¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

Renunciamientos

Domingo, 09 de abril de 2023 a las 01:00

Siempre fueron “pájaros de mal agüero”, que anticipaban tormentas, días inciertos por venir, a temerle a todo lo desconocido, ya que nadie o muy pocos dejan en claro su actitud. Como así en la veracidad de su sustento, amañada por la política que siempre es sospechosa y dispuesta a sorpresas.
Es que en la Argentina, lo político siempre terció para desandar el camino de la sospecha del motivo no dicho, ya que somos creativos brillantes del suspenso en el manejo gubernamental. Nos lo enseñó Raúl Apold, quien fuera entre los años 1946 a 1955 Subsecretario de Informaciones y Prensa del Estado.
A quien muchos lo llaman:  ”El inventor del peronismo. Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”, como lo titula a su libro de investigación la periodista Silvia D. Mercado. Lo supo todo y lo empleó todo, con tal de lograr objetivos difíciles y enmarañados. 
Por qué “inventor”, porque ha sido quien le dio otro tinte a la vieja política argentina, adoptando un estilo más frontal a través de frases que luego se convirtieron en consignas de barricadas. En frases de luchas, despertando el fanatismo con unción de religión.
Apegado a frases, alucinantes movilizaciones, emblemas, gestos, y al logro de la presencia de la política partidaria en todo acontecimiento artístico, deportivo, todo ámbito donde se mueva el interés por llegar sea como sea al emisor del sufragio universal: el pueblo, en sus múltiples actividades esté donde esté.
Pero vayamos por parte, y veremos que la adopción del renunciamiento nació con la Patria, cuando el 20 de mayo de 1810, un grupo encabezado por Saavedra y Belgrano con Juan José Lezica, Alcalde de Primer Voto, y Juan José Castelli  con el Síndico Julián Leiva, quienes trataron de convencer al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros que las tratativas por un Cabildo Abierto sean llevadas a cabo sin más trámites.
Ante la negativa del Virrey, quien pidiera mayor tiempo solo le fue concedido 5 minutos más como único y último plazo, el “Renunciamiento” tomó forma, transformándose en una realidad que ganó rápidamente la calle, y reavivó los corazones. 
Es cuando Cisneros pronuncia su famosa frase dejando en manos propias un país que ya no se contenía solo con soñarlo, sino disfrutarlo con realidad concreta, sin postergaciones. 
“Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran.” No solo hicieron lo que debieron, sino que la frase de Cisneros fue el  principio del fin.
La iglesia, siempre presente en los hechos que trasciende la historia, tuvo su renunciamiento cuando lo expresara el Papa Benedicto XVI el 11 de Febrero de 2013, poniendo fin a su ejercicio como tal desde el año 2005 al 2013.
Por supuesto que tal actitud dobló a un país con vehemencia y obsecuencia desmedida donde la entrega es santa religión, cuando ante una multitud no superada escuchó a Evita por Cadena Nacional pronunciar su “decisión irrevocable definitiva” de Renunciamiento a la fórmula Perón-Perón, el 31 de agosto de 1951.Cuyo argumento comprobaba una vil enfermedad que enlutó las calles, llenó de lágrimas y marcó la historia con su fin inexorable.
Hoy, cuando el país se agita en el desconocimiento de un desorden que representa lo mejor posible a un populismo del todo contra todos, los renunciamientos son una posibilidad no calculada pero no improbable.
Nadie pone en duda las sinceras decisiones que son como el truco, que pasada la ronda nos queda el sabor amargo de comida mal digerida. También es cierto, quién es el macho que se anima a timonear en aguas turbulentas. Nadie pone nada por nadie.
Pero el retiro es una buena opción, decente, ordenada, para poner calma, de ser uno menos en el triste campeonato del descenso, ruta posible hacia no sé dónde, por aquello de “Soldado que se salva sirve para otra guerra.”
Peor es el criterio del Presidente Fernández: “Nadie tiene que imitar su ejemplo” en alusión al renunciamiento de Macri. Es mucho más honesto bancarse la renuncia, que aguantarse las luchas desmedidas que la incapacidad promueve, las andanadas de alto calibre de los propios, comprobar su vileza, y razonar si el país se merece tanta desigualdad en pugna que como siempre hace trastrabillar su marcha.
Es que estos tiempos están marcados por los excesos cada vez mayores, sin importar absolutamente nada. Es como decíamos al principio, uno siempre tiene resquemor en salvaguarda de todo lo que queremos, cada vez que nos enteramos de los operativos a que son capaces por mantener el poder cueste lo que cueste.
Ya hemos conocido a todos, o a casi todos porque la vida es una escuela donde uno aprende. Quedan menos en dar prueba, tal vez entre ellos está esa jugada que siempre nos falla. 
Tal vez, “largar más la pelota”. Dar juego asistiendo. Asumir el sentido de equipo, porque todos son imprescindibles, todos estamos iluminados pero debemos delegar. Dar la oportunidad. Cambiar el discurso. Dejar la grandilocuencia, por la humildad. Y no en la estrellita, sino en el todo porque todos pueden dar la victoria.
Abandonemos la fiesta bullanguera. El país quiere hechos. No más promesas incumplidas. Gente idónea. No políticos de tribuna. Volvamos a empezar que es reconocer y tratar verdaderamente de solucionar.
Que nadie más tenga que irse para probar otro país. Basta. Hacer, no prometer. ¡Comencemos ya!

PUBLICIDAD

MÁS LEÍDAS

PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD