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Panza llena, corazón en riesgo

Por El Litoral

Domingo, 08 de julio de 2012 a las 01:00
Una pregunta frecuente que escuchamos en el consultorio es: ¿Todas las obesidades son iguales? Hoy podemos decir que, luego de décadas de estudios, se sabe con certeza que no, que cada tipo de obesidad presenta sus propias características y sus factores de riesgos asociados.  En este caso vamos a tratar sobre la obesidad abdominal, que es la medida a nivel de la cintura umbilical.
La obesidad abdominal constituye un poderoso indicador de riesgo cardiovascular. Es la obesidad más frecuente en el hombre, y en la mujer luego de la menopausia.
A partir de los ´90 se descubrió, además, que el tejido adiposo no es sólo acumulación de grasa, sino que es un tejido muy activo que cuando está cargado de grasa, se inflama y  produce cientos de sustancias que actúan en órganos y tejidos esenciales del cuerpo (hígado, músculo, páncreas, cerebro, vasos sanguíneos) aumentando el riesgo de enfermedad cardiovascular (infarto y accidente cerebrovascular).
Los estudios indican que la composición de la grasa visceral, que se acumula dentro del abdomen y envuelve el intestino, y su función son diferentes a la que realiza la grasa de otras partes del cuerpo.
La grasa intraabdominal produce sustancias (hormonas y mediadores de la inflamación, llamadas adipokinas; adipo=grasa) que desencadenan efectos negativos en el organismo.
¿Qué producen estas adipokinas? Producen inflamación de las arterias, contribuyendo a la aterosclerosis, aumentando así el riesgo de un episodio coronario. También ayudan a la progresión de la obesidad a la diabetes.
En el abdomen, el tejido adiposo no sólo hace daño porque está en exceso. Hoy en día se sabe que es un “tejido adiposo enfermo”, que disminuye su capacidad para seguir almacenando grasa en condiciones de balance calórico positivo (es decir, disminuye su capacidad de seguir recibiendo grasa en él mismo), haciendo que las células grasas se “desborden” y así la grasa se deposite en otros órganos,  vitales para la salud: hígado, músculo, células beta del páncreas, cardiomiocito. A esto se llama depósito extra-adipocitario de ácidos grasos, y es una causa de hígado graso, diabetes, y enfermedad coronaria.
También en la obesidad abdominal se reduce  la producción de una sustancia llamada adiponectina, que protege contra la diabetes, lo que ocasiona que el trabajo de la insulina sea deficiente. Cuando esta sustancia falta, se produce resistencia a la insulina y posteriormente prediabetes y diabetes. Asimismo, al disminuir esta vital hormona el hígado produce sustancias inflamatorias que permiten el depósito de ateromas en las arterias.

Controles
El estudio mundial Interheart incluyó la obesidad abdominal dentro de “los nueve factores que desencadenan un infarto cerebral, arterial o cardiovascular”. La obesidad abdominal, junto a la glucemia elevada, hipertensión arterial y  bajo colesterol HDL (colesterol bueno) potencia el riesgo de que se formen trombos o coágulos y el riesgo de infarto agudo de miocardio.
La fórmula usada para saber si tiene exceso de grasa abdominal es simple. Tiene que medir la cintura a nivel del ombligo, con una cinta métrica inextensible, con el abdomen en espiración (es decir, abdomen relajado, sin “meter panza”).
Si tiene más de 88 cm en la mujer, o más de 102 cm en el hombre, se considera de alto riesgo cardiovascular. Si bien para los que vivimos en Latinoamérica actualmente algunas sociedades científicas proponen valores más bajos aún, considerando la prevalencia creciente de obesidad es importante ser realista y tener un objetivo alcanzable.
Para combatir la obesidad existen cuatro caminos. Los dos primeros son indispensables; un plan alimentario adecuado y actividad física permanente. Los dos restantes son optativos y dependen del paciente y son medicación y la cirugía.
Como conclusión, quisiera reforzar el concepto de “Obesidad como Enfermedad”. Como enfermedad que requiere tratamiento, en un marco de profesionales idóneos. El fracaso del tratamiento, muchas veces tiene que ver con malas elecciones de tratamientos, que llevan a veces a objetivos imposibles de sostener en el tiempo. Cada paciente necesita (y merece) un traje a medida, con las herramientas que hoy la ciencia nos brinda, para lograr a través de la pérdida de peso, la reducción del riesgo cardiovascular y metabólico, sostenido en el tiempo.

Para combatir la obesidad abdominal
ACTIVIDAD FÍSICA
Un estudio en los EE.UU. con mujeres de 50 a 74 años mostró que se puede eliminar el 6% de la grasa abdominal caminando cinco veces por semana en un plazo de un año.
Por otro lado, contrariamente a lo que mucha gente cree, los abdominales no combaten la grasa visceral intraabdominal. Todos podemos hacer actividad física. Para algunos, la actividad será sólo realizar movimientos sentado en la silla o en el borde de la cama;  para otros, caminar una o dos cuadras. Y para otros, concurrir a una pileta, caminar 30 o 60 minutos, bailar o ir al gimnasio. Lo importante es salir del sedentarismo, y comenzar a moverse.
PLAN ALIMENTARIO
Si bien no existen alimentos específicos que eviten la acumulación de grasa visceral, un plan alimentario balanceado, controlado en calorías, con fibras, verduras, frutas, menos grasas saturadas y de origen animal, ayuda a perder peso.
La reducción, por ejemplo, de 8,5 centímetros en la cintura significa una pérdida de grasa visceral que va de 20% a 40%.
Para prevenir la ganancia de peso, habria que tener una diferencia de 100 cal/d entre lo que comemos y lo que gastamos. Por ejemplo, comer 50 calorias menos (una rodaja de pan lactal menos al dia) y gastar 50 calorías más por día (unas 12 cuadras). Esto apunta a evitar la “dieta loca”. La idea es promover hábitos más saludables, con pequeños cambios posibles y sostenibles.
MEDICACIÓN
Si está indicado pueden usarse medicamentos aprobados por el ANMAT para combatir la obesidad. Existe en Argentina actualmente sólo un fármaco aprobado: olristat (un inhibidor de la absorción de grasa).
Nuevo fármaco: la FDA (agencia reguladora de medicamentos de USA) acaba de aprobar (junio 2012) un nuevo fármaco: lorcaserin, un agonista del receptor 2HTC de serotonina, que aumenta la saciedad. Si bien todavía no se comercializa en el país, los resultados de los estudios muestran que este nuevo fármaco promueve el descenso de sólo 3-5% peso corporal.
CIRUGÍA
Si la obesidad es severa y el paciente ha intentado bajar de peso durante al menos 2 años,  la cirugía de la obesidad es de primera elección, siendo en este grupo de pacientes el único tratamiento efectivo de la obesidad.
Al tratarse de pacientes que tienen muchas veces otras enfermedades asociadas (hipertensión, diabetes, hígado graso, apnea del sueño, etc), para evaluar la opción quirúrgica realizamos una valoración clínico-nutricional y psicológica previa. Al mismo tiempo, los profesionales que integramos el equipo interdisciplinario realizamos el seguimiento postquirúrgico a fin de lograr resultados óptimos no sólo en el descenso de peso sino también en la calidad de vida. En el seguimiento son muy útiles también los grupos de apoyo, donde junto a otros pacientes, comparten el camino de la recuperación del peso y del “salir” de la obesidad.

* Especialista en Nutrición y Endocrinología del Centro Cien

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