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La vida no vale nada

La poesía como la realidad nos pone en camino de la verdad. Será porque lo verdadero es cierto. No tiene dobles interpretaciones.

Domingo, 18 de diciembre de 2022 a las 01:00

LA VIDA NO VALE NADA.
Pablo Milanés

Sus estrofas “muerden” de ingratitud la suerte segura, de quienes ante un acontecimiento humano, pecan de ser tacaños de solidaridad, inconmovibles y desafectados: “La vida no vale nada  cuando otros se están matando /  Y yo sigo aquí cantando, cual si no pasara nada”.
Ignorar por conveniencia porque el compromiso y la sensibilidad luzcan ausentes, va contra la vida que tan bien marcara el juglar cubano recientemente fallecido.
Es como la síntesis del país que ante la contingencia de la pobreza desbocada, la lucha por las cosas simples, tan elementales como la vida misma se ha tornado empinada, imposible de alcanzar la cúspide.
Hace un tiempo me mantengo conectado con Manos Unidas, esa ONG de la Iglesia Católica de España, fundada en el año 1959, presente en 72 Delegaciones en toda la península ibérica, más con 58 ubicadas en países del sur. Reafirmando su prédica constante, abarcando un ambicioso plan de acción por socorrer con ayuda voluntaria, para gente extremadamente necesitada: Educación – Salud – Agua y saneamiento – Derechos de las mujeres y caridad – Derechos humanos y sociedad civil – Alimentación y medios de vida- Medios ambiente y cambio climático –
El último comunicado de los regulares que Manos Unidas presta, alusivo a las Fiestas, y no por ello menos preocupante el último encabeza diciendo: “Más de 2000 años después en Belén, muchas mujeres no tienen dónde dar a luz”. La gacetilla toca tres puntos vitales: “La campaña es un reto de financiación para apoyar un proyecto de prevención y atención médica en 5 pueblos beduinos y en campamentos de refugiados situados en el desierto de Judea. Tiene como protagonistas a las mujeres que, hoy en día como la Virgen María, no pueden acceder a los cuidados prenatales necesarios para sus bebés. Y, cuenta también, con “tres Reyes Magos”: una ginecóloga, un pediatra y una enfermera que viajan en clínica móvil 192 días al años, 4 días por semana, para atender a estas mujeres y a sus bebés”.
Desesperan los hechos que se suceden y no hacemos nada, tal vez no alcanzan, quizás los ignoramos. Pero muchos más los que se originan y no damos muestra de conmiseración, porque lo propio tiene primacía ante una pobre vida pidiendo a gritos piedad, atiborran, se apilan y no hacemos absolutamente nada.
Como lo remarca Milanés: “Cual si no pasara nada”. Así, la vida pierde sus valores esenciales, nos vaciamos por dentro, poco a poco vamos perdiendo esa respuesta humana que nos acercaba al hermano de residencia. Se ve en el jolgorio de las Fiestas la diferencia que marca y aleja, el uno y el otro, como una línea demarcatoria si bien no es una determinación discriminatoria, pero  sí la diferencia que espontáneamente excede, naturalmente separa, e innegablemente, está. 
Pablo Milanés, tenía una afinación similar a la increíble  voz de Nat “King” Cole, lo que lo privilegiaba para cultivar el ritmo feeling, ya que se inició en la clásica tradicional de la isla caribeña. Fue un poeta que la tenía clara, si bien apoyando a la Revolución muchas veces la criticó en sus excesos, los que le valieron reprimendas militares y castigos de condena.
Pablo Milanés nació en Bayamo, Granma, Cuba, estudió música por supuesto, si bien al principio cantó con diversos grupos como “Los bucaneros”, pero poco a poco a la vez que escribía cuyos poemas los convertían en exitosos temas musicales.
Dicen sus biógrafos, que la producción de Pablo Milanés puede dimensionarse como movilizadora cuando en 1962 publicó “Mis 22 años”, luego de dar “examen” en el Primer Encuentro Internacional de la Canción de Protesta”.  Algunos señalan el nexo producido por “Mis 22 años” con el feeling, lo que da origen a la exitosa “Primera Trova Cubana”.
Sonidos, letras y cantantes, que recorrieron el mundo, no olvidemos cuando en el Club Obras de Buenos Aires sentó la Trova Cubana el gran suceso, que acarreaban, Silvio Rodríguez con Pablo Milanés, y los amigos argentinos, como Víctor Heredia, Cuarteto Vocal Zupay, Piero, César Isella, Antonio Tarrago Ros. Eso ocurría en 1984, a un año de haberse instaurado la Democracia en la Argentina, y que fue un verdadero suceso que dio lugar a un disco muy bello, con público ardiente, emotivo y nostálgico.
Decíamos, que antes la insensatez de un mundo tan jorobado en todo sentido, pero en el peor afecta y aturde al reconocer la falta de valores, como el pan cuando la demanda puede más, la insensibilidad teje historias increíbles.
La vida humana, preciosa y única, de repente uno descubre que no vale nada porque se ha tornado en mala costumbre, mirar para otro lado, seguir caminando porque perdemos la imagen del paisaje idealizado, porque la verdad es otra.
Es justamente lo que pregona “Manos Unidas”, mirar a la cara de nuestros semejantes donde comer o beber agua es un lujo, para adentrarnos a la verdad que por dolorosa es cierta y cruel.
Por eso, Pablo Milanés, en la poesía de su canción “La vida no vale nada”, habla de la indiferencia, esa dolorosa manera de “esquivar el bulto”. No comprometernos.
“La vida no vale nada cuando otros se están matando / Y yo sigo aquí cantando, cual si no pasara nada. / La vida no vale nada si escucho un grito mortal / Y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga. / La vida no vale nada si tengo que posponer / Otro minuto de ser y morirme en una cama / La vida no vale nada si en fin lo que me rodea /No puedo cambiar cual fuera lo que tengo y que me ampara”.
Vivir y permitir a otros los mismos privilegios. Asistiendo y escuchando, que vivir LA VIDA BIEN VALE la pena cuando todos somos uno, y no cuando los que sufren son los otros.

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