” con que la recibían cada mañana y al que respondía: “¡En nuestros corazones!”
La escultura de Mac Donald le hubiese encantado por ese motivo, porque estaba al lado de sus niños. La obra del artista, muy bien lograda, refleja a pesar de la frialdad del cemento y del hierro en que fue trabajada, el gesto de amor, actitud que primó en cada acto de esa mujer aparentemente frágil que hasta el último día de su vida mantuvo incólume su objetivo de dar y hacer el bien, en nombre de su fe católica.
Hace apenas 14 meses (en octubre del año 2008) se inauguró el Paseo de la Misericordia, después de una larga espera. A instancias de la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes, se eligió el lugar, muy cerca del puente “General Manuel Belgrano”, se acondicionó el predio que figura un coqueto balcón hacia el río.
Hoy el lugar florece a pesar de todo y aunque el río permanece inmutable, algunas cosas han cambiado en el paisaje cotidiano. Las manos de los niños que alzan su mirada hacia Sor Assunta, han sido arrancadas a mansalva, al igual que los anteojos de la educadora. Una actitud mezquina perpetrada por anónimos visitantes, al amparo de las sombras de la noche, más no así de su conciencia.
Inútil resulta preguntarse por qué, cuando el país tiembla ante una ola de violencia que es “sensación de inseguridad” para unos pocos. Inútil pero no vano el deseo de revertir esta conducta que revela la falta de educación para cometer semejante atropello hacia el arte y hacia el ejemplo de vida al servicio del prójimo, que en su legado de amor, dejara Sor Assunta Pittaro para quienes tuvimos el honor de conocerla.
MM

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