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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Shock o gradualismo

Qué financia la enorme presión fiscal de la Argentina? ¿Dónde van a parar los millones que aportan día a día, quienes, desde la góndola de un almacén hasta en la contratación de un empleado en una empresa, dejan una parte de su esfuerzo en las arcas del Estado?

El laberinto de los impuestos en el país se transformó en un asunto de interés económico central y sanear esa parte del sistema nacional mereció en las últimas horas una lectura con la recomendación de generar una mixtura equilibrada de shock y gradualismo en medidas de Gobierno.

El economista miembro del Club Político Argentino, Eduardo Jacobs, dio ayer una serie de argumentos al respecto, escritos en una columna pulicada en el diario Clarín bajo el título “El ajuste necesario: una combinación de cambios graduales y drásticos”.

Vale la pena repasarla:

“Los indicadores de la economía argentina están en rojo por donde se los mire. El índice de inflación de abril tocó el 6%, las reservas del Banco Central están en baja y peligra el acuerdo con el FMI, por mencionar algunos ejemplos. Ante este panorama negro vuelve a tomar volumen político la discusión sobre shock o gradualismo. ¿A qué tipo de “shock” debería enfrentarse la economía argentina? ¿Es posible implementar este tipo de políticas?

En el pasado en nuestro país, los “shocks” económicos hacían referencia a sorpresivas devaluaciones, congelamientos de precios u otros cambios en los precios relativos de la economía. Estos pretendían, y en cierta forma lograban, recuperar los equilibrios macroeconómicos perdidos. Pero la situación de la economía argentina no era tan grave como lo es ahora.

En las actuales circunstancias del país, no hay ninguna posibilidad de generar un fuerte cambio en los precios relativos sin que se produzca un inmediato agravamiento de la situación macroeconómica general de la economía. Las nuevas autoridades que asuman en el 2023 deberán normalizar el funcionamiento de la economía como quien desarma un artefacto explosivo a punto de estallar.

No hay ningún margen para que se deterioren los ingresos de los sectores populares. Así de grave es la situación y por ende no se deben comprometer tiempos en este proceso porque el Estado no los puede garantizar. Ahora bien, ese proceso gradual de normalización del funcionamiento de la macroeconomía tiene que estar acompañado por una nueva legislación laboral que facilite el acceso de los jóvenes al trabajo formal y por un programa de reducción de los gastos no prioritarios del Estado y de eliminación de los privilegios que proliferan por doquier.

Por mencionar algunos ejemplos, es fundamental que las empresas públicas no prioritarias y responsables de 3.500 millones de dólares de déficit público anual sean privatizadas o cerradas. Se deben reducir los niveles exorbitantes de gasto de las legislaturas nacional y provinciales.

Hay que reformar los bancos públicos que tienen estatutos por los cuales el 30 % de los nuevos empleos deben ser familiares de los actuales empleados. Corresponde restringir las reelecciones en los cargos públicos en todo el país. Es clave poner un límite al sueldo de todos los empleados de los sectores públicos nacional, provinciales y municipales, que podría ser el sueldo del Presidente de la República. Es necesario sancionar una nueva ley de coparticipación federal, pendiente desde la Constituyente de 1994, para enmarcar un proceso de reconfiguración del Estado. Y, por último, hay que prohibir todos los gastos en publicidad y eventos (con excepción de los vinculados a los servicios esenciales) en todos los niveles de gobierno.

Con la implementación de medidas como éstas se podrá reducir el gasto público en la proporción necesaria como para atender tres objetivos: eliminar el déficit fiscal, comenzar un sendero de reducción de la presión impositiva y permitir fortalecer los servicios esenciales del Estado. Modificar de raíz el gasto público, terminar con los privilegios y manejar con prudencia la economía nacional, es el camino apropiado para evitar el destino de decadencia en el que estamos.

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