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Vergonzante provocación

Por El Litoral

Miércoles, 21 de junio de 2023 a las 01:00

Si existe una figura que destaca por su mediocridad en la política argentina es Amalia Granata. Nada la caracteriza más que su frivolidad y su falta de fundamentos, algo que la convierte ni más ni menos que en una figura paradigmática de cómo algunos y algunas se aprovechan de la política para sobrellevar con fondos públicos un nivel de vida determinado.
Sin embargo el gobierno argentino hace tan poco y tan mal, que Granata se ganó un lugar de mérito en los últimos días por haber usado el sentido común para pronunciar una gran verdad: “Mientras haya un pibe que no coma, no podés lanzar un Plan Menstruar” .
La justicia argentina contabiliza un femicidio cada 35 horas. En la Argentina, en lo que va del año, hubo más de 252 víctimas de ese delito, lo que confirma que la tarea de prevención que debería realizar el cuestionado ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad se encuentra lejos de dar los resultados esperados.
Sin temor a equivocarnos, podríamos suponer que estas funcionarias están más ocupadas por estos días en asistir  a las mujeres de otras formas, ciertamente menos urgentes, que, gracias a un simplificador trabajo de rediseño ideológico, han pasado a ser “personas menstruantes”.
El ministerio a cargo de Ayelén Mazzina presentó días atrás el programa nacional Menstruar, dirigido a garantizar el acceso igualitario a insumos para quienes transitan ese proceso fisiológico. Se trata de un universo de unas 12 millones de niñas, adolescentes y mujeres adultas –incluidas mujeres en transición de género y personas no binarias– que, como en tantos otros aspectos, padecen una desigualdad ligada principalmente a sus posibilidades económicas para acceder a los productos de higiene menstrual. Este nuevo plan de gestión estatal fue presentado como “una política integral que acompaña y asesora a gobiernