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Mercosur: abrir y flexibilizar el bloque

Por Marcelo Elizondo 
Especialista en negocios internacionales. 
Nota publicada en el diario Clarín.

El futuro gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil podría producir en Argentina no pocos efectos económicos. Son siete las grandes reformas económicas propuestas por el presidente electo que pueden modificar las condiciones del vínculo; aunque su implementación requerirá la superación de varios desafíos: lograr aprobaciones en el Congreso donde el oficialismo no será mayoritario, superar la reacción de algunos afectados, ejercer capacidad técnica por parte de un equipo económico sin experiencia en la función pública y obtener acuerdos internacionales en el Mercosur.
Un conjunto de cuatro reformas (contracción del déficit público, reducción de impuestos, restricción de cotizaciones sociales para achicar el costo laboral y flexibilización de regulaciones económicas) podrían, a mediano plazo, impulsar la inversión y mejorar la productividad. Ello tendría, en principio, buen impacto en Argentina dado que Brasil es el principal mercado para nuestras exportaciones, que llegarán este año a unos 11.000 millones de dólares (17% del total de nuestras ventas al exterior -el doble de lo que generan los que le siguen en relevancia: Estados Unidos y China). Pero Brasil supo explicar 25% del total de exportaciones argentinas a inicios de este siglo (y hace 6 años generaba 21%, cuando compró 17.000 millones de dólares a Argentina), por lo que podría esperarse una recuperación de la intensidad de ese vínculo.
Otras dos reformas anunciadas se refieren al plano internacional: Bolsonaro y su futuro ministro Paulo Guedes esperan flexibilizar el Mercosur en busca de que sus miembros puedan celebrar autónomamente acuerdos comerciales o de inversión con terceros países y sin necesidad de hacerlo en bloque.
Su propósito es acordar con grandes economías, lo que parece lógico dado que Brasil es la novena mayor economía mundial, es cada año uno de los 10 principales receptores de inversión extranjera directa (IED) del planeta, y es sede de 35 de las 100 principales multinacionales latinoamericanas (multilatinas).
Brasil recibió el año pasado más de 70.000 millones de dólares de IED (casi 7 veces lo que llegó a Argentina) y, a la vez, sus empresas emitieron más de 6.000 millones de dólares de inversiones al exterior (es el mayor emisor de Latinoamérica). Cuenta un stock de IED desde el inicio del siglo de 780.000 millones de dólares (diez veces lo que tiene Argentina) y aspira a una mayor interacción económica internacional. Esto puede impactar por doble vía en Argentina.
En primer lugar, dado que el Mercosur supone libre comercio entre sus socios, pero cuenta con un elevado arancel externo común, los exportadores argentinos a Brasil (unas 3.000 empresas -muchas pymes industriales-) mantendrían su beneficio de ingreso sin pago de arancel a ese mercado, pero (si los objetivos se concretan) perderían la exclusividad de ingreso con esa preferencia arancelaria y se someterían a una competencia con empresas de terceros países que hoy deben pasar por el arancel externo. Ello exigiría mayor competitividad a las empresas argentinas.
El Mercosur perdería centralidad para Brasil, aunque debe decirse que el comercio intrabloque ya ha caído 30% desde su pico de 2011.
Pero teniendo Brasil una inserción comercial externa leve en relación con la dimensión de su economía (es apenas el 26° exportador mundial) estos cambios podrían facilitar mayores negocios brasileños con otros relevantes mercados, e incrementar -consecuentemente- la demanda hacia proveedores argentinos para que estos ingresen en cadenas de valor binacionales (la Oecd ha calculado que, en promedio, en el mundo las exportaciones llevan en sí 25% de partes importadas y las inversiones externas generan importaciones por el 32% de sus importes).
Una última reforma propuesta, consistente en una modificación del régimen previsional en un sistema de capitalización, completa un giro que -si lograra aplicarse eficazmente- podría generar una mejora en el marco de referencia de la actividad económica en Brasil.
No pocos observadores, no obstante, esperan con preocupación constatar qué tipo de calidad institucional y clima democrático se observará en Brasil, y este no es un capítulo menor en la implementación de reformas.
Así, las relaciones bilaterales podrían basarse en un Mercosur menos rígido y cerrado que además Argentina podría usar para lograr nuevas alianzas internacionales propias con autonomía; en un Brasil más internacionalizado; y en una asociación redefinida para sustentar relaciones económicas apoyadas en atributos competitivos más que en garantías políticas.

