Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral
Las cosas de a dos tienen sentido de ser. No es en vano, sino convalidando que cuando se es más de uno las cosas toman carácter de compromiso. Porque son dos para contarlo, disfrutarlo, discutirlo, asintiendo como protagonistas, no simples testigos, sino asumiendo, ejerciendo el rol que permita auditar sueños que ejercitan el poder de proyectos válidos.
Porque no basta con solo soñar, sino escuchar para transformar. No quedarse simplemente en el ayer. Se sueña para adelante, rectificando lo que fue frustración e impericia.
Días pasados, como son todos los días del Ejecutivo, sus discursos toman giros imprevistos, que uno va sorteando el camino de sorpresa en sorpresa. Aunque intuyamos, cada palabra proveniente del poder de turno, tiene la grandilocuencia inesperada que trasvasa todo lo imaginado porque siempre va por más, aunque sin lógica ni necesidad.
Se nota la nostalgia de tiempos pasados, es decir no gobiernan en presente, lo hacen desde el ayer. Me hicieron acordar a las frases que ayer escalaban marchas de protestas, cuando Bob Dylan, Joan Báez, Pete Seeger hacían escucharlas en los Estados Unidos, para que esos locos armamentistas pararan la Guerra de Vietnam.
Invasión que duró 10 años, retirandose recién ante el grito del mundo, los efectivos norteamericanos, el 29 de marzo de 1973.
Decía el Presidente en la soledad de su incomprendida actitud, de mirar al país de una forma, y deducir otra cosa: “No me dejen soñando solo, sueñen conmigo, vamos a cambiar el mundo”.
Hasta la propia actriz Jane Fonda, entonces, se dio el gusto de soñar encabezando protestas junto al escenario cinematográfico de Washington (DC) que siempre cubre el cuadro plástico que conforma el Capitolio, la Casa Blanca, junto al obelisco que enmarca el río Potomac, lugar emblemático que viera marchas de protestas, hasta las propias de Martin Luther King.
Pero iban a la acción sostenida, sin dejar de criticar, la desmesura de una guerra inútil-como todas-de una duración sostenida, promovida como oración sin tantos miramientos porque se continuaba perdiendo vidas.
Ante la incredulidad desmesurada por mirar las cosas como nos convienen y no como son, claro que es triste soñar solos más aún si queremos retrotraernos. Es fundamental compañía porque ejercen presión, animan y hasta los imposibles cobran vida. Nuestros sueños mueren antes de nacer.
Por eso más se parece a la película Recuerdos del futuro, de Robert Zemekis, y no a la realidad con la cual más que soñar necesitamos torcerla, porque si no es un mensaje para ayer. El ayer, distante, se fue. Sin la gente que pudo hacer posible.
Es un tema de comprensión, de situarnos, de saber dónde estamos parados, pero haciendo cuentas que tan solo meses-menos de un año-nos separan del final, inexorable, de nuestros sueños descabellados. Fuera de tiempo, con otras necesidades, jugando el ayer con el presente incendiado, falta de recursos y de ganas, porque todo se ha “tirado a la parrilla,” no queda más achura, solamente cenizas humeantes.
Los dichos populares que siempre encierran verdades porque son el producto de la certeza, guardan un humor irónico que pretenden reprochar, castigarnos con el ridículo a ver si enmendamos nuestras elucubraciones.
A veces es mejor reírnos, ya que ellos se ríen de nosotros, mejor tomémoslo con humor, que hace bien y sienta mejor.
Ante tanto desengaño de elecciones, no ha faltado quien se pronuncie con certeza al respecto: “Para salvar el planeta, no basta con cambiar bombillas, cambiemos políticos”. Se trata de una nota de un diario español, firmado por Juan Fueyo.
Siempre atacamos las consecuencias pero nunca quien las produjo. Es como si pertenecer a determinados Gabinetes, con eso ya basta, el fuero los exime de responsabilidades. U otro, más específico aún, que da de lleno a esa filosofía de desligarse de todo compromiso culpando al otro. Es decir, una vez más, no asumiendo sus propios deberes.
“Dejarán de odiar cuando dejen de ignorar.” La ignorancia reside en “no dar pie con bola”. Oír e interpretar otra cosa diametralmente opuesta. Sordos, una “tapia” como ahora.
Se acusa al periodismo cuando supuestamente se tiran pálidas, pero las pálidas funestas son las que priman estos días que encierran cuatro años de mandato, ejercido libremente por el sufragio universal. Y, no son mentiras ya que las historias las dan los propios protagonistas. Ellos la hacen, sin temor al desborde, al desmadre, cambian de discurso para verter a la realidad con otras ropas.
En publicidad amen la creatividad del mensaje, lo que remarca una idea es la repetición tantas veces se pueda, como aprendemos las cosas cuando somos chicos, repitiendo una y otra vez. Por eso acudo a ejemplos simples, que los repito por ser cotidianos de fácil lectura, que ayuden a esclarecer cuando perdemos el rumbo por no saber leer la carta de navegación.
La fundación Nieman de la Universidad de Harward, respecto al quehacer del periodismo fue precisa: “Periodismo es lo que alguien quiere que no se publique. Todo lo demás son relaciones públicas.”
Más específico es Juan Antonio Giner, periodista del diario “La Vanguardia” de España. Pero mucho más lo es al denotar lo insalubre que ella representa; serio y de cuidado si se opta por la certeza como única vía. “Un periodista es un contador de historias que inquietan, emocionan y hacen pensar.” Justamente de eso se trata, pensar y razonar, para entender, calificar, posibilitar que con la realidad no declamada, el lector se permita auditar. Seguir de cerca las noticias y los males congénitos de culpas calladas, que van escribiendo historias.
Extraemos parcialmente, de un artículo escrito por Dante Panzeri titulado: “Enfermos de miedo”,que establece:
“Los argentinos estamos enfermos. Enfermos de miedo. Padecemos una crisis de moral y convicciones gestadas en el silencio forzoso guardado por muchas ideas. Hay terror por la verdad y la realidad”. Esto fue escrito hace una pila de años, y aún estamos en lo mismo.