Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral
Galería Orto, era hasta hace unas semanas atrás, un espacio virtual de arte, pero desde el jueves 2 de marzo comparte un espacio en el Centro Cultural Meca en España 1559 de Corrientes. Se trata de un emprendimiento independiente de un grupo de amigos que habilitaron un lugar relacionado a la música, que cuenta con un estudio de grabación, una escuela de música y un espacio cedido a la galería donde muestran obras artistas mayoritariamente emergentes.
Ante el nombre la pregunta simple: ¿Por qué se llama así?
Javier Retamozo, alma mater y creador del espacio, responde de manera contundente.
“Porque es el nombre de algo nuevo, que uno diga, uy ¿por qué este nombre?, ¿por qué no le puso galería Javier Retamozo o algo con un nombre propio? Porque orto es la saliente del sol, es el emprendimiento de algo, un movimiento nuevo. Es una palabra que viene del griego y es eso justamente, el origen, el sol naciente, la salida de una idea nueva, un nuevo movimiento. Corrientes es tan conservadora, que pensé que nombrar con esa palabra puede ser un comienzo de romper un poco ese esquema, de ser tan cuidadoso en usar esa palabra que capaz no es lo que parece” me dice y no olvida, por supuesto, aquel famoso cuadro de Monet “Impresión del sol naciente”.
Javier cuenta que en algún momento del año 1996 aparece el artista. En aquel año empezó a trabajar en el peaje de la ruta 12 a la altura de Riachuelo. Entonces la labor era la mayoría de las veces nocturno y era un momento de gran tranquilidad que le permitió empezar a mirar de otro modo el paisaje de la desolada nocturnidad del paraje en medio del ir y venir de camiones, colectivos y autos.
Javier vivía entonces en el barrio de Los Profesionales de Molina Punta y desde allí viajaba hasta Riachuelo a cubrir el turno de 22 a 6 de la mañana.
Las noches eran largas a veces, pero en lugar de desperdiciarlas, usó el tiempo aparentemente detenido para dibujar los camiones estacionados por desconocidos conductores que paraban a dormir un rato hasta el amanecer a la vera del camino. Así acortaba la noche y amanecía dibujando en papeles con rápidos trazos de birome.
En la nota Javier cuenta estas y otras historia de su recorrido de vida, de artista y galerista.
—¿Qué es y cómo surge la Galería Orto?
—Comencé a pensar el tema el año pasado, tal vez porque siempre tuve la idea de poder brindar un espacio a aquellos artistas que querían mostrar sus obras y no tenían donde hacerlo. Lo pensé originalmente de modo virtual y comencé a invitar a algunos artistas locales y de Resistencia.
—¿Quiénes son los artistas?
—Nicolás Picchio, Horacio Silvestri, Pablo Gauna, Guadalupe Morlio, Lupicia Escobar, Rubén Ramos, Marcos Kura, José Mizdraji, Simón Rikimura, Marcos Billordo, Cecilia Andino, María Laura Uriburu, Esteban Gómez y yo.
—¿Cómo ves el tema del mercado de arte en Corrientes? ¿Hay compradores?
—En realidad, no veía un mercado muy grande en Corrientes, pero gracias a ArteCO, cambió. Creo que ese evento empezó a movilizar un poco más a la gente, a dejarla ver un poco más lo que se hace localmente. También notamos que escaseaban lugares físicos para poder exponer y más todavía para los artistas emergentes, a los que les cuesta un poco más todo. Veo positivo la realización de la Feria, pero creo que todo es un proceso lento. Si cruzamos al Chaco, vemos que están muchos más avanzados que nosotros, hay más espacios, pero creo que todo llega a su tiempo.
—¿Cuáles son las preguntas habituales que recibís en la galería?
—Recibo consultas de algunos artistas de cómo poder participar, o me preguntan si tienen que completar algún formulario, por ejemplo. Me mandan muchos mensajes y a partir de ahí veo como voy incorporando artistas semanalmente. A partir de ese momento pienso cómo poder brindarle la publicidad necesaria en cada caso en nuestras redes.
—¿Y los compradores que te preguntan? ¿Qué quieren saber?
—Cuando uno me manda un mensaje, miro su perfil para ver quién es la persona y pregunto qué quiere comprar, si están relacionadas a la cultura o no, por ejemplo. Algunos preguntan precio de las obras, y noto, o no, si hay una verdadera búsqueda.
—Sos artista plástico. Contame cómo comenzó ese camino.
—Soy de Capital Federal, pero hace mucho tiempo vine a vivir a Corrientes. Trabajé mucho tiempo en peaje de Riachuelo (ruta 12-Corrientes) donde comencé a dar mis primeros trazos y hacer algo más formal. Antes era un hobby el tema de la pintura o el dibujo, pero cuando estuve en el peaje aprovechaba y trabajaba mucho con bolígrafo, en su momento en el año 1999 entré en el profesorado de la Escuela Josefina Contte pero por razones laborales y familiares, tuve que dar un paso al costado. Volví a retomar años después, en 2015, para lograr el anhelo de recibirme de docente y después tuve la suerte de participar en becas que fue lo que me abrió un poquito más la cabeza.
—¿Qué beca?
—Pude participar en la beca de Antorchas, entre el año 2000 - 2003 en Resistencia. En ese momento los coordinadores eran Roxana Toledo y Daniel Fisher y los profesores fueron Diana Aisemberg, Marina Di Caro, Rafael Cippolini. Todos venían de Buenos Aires, que a nosotros nos parecía que era el centro de todo cuando en realidad, ellos nos hicieron ver cosas que no veíamos, y eso nos ayudó a darnos cuenta de algunas cosas.
La verdad que me sirvió mucho, trate de incorporar todo lo que Diana me decía, trabajaba mucho el dibujo, era autodidacta y me costó porque, en un punto, era también como una guerra de egos todo esto del arte. La cosa era siempre estar primero si uno tiene algo, en ese momento me sentía muy por debajo de ellos por eso decidí seguir estudiando y lograr lo que siempre deseé que era ser profesor de Artes Visuales.
—¿Qué crees que aprendiste realmente de eso? ¿Que viste en tu obra que no habías visto?
—En esos talleres teníamos la posibilidad de llevar obras, de mostrarlas, no había virtualidad entonces, todavía estábamos con el teléfono celular sin imágenes. El asunto era llevar la obra y hablar un poco de ella, por eso contaba que trabajaba de noche en el peaje y en esos momentos creo empecé a encontrar mi lenguaje en el dibujo, con luces, con sombras. Eso que solo era un hobby lo empezaba a ver de otro modo. Lo que hizo Antorcha fue reconocer mi obra de bolígrafo, lo que no sabía todavía era cómo exhibirlo. Recuerdo una muestra que se hizo en el hotel Amerian en Resistencia, allí Diana me había planteado exponerlo de una manera nueva, como hacer un collage con los dibujos en la pared y la verdad que me parecía bastante interesante, ya que era una manera más informal dentro de un lugar formal y entendí que cerraba todo. Vi que podía adaptarme a esos lugares con mi lenguaje. Creo que está bueno darse cuenta, ¿no?
—Tu obra ahora es coloristica, de temas cotidianos. El tema es, qué pasó en el medio de aquella persona que trabajaba a la noche y trabajaba a bolígrafo, que, supongo, los dibujos habrán sido negros o azules a este que ahora se expresa con colores ¿qué hubo en el medio?
—Justamente nunca dejé de pintar momentos cotidianos de la vida, estos dibujos que hacía eran de autos o camiones que llegaban a descansar un rato al costado de la ruta. Yo dibujaba rápido en un boceto, y recuerdo que en esos momentos regalaba mucho esas obras; muchos camioneros se llevaron un camión dibujado, su propio camión tal vez y después nació la búsqueda del color en la obra.
El tema importante para mí era y son los tiempos, el artista plástico necesita un espacio donde poder sentirse cómodo y creo que un objetivo fue el poder lograr un espacio físico donde poder comenzar a realizar y analizar mejor la obra, desde preparar algún lienzo a armar un bastidor. Creo que el tema era algo físico también, lo que me faltaba era un espacio porque en dimensiones chicas me sentía medio limitado y creo que día a día, hoy por hoy al tener un taller más grande me siento más libre y puedo trabajar en obras más grandes.
Aparte de lo físico creo que era como vos decís, solo azul o negro y sí, intenté la búsqueda del color para esos dibujos, y comencé a dibujar más con lápices acuarelables y darle un poco de color y después de eso ya me fui al lienzo, que hasta el día de hoy es el elemento que trabajo.