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Mercosur: abrir y flexibilizar el bloque

Por Marcelo Elizondo 
Especialista en negocios internacionales. 
Nota publicada en el diario Clarín.

El futuro gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil podría producir en Argentina no pocos efectos económicos. Son siete las grandes reformas económicas propuestas por el presidente electo que pueden modificar las condiciones del vínculo; aunque su implementación requerirá la superación de varios desafíos: lograr aprobaciones en el Congreso donde el oficialismo no será mayoritario, superar la reacción de algunos afectados, ejercer capacidad técnica por parte de un equipo económico sin experiencia en la función pública y obtener acuerdos internacionales en el Mercosur.
Un conjunto de cuatro reformas (contracción del déficit público, reducción de impuestos, restricción de cotizaciones sociales para achicar el costo laboral y flexibilización de regulaciones económicas) podrían, a mediano plazo, impulsar la inversión y mejorar la productividad. Ello tendría, en principio, buen impacto en Argentina dado que Brasil es el principal mercado para nuestras exportaciones, que llegarán este año a unos 11.000 millones de dólares (17% del total de nuestras ventas al exterior -el doble de lo que generan los que le siguen en relevancia: Estados Unidos y China). Pero Brasil supo explicar 25% del total de exportaciones argentinas a inicios de este siglo (y hace 6 años generaba 21%, cuando compró 17.000 millones de dólares a Argentina), por lo que podría esperarse una recuperación de la intensidad de ese vínculo.
Otras dos reformas anunciadas se refieren al plano internacional: Bolsonaro y su futuro ministro Paulo Guedes esperan flexibilizar el Mercosur en busca de que sus miembros puedan celebrar autónomamente acuerdos comerciales o de inversión con terceros países y sin necesidad de hacerlo en bloque.
Su propósito es acordar con grandes economías, lo que parece lógico dado que Brasil es la novena mayor economía mundial, es cada año uno de los 10 principales receptores de inversión extranjera directa (IED) del planeta, y es sede de 35 de las 100 principales multinacionales latinoamericanas (multilatinas).
Brasil recibió el año pasado más de 70.000 millones de dólares de IED (casi 7 veces lo que llegó a Argentina) y, a la vez, sus empresas emitieron más de 6.000 millones de dólares de inversiones al exterior (es el mayor emisor de Latinoamérica). Cuenta un stock de IED desde el inicio del siglo de 780.000 millones de dólares (diez veces lo que tiene Argentina) y aspira a una mayor interacción económica internacional. Esto puede impactar por doble vía en Argentina.
En primer lugar, dado que el Mercosur supone libre comercio entre sus socios, pero cuenta con un elevado arancel externo común, los exportadores argentinos a Brasil (unas 3.000 empresas -muchas pymes industriales-) mantendrían su beneficio de ingreso sin pago de arancel a ese mercado, pero (si los objetivos se concretan) perderían la exclusividad de ingreso con esa preferencia arancelaria y se someterían a una competencia con empresas de terceros países que hoy deben pasar por el arancel externo. Ello exigiría mayor competitividad a las empresas argentinas.
El Mercosur perdería centralidad para Brasil, aunque debe decirse que el comercio intrabloque ya ha caído 30% desde su pico de 2011.
Pero teniendo Brasil una inserción comercial externa leve en relación con la dimensión de su economía (es apenas el 26° exportador mundial) estos cambios podrían facilitar mayores negocios brasileños con otros relevantes mercados, e incrementar -consecuentemente- la demanda hacia proveedores argentinos para que estos ingresen en cadenas de valor binacionales (la Oecd ha calculado que, en promedio, en el mundo las exportaciones llevan en sí 25% de partes importadas y las inversiones externas generan importaciones por el 32% de sus importes).
Una última reforma propuesta, consistente en una modificación del régimen previsional en un sistema de capitalización, completa un giro que -si lograra aplicarse eficazmente- podría generar una mejora en el marco de referencia de la actividad económica en Brasil.
No pocos observadores, no obstante, esperan con preocupación constatar qué tipo de calidad institucional y clima democrático se observará en Brasil, y este no es un capítulo menor en la implementación de reformas.
Así, las relaciones bilaterales podrían basarse en un Mercosur menos rígido y cerrado que además Argentina podría usar para lograr nuevas alianzas internacionales propias con autonomía; en un Brasil más internacionalizado; y en una asociación redefinida para sustentar relaciones económicas apoyadas en atributos competitivos más que en garantías políticas.