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Sólo chicanas y bravuconadas

Después de la dureza de Nicolás Maduro al hacer frente a la embestida de Juan Guairó -con el apoyo de Colombia, Estados Unidos y otras naciones que apoyan al presidente encargado de los destinos de Venezuela-, respecto al ingreso de la ayuda humanitaria al país caribeño, la situación hoy está en una especia de no innovar
La medida cautelar de no innovar, como en general toda otra medida de seguridad, se orienta a preservar, mientras se sustancia el proceso principal, la inalterabilidad de determinada situación de hecho o de derecho y su finalidad consiste en impedir que mediante su alteración por las partes durante el curso del proceso, la sentencia se torne de cumplimiento imposible o el derecho que ella reconoce, ilusorio.
Lo cierto es que desde ese entonces y hasta ahora, el caótico tema Venezuela es la clásica parafernalia de ambas partes en conflicto: acusaciones cruzadas, amenazas, denuncias y un sinfín de peroratas que se asemejan más a una riña de patota barrial que un enfrentamiento verbal diplomático.
Mientras esto corre, Maduro sigue gobernando y exponiendo toda su verborragia de sandeces sin sustento.
Por eso no extraña que haya desplegado el sábado una nueva batería de amenazas que incluyeron a Juan Guaidó, Leopoldo López, miembros del partido Voluntad Popular y hasta el embajador español en Venezuela.
“Qué nos respeten por las buenas o por las malas, pero que nos respeten”, advirtió Maduro ante los suyos durante una marcha de apoyo en el que denunció el enésimo plan para matarlo.
Maduro dijo que la Policía desmanteló un complot para asesinarlo dirigido por Juan Guaidó y anunció nuevas detenciones. “Al títere diabólico le acabamos de desmantelar un plan que dirigía él personalmente para matarme”, dijo Maduro en referencia al presidente encargado, reconocido por más de 50 países. “En los próximos días seguramente habrá nuevas capturas, de nuevos terroristas, llámense como se llamen”, agregó en un acto público plagado de advertencias y ataques contra sus opositores que se llamó, paradójicamente “contra el terrorismo y el odio”.
La tozudez de Maduro tiene que ver con el apoyo que cuenta por parte de China y Rusia, como así también de otros países -como el caso de Uruguay y México- que no reconocen la presidencia interina de Guaidó.
Más aún: La llegada de dos aviones militares rusos al aeropuerto de Maiquetía, en Caracas, la tarde del sábado ha desatado todo tipo de suspicacias sobre las funciones que van a desempeñar el centenar de militares que viajaban en ellos. Según explicaron fuentes de la Embajada de Rusia en Venezuela a la agencia de noticias oficial Sputnik, las aeronaves portaban material y funcionarios para cumplir con varios acuerdos militares entre ambos países. Maduro intenta mostrarse fuerte en todo momento, y ante cualquier denuncia contra su gobierno reacciona con fiereza. 
Bastó que Michelle Bachelet, alta comisionada para los derechos Humanos de Naciones Unidas, denunciara la grave situación que vive el país bolivariano y de que en la Organización de Estados Americanos (OEA) mostrara un estremecedor video sobre un centro de torturas clandestino, para que el régimen detuviera a uno de los más estrechos colaboradores de Guaidó, su jefe de Gabinete, Roberto Marrero.
Mientras, Estados Unidos sigue amenazando con más sanciones económicas, y Guaidó respecto a la detención de Marrero, responde con actitud patoteril: Marrero: “¿Vienen por mí? Dale, aquí estamos”.
El presidente interino advirtió que aumentará la presión en la calle contra el régimen de Maduro, sin dejarse “distraer” por montajes, después de que el mandatario le acusara de haber dirigido un plan para asesinarlo.
La tensión que se vivía días atrás dio paso a chicanas y bravuconadas en ambas partes.

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Sólo chicanas y bravuconadas

Después de la dureza de Nicolás Maduro al hacer frente a la embestida de Juan Guairó -con el apoyo de Colombia, Estados Unidos y otras naciones que apoyan al presidente encargado de los destinos de Venezuela-, respecto al ingreso de la ayuda humanitaria al país caribeño, la situación hoy está en una especia de no innovar
La medida cautelar de no innovar, como en general toda otra medida de seguridad, se orienta a preservar, mientras se sustancia el proceso principal, la inalterabilidad de determinada situación de hecho o de derecho y su finalidad consiste en impedir que mediante su alteración por las partes durante el curso del proceso, la sentencia se torne de cumplimiento imposible o el derecho que ella reconoce, ilusorio.
Lo cierto es que desde ese entonces y hasta ahora, el caótico tema Venezuela es la clásica parafernalia de ambas partes en conflicto: acusaciones cruzadas, amenazas, denuncias y un sinfín de peroratas que se asemejan más a una riña de patota barrial que un enfrentamiento verbal diplomático.
Mientras esto corre, Maduro sigue gobernando y exponiendo toda su verborragia de sandeces sin sustento.
Por eso no extraña que haya desplegado el sábado una nueva batería de amenazas que incluyeron a Juan Guaidó, Leopoldo López, miembros del partido Voluntad Popular y hasta el embajador español en Venezuela.
“Qué nos respeten por las buenas o por las malas, pero que nos respeten”, advirtió Maduro ante los suyos durante una marcha de apoyo en el que denunció el enésimo plan para matarlo.
Maduro dijo que la Policía desmanteló un complot para asesinarlo dirigido por Juan Guaidó y anunció nuevas detenciones. “Al títere diabólico le acabamos de desmantelar un plan que dirigía él personalmente para matarme”, dijo Maduro en referencia al presidente encargado, reconocido por más de 50 países. “En los próximos días seguramente habrá nuevas capturas, de nuevos terroristas, llámense como se llamen”, agregó en un acto público plagado de advertencias y ataques contra sus opositores que se llamó, paradójicamente “contra el terrorismo y el odio”.
La tozudez de Maduro tiene que ver con el apoyo que cuenta por parte de China y Rusia, como así también de otros países -como el caso de Uruguay y México- que no reconocen la presidencia interina de Guaidó.
Más aún: La llegada de dos aviones militares rusos al aeropuerto de Maiquetía, en Caracas, la tarde del sábado ha desatado todo tipo de suspicacias sobre las funciones que van a desempeñar el centenar de militares que viajaban en ellos. Según explicaron fuentes de la Embajada de Rusia en Venezuela a la agencia de noticias oficial Sputnik, las aeronaves portaban material y funcionarios para cumplir con varios acuerdos militares entre ambos países. Maduro intenta mostrarse fuerte en todo momento, y ante cualquier denuncia contra su gobierno reacciona con fiereza. 
Bastó que Michelle Bachelet, alta comisionada para los derechos Humanos de Naciones Unidas, denunciara la grave situación que vive el país bolivariano y de que en la Organización de Estados Americanos (OEA) mostrara un estremecedor video sobre un centro de torturas clandestino, para que el régimen detuviera a uno de los más estrechos colaboradores de Guaidó, su jefe de Gabinete, Roberto Marrero.
Mientras, Estados Unidos sigue amenazando con más sanciones económicas, y Guaidó respecto a la detención de Marrero, responde con actitud patoteril: Marrero: “¿Vienen por mí? Dale, aquí estamos”.
El presidente interino advirtió que aumentará la presión en la calle contra el régimen de Maduro, sin dejarse “distraer” por montajes, después de que el mandatario le acusara de haber dirigido un plan para asesinarlo.
La tensión que se vivía días atrás dio paso a chicanas y bravuconadas en ambas partes.