Expertos consultores económicos y políticos consultados por El Litoral anticipan que el Gobierno nacional lanzará en los próximos días un nuevo plan platita, es decir, un aluvión de beneficios para el consumo con el objetivo de mantener contento al electorado a cuatro meses de las Paso, del 13 de agosto. Será un nuevo derroche de emisión de pesos para inundar un mercado interno con una inflación, solo en marzo, que rondaría el 7,5 %.
La situación impone una economía con alta inflación, falta de dólares y desaceleración de la actividad. Pero el Gobierno logró estirar todas sus obligaciones y el lanzamiento del dólar agro le oxigenará las cuentas, que se mantienen en rojo desde hace meses.
El fantasma de la inestabilidad sobrevuela en todos los análisis.Por un lado, por el compromiso con el FMI de reducir el déficit primario este año de 2,4% a 1,9% del PBI. Pero no solo eso. Existe una encrucijada entre reactivar la economía (lo que implica mayores importaciones con escasez de divisas) y frenar los precios. Hay una línea directa entre inflación, poder de compra de los salarios, consumo y humor social. En la actual coyuntura, dicen los entendidos, “el gasto electoral debería estar seriamente limitado”.
Pero el Gobierno necesita imponer un candidato y tratar de llegar a las Paso sin que la situación estalle, algo que parece difícil y a Sergio Massa se le acabaron los trucos de magia, pues ya no tendrá disponible los dólares del Fondo de Garantías de las jubilaciones, la soja y el maíz. La situación parece bastante complicada como para que además el Gobierno salga a inundar con más pesos el mercado. En la mira están las variables “típicas” de los años electorales. Como pisar el tipo de cambio para bajar los precios y mejorar los salarios, o emitir para volcar dinero a la calle (bonos, ayuda social o subsidios) o medidas para estimular el consumo (planes en cuotas). “Seguro se van a implementar medidas para endulzar el bolsillo de los trabajadores, pero probablemente su duración sea más corta que en otras ocasiones y el efecto de las mismas sea solo de 'propaganda' y no real”, sostienen algunos con ingenuidad.
El país se enfrenta una vez más con la restricción presupuestaria. Esto es falta de financiamiento para afrontar el déficit más los vencimientos de deuda. Frente a esto, hoy dos alternativas. Una es aceptar la estrechez de recursos y “llevar a cabo una política fiscal austera”. La otra “es ignorar la falta de financiamiento e intentar una expansión del gasto, la que podría moderar la recesión al costo de mayor inflación, más perdida de reservas del Bcra e incremento de la brecha cambiaria”.
¿Cuáles serán las consecuencias? El temor es que ocurra un nuevo fogonazo en los precios en la previa electoral. La inflación el año pasado escaló al 94,5% y las consultoras privadas proyectan un piso del 120%.
Hasta noviembre de este año la tasa de devaluación mensual sería similar a la inflación mensual, en torno al 6,0% - 7,0%. Las divergencias aparecerán a partir del último mes del año, es decir, con la asunción de un nuevo presidente. La primera situación supone que, durante el primer trimestre del año 2024, la devaluación e inflación mensual continúan altas. De esa forma, a marzo del año próximo, el dólar mayorista cotizaría en torno a los $420,00 y una inflación acumulada 12 meses levemente superior al 100,0%.
En un segundo escenario se plantea que, en diciembre 2023, el nuevo gobierno decida llevar adelante una devaluación mensual en torno al 30%, seguida de otra del 10% en enero, para luego estabilizarse nuevamente en el 6% mensual. En este caso, a marzo del año próximo, el dólar oficial ascendería a $535. Inevitablemente, devaluaciones de esas magnitudes, tendrán consecuencias inmediatas en el IPC. Es probable que, frente a una devaluación mensual del 30%, la inflación mensual sea en torno al 18%, al mes siguiente se aproxime al 15%, en el tercer mes baje al 10% para luego, estabilizarse en torno al 8%. De esta forma, a marzo 2024, estaríamos experimentando una inflación anual superior al 150%.
Por último, asegura el consultor Salvador Di Stefano, un escenario más extremo, en el cual la devaluación que decida llevar adelante quien asuma la presidencia sea del 50% para un único mes, implementando devaluaciones en torno al 20% y 10% en los meses subsiguientes. En este caso, deberíamos esperar un dólar mayorista en torno a los $700 llegado marzo 2024. La repercusión en la inflación será directamente proporcional al escenario anterior. Frente a una devaluación mensual del 50%, no podemos esperar una inflación mensual menor al 20%, al menos por los próximos 2 meses. En este caso, la inflación anual al finalizar el primer trimestre del año 2024 sería superior al 230%.