¡Buen día! “El cuento de las rosas es que, siendo tan hermosas, no conocen que lo son”. Lo escribió José María Pemán, el poeta y dramaturgo español. Su mayor encanto consiste en no tener conciencia de su encanto.
Sucede, por ejemplo, con los chicos pequeños, que resultan encantadores mientras ignoren esa peculiar condición de la niñez. Con el pasar de los años ella suele ir esfumándose, aun cuando hay personas que, de adultas, la siguen manteniendo.
A propósito del tema, rescaté de mi vieja colección de recortes hermoso texto que apareció como suelto en un diario correntino. Sin autor a la vista, la página se titula: “El encanto personal”. Rescato unas pocas frases:
“El encanto personal es el arma secreta, la suprema seducción contra la cual hay pocas defensas. Si uno la posee, no necesita dinero, ni belleza, ni linaje. Es un don, que se da para ser dado a su vez, y que cuanto más se da más se tiene.
El encanto personal es un arma, un perfume invisible que flota en el aire. Si se ve, se pierde el hechizo. El encanto es dinámico y no puede suprimirse a voluntad. En cuanto a sus elementos, no hay fórmula fija. Una gran cantidad de ingredientes van en el caldero, pero sus mágicos efectos deben ser totales. No es posible estar ‘casi’ o ‘parcialmente’ encantado.
En la mujer, el encanto personal es probablemente más completo que en el hombre, y requiere una gran variedad de sutilezas. Es cierto fulgor en el rostro, la peculiar efusión de una bienvenida, un sostenido aire de satisfacción por nuestra compañía y callado pesar ante una despedida. La mujer con su encanto personal no encuentra a ningún hombre insulso. En realidad, en su presencia, él se transforma no sólo en un ser distinto, sino en la case de persona que anhela ser. Una mujer así de vida a sus ilusiones más hondas, porque agrega la necesaria fuerza de convicción a la vieja sospecha de que él es rey. El encanto envuelve a la mujer en ese resplandor de felicidad que atrae al hombre, quien, ante el carácter femenino, reafirma su masculinidad y renueva su impulso vital…”
Los puntos suspensivos señalan que el texto prosigue; pero también que el tema da para algún comentario. Entre mujeres, sobre todo.
¡Hasta mañana!