Un estudio del que formó parte el docente correntino Germán Soto, ganador del premio Maestros Argentinos, determinó que la bimodalidad de las clases en el país resulta “ineficiente” para garantizar la continuidad pedagógica entre los sectores en situación de vulnerabilidad. Basada en una encuesta a educadores y educadoras, la investigación también concluyó en la necesidad de reconfigurar los espacios en las aulas.
Soto, quien también es finalista del certamen internacional Global Teacher Prize, presentó la semana pasada una investigación en la que analizó el estado de las escuelas argentinas en el contexto de la pandemia, haciendo foco en el sistema de burbujas con el que se están organizando las clases presenciales. El trabajo lo realizó junto con su colega María Cristina Gómez, ambos integrantes de la Red de Educadores Innovadores, mediante una encuesta en línea que se difundió entre docentes de toda la Argentina. El universo recogió la información de 565 educadores y educadoras del nivel inicial al superior; a quienes se les consultó sobre las modalidades con las que se articulan las clases en sus escuelas, cantidad de burbujas en las que se desempeñan y sobre las condiciones edilicias y materiales con las que trabajan.
De entre las conclusiones a las que arribaron, destacaron que la bimodalidad de clases. Es decir, la alternancia de virtualidad y presencialidad “ha demostrado ser ineficiente en proporcionar continuidad pedagógica a los sectores más vulnerables”. De acuerdo con los datos recabados, “apenas el 21%” de los estudiantes “accedió a la presencialidad, y el 73% a diferentes opciones de alternancia”.
En ese sentido, señalan que “en la bimodalidad que estamos registrando, los estudiantes alternan los días que asisten a la escuela, dependiendo de las condiciones de infraestructura que la escuela ofrece”, por lo que “hay estudiantes que tendrán menos de un tercio de clases presenciales en este ciclo escolar”. “No solo irán una semana al mes, sino que la abrumadora mayoría cumplirá la mitad de la jornada escolar o menos”, puntualizaron.
En diálogo con El Litoral, Soto explicó que el objetivo es que las autoridades educativas y sanitarias puedan incorporar estos nuevos conocimientos, de manera de mejorar la calidad de enseñanza en el contexto de la pandemia. “Hay nueva información sobre la transmisión del covid-19 por el aire, o con las vacunas mismas, que son útiles a la hora de diagramar la presencialidad”, indicó.
En tanto, entre otras conclusiones, el estudio también hace hincapié en la necesidad de “verificar la distribución” del alumnado en las aulas, teniendo en cuenta que hay una reconfiguración de los estándares internacionales respecto al número de estudiantes por burbuja. “Educadores españoles manifestaban que en 50 metros cuadrados no entraban los 15 estudiantes, y la gran mayoría de las escuelas poseen una superficie cercana”, subrayan.
Por último, aseguran que “se debe incorporar como insumo de verificación y control al detector de dióxido de carbono, imprescindible para (...) avisar la necesidad de ventilación inmediata” durante el invierno.
(GMC)