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La puja por no ser y el año 23

Por El Litoral

Domingo, 11 de julio de 2021 a las 01:02

Por Emilio Zola

Especial Para El Litoral

Es viernes 9 de julio y anochece. El teclado suma palabras al archivo de Word mientras el tiempo juega en contra. Desde el momento en que esta columna atravesó los procesos editoriales que la convirtieron en parte de la edición de El Litoral de hoy, domingo 11 de julio, los datos y pensamientos aquí expuestos pasaron a integrar la hilera fugaz de los hechos del pasado reciente, posiblemente incompletos y seguramente apresurados.

El desafío de este breviario es, entonces, luchar contra la senectud programada de lo descartable, que se abalanza sobre la noticia para envejecerla con la velocidad del rayo, una vez conocidos los detalles de un hecho sumamente esperado como la definición de candidaturas para una elección gubernativa. 

Aun a riesgo de caer en la futurología de las predicciones esotéricas, en las horas previas a la fecha límite para inscribir postulantes, arrojamos las cartas del tarot periodístico para explorar una hipótesis tentadoramente verosímil, pues las actitudes de las fuerzas políticas anotadas para la competencia del 29 de agosto incitan a la adivinación nostradámica.

Partimos de lo consabido: el gobernador Gustavo Valdés es el candidato que encabezará las listas de Encuentro por Corrientes, consagrado por el radicalismo y respaldado por un racimo de 32 partidos políticos en la versión más ecuménica de la formación oficialista, que también llega a esta instancia con la mayoría de sus candidatos municipales definidos. El más gravitante es sin dudas Eduardo Tassano, jefe capitalino que corrió con la extraña ventaja de haber sido, hasta ayer, la única figura de ECo+Vamos Corrientes en condiciones de diseccionar a su rival, el vicegobernador Gustavo Canteros.

Lo del vice que saltó el cerco para conseguir una butaca en el peronismo orgánico se adelantó a todo. Pero después de eso, un enorme signo de interrogación se dibujó en el firmamento del justicialismo hasta que en el tramo final de los conciliábulos afloró el nombre de Fabián Ríos, anotado para rivalizar con el primer mandatario provincial después de una negociación inimaginable entre púgiles que no se peleaban por ganar, sino por arrojarse a la lona.

Sí, aunque cueste creerlo, en una organización política con la vocación de poder que alguna vez caracterizó al PJ, tuvo lugar una inaudita pulseada interna no para ser, sino para no ser. Las deliberaciones más encumbradas del baluarte opositor triangulaban entre Camau, Pitín Aragón y Ríos, en una calesita desde la que nadie se atrevía a estirar la mano para quedarse con la sortija.

Es que el puesto de potencial gobernador dejó de ser un premio en el PJ. En vez de funcionar como un aeróstato capaz de elevar la trayectoria del ungido, la candidatura devino tóxica y actúa como lastre para quien se calce el yelmo en quijotesca cruzada contra un líder en ejercicio cuyas chances para conquistar su segundo mandato crecen minuto a minuto.

La metódica construcción de la marca Valdés derivó en una oferta electoral magnética para la correntinidad, que conforme se acerca la hora de las urnas solidifica un escenario desmoralizante para sus contendientes. Según marcan las encuestas que el oficialismo ni siquiera se preocupa por difundir, nunca antes un gobernador radical tuvo tantas a su favor, como tampoco nunca antes el justicialismo estuvo tan desmovilizado.

La paradoja de que el único postulante del PJ que exhibe sus pretensiones sin ponerse colorado sea un gajo injertado, que ayer nomás formaba parte del convoy oficialista, desnuda la debilidad estructural de un PJ corroído por su propia insuficiencia para construir. De haber sido gobierno en 1973, de la mano del caudillo Julio Romero, a este presente insulso, el peronismo correntino descendió a las catacumbas de la política hasta transformarse en una oficina de timbrado que responde a los impulsos e intereses de una camarilla demasiado angosta.

La bellaquería de los que descubrieron el negocio del divisionismo terminó por hundir al partido de la calle Salta. Ni la candidatura de Camau Espínola en su mejor momento, allá por 2013, alcanzó para remontar un destino desdichado que tocó fondo en 2017. En ese momento, contra toda lógica, el intendente Ríos desdobló los comicios municipales y partió en dos la oferta electoral, embriagado por su propio ego, celoso de la luz propia que por entonces irradiaba el medallista.

Nadie entendió aquella jugada kamikaze de Ríos, cuya derrota a manos de Tassano marcó el camino para un nuevo traspié provincial de Espínola. En ese momento, con el sendero pavimentado por sus adversarios, el sillón de Ferré quedó en manos de Gustavo Valdés al mismo tiempo que el PJ perdió el bastión capitalino, la última porción territorial con gravitación demográfica para confrontar con esa poderosa máquina de ganar que desde sus inicios ha sido ECo.

Ahora es otro cantar. En la primera elección de la tercera década del siglo, las candidaturas del PJ vienen a ser prácticamente testimoniales. Lo de Ríos, que será acompañado en la fórmula por el diputado Martín Barrionuevo, es como cruzar el Jordán en busca de la redención. Una indemnización psicológica para los compañeros que se quedaron sin nada hace cuatro años, en una suerte de postulación inmolatoria a cambio de la cual recibió el compromiso de continuidad en la gerencia de Yacyretá, donde hace algunos años dirige las obras de “Añá Cuá”.

Mismas condiciones rigen para Canteros, delfín del interventor Juanchi Zabaleta, con quien habría acordado el aterrizaje en un cargo nacional en caso de que la taba le caiga mal. El actual vice, en una voltereta que pudo haber tenido mejores oportunidades hace cuatro años, intenta jugar como líbero en medio de una lista con predominancia de peronistas marca líquida. Por eso quiso reclutar al deportista olímpico Sebastián Crismanich, pero su invitación fue desestimada por el hombre de oro y el partenaire sería otro peronista de la “orga”.

En el andarivel de ECo, las cosas marcharon sin sorpresas. Valdés buscó la lealtad incombustible de un hombre PRO como Pedro Braillard Poccard, a quien terminó de elegir cuando su actual escudero de binomio cambió de camiseta. El actual senador que logró reinventarse luego de su desventurada experiencia como gobernador al final de la tormentosa década del 90 garantiza previsibilidad, una virtud que podría permitirle volver a un cargo en el que ya demostró sus cualidades de copiloto, como número dos de Ricardo Colombi en el período 2009-2013.

Puede que Pedro no lleve multitudes al cuarto oscuro, pero para eso está Valdés. Su aporte es un nexo de sintonía política con el esquema nacional de Cambiemos, donde el mandatario provincial podría cotizar en alza cuando llegue el momento cumbre de las presidenciales 2023.

El gobernador correntino forma parte de una nueva generación política que se halla en plena expansión y su perfil encaja a la perfección con el proyecto que el radicalismo intentará presentar en dos años, cuando llegue el momento de articular una propuesta superadora del atormentado modelo albertista.

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