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Domingo 15de Septiembre de 2019CORRIENTES19°Pronóstico Extendidoclima_sol_noche

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Pruebas

Por José Ceschi

¡Buen día! La vida está llena de pruebas. Algunas pequeñas, otras pesadas. Generalmente nos llegan sin esperarlas y hacemos todo lo posible por espantarlas. Sin embargo, debiéramos aprender que toda prueba es un desafío a nuestra capacidad de mejorar. Ella purifica, así como el fuego purifica al oro en el crisol. Es una poda, a veces muy dolorosa, pero siempre necesaria. A propósito de poda ¿conoce la copla del jardinero? Está en el librito del padre Menapace “Las abejas de la tapera”. Mientras corta sus ramas, el jardinero le va cantando al rosal; “No tengas miedo a la poda/ cuando es verde tu madera./ Yo no busco lo que saco,/ me interesa lo que queda”. Dios es el jardinero de nuestra vida, no el hachero, a quien solo le interesa lo que saca. En las angustias de la prueba corremos peligro de sentirlo a Dios distante. Sin embargo, está mucho más cerca de lo que suponemos. Lea, por favor, estos renglones que siguen. Aunque ya los haya visto alguna vez, esta mañana podrá tener un sabor nuevo: “Una noche tuve un sueño. Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor. A través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: una era mía y la otra del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaba solo un par de pisadas en la arena. Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles y angustiosos de mi vivir. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor:
“Señor, tú me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarás siempre conmigo, todo el camino; pero durante los peores momentos de mi vida había en la arena de los caminos de mi vida solo un par de pisadas. No comprendo por qué tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba”. El Señor me respondió: “Mi querido hijo: yo te amo, y jamás te abandonaría en los momentos de sufrimiento. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas, fue justamente allí donde yo te cargué en mis brazos”…
¡Hasta mañana!

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Pruebas

Por José Ceschi

¡Buen día! La vida está llena de pruebas. Algunas pequeñas, otras pesadas. Generalmente nos llegan sin esperarlas y hacemos todo lo posible por espantarlas. Sin embargo, debiéramos aprender que toda prueba es un desafío a nuestra capacidad de mejorar. Ella purifica, así como el fuego purifica al oro en el crisol. Es una poda, a veces muy dolorosa, pero siempre necesaria. A propósito de poda ¿conoce la copla del jardinero? Está en el librito del padre Menapace “Las abejas de la tapera”. Mientras corta sus ramas, el jardinero le va cantando al rosal; “No tengas miedo a la poda/ cuando es verde tu madera./ Yo no busco lo que saco,/ me interesa lo que queda”. Dios es el jardinero de nuestra vida, no el hachero, a quien solo le interesa lo que saca. En las angustias de la prueba corremos peligro de sentirlo a Dios distante. Sin embargo, está mucho más cerca de lo que suponemos. Lea, por favor, estos renglones que siguen. Aunque ya los haya visto alguna vez, esta mañana podrá tener un sabor nuevo: “Una noche tuve un sueño. Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor. A través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: una era mía y la otra del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaba solo un par de pisadas en la arena. Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles y angustiosos de mi vivir. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor:
“Señor, tú me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarás siempre conmigo, todo el camino; pero durante los peores momentos de mi vida había en la arena de los caminos de mi vida solo un par de pisadas. No comprendo por qué tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba”. El Señor me respondió: “Mi querido hijo: yo te amo, y jamás te abandonaría en los momentos de sufrimiento. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas, fue justamente allí donde yo te cargué en mis brazos”…
¡Hasta mañana!