Siempre trabajé con óleo y desde un primer momento hasta el día de hoy continúo trabajando de ese modo, no cambié mi material que es bastante tradicional: el óleo, el lienzo.
—¿Cómo trabajás la figura humana?
—Pienso que en las primeras obras, la figura humana no estaba muy presente, siempre era un paisaje, un lugar específico de la casa, pero no trabajaba la figura humana. Después lentamente fui incorporando la figura humana de a poco como para poder contar una historia, y también de poder hacer partícipe al espectador de mi obra. Creo que intentaba que el que veía pueda imaginarse la situación.
—En tu obra no hay tantas personas, no hay multitudes. Hay soledad en tus personajes, pero no son climas agobiantes. ¿Lo ves así?
—Puede ser. Tal vez estoy proyectando algo. Lo que pasa es que la mayoría del tiempo que estoy pintando estoy solo y puede ser por ahí algo intencional. Creo que también las imágenes que suelo registrar cuando ando en la calle son justamente de personas solas.
En estos días justamente que estaba recorriendo la plaza de Laguna Brava (donde vivo), pude registrar un poco de lo que me planteo hacer, una futura serie de obras de ese lugar que es mi zona de confort ahora. Es una serie que voy a empezar a trabajar, y sí, hay pocas figuras humanas; la verdad que la voy incorporando a la obra, pero, como decís están en soledad y reconozco que puedo estar proyectando un poco mi vida y mostrarme un poco así.
—En tu proceso creativo, bocetás, sacas fotos, recordás, ¿cómo es tu procedimiento?
—Sí, saco fotos, pero no boceto mucho. La verdad que antes bocetaba un poco más. En mi proceso suelo recordar momentos y la fotografía es para mí un registro, después mi obra no será tal cual, no es una copia. Por ahí en la fotografía rescato un árbol y nada más, o una calle, y hago un collage con esas imágenes.
—Lo otro que noté es que son momentos de día, diurnos.
—Por lo general son vistas de día, pero me gusta trabajar también con una atmósfera oscura, estoy tratando de buscar un poco más la luz pero sí, la gran mayoría son más coloridos, me gusta mucho el color, me hace sentir bien me deja como más oportunidad a la búsqueda de algún lenguaje.
En este momento estoy trabajando una obra más expresiva, no le busco tampoco mucho la vuelta a la obra, me gusta tirar líneas manchas y si una mancha me dice mucho más que un trazo, que se yo, más relajado, más pausado; entonces, la expresión me da libertad también. No quiero que me condicione nada.
—Me contaste que sos de Buenos Aires pero hace mucho vivís en Corrientes, y en Corrientes el tema de la naturaleza, el paisaje es muy potente, ¿es así para vos?
—Sí, totalmente. Uno cuando vive en Buenos Aires cuesta mucho encontrar paisajes, ver la naturaleza no es algo diario. La verdad que vivir en Corrientes me cambió muchísimo, y en Laguna Brava también. Porque el hecho de vivir en Corrientes donde está la Costanera, el parque Mitre o el Camba Cuá, es distinto a vivir en Buenos Aires. Laguna Brava me mantiene más relajado al no tener tantos bocinazos, colectivos, toda la gente, el murmullo de la calle, la verdad que me siento más cómodo donde vivo. Creo que todos necesitamos un poco de naturaleza, relajarse un poco, bajar el estrés que todos los días se vive diariamente en la calle. Pienso ahora lo terrible que era vivir en Buenos Aires, creo que necesitaba huir de allí.
—Y eso está en tu obra.
—Sí.
—Osea que el lugar que elegiste para vivir, está en la obra.
—Exacto, está en la obra. La verdad que sí, que trato de incorporar las aves, los cielos, los terrenos, me gusta ver los atardeceres, incorporo mucho el cielo, creo que todo lo que me rodea es lo importante, el tema de los colores. Creo que vivir en estos lugares alejados me permite ver diferente el cielo, porque en la ciudad grande al ver solo un pedacito de cielo arriba cuando estás en el centro o en Buenos Aires. Entonces, el hecho de estar acá y poder ver esto es un cambio, un relax para mí, que claro que está en mi obra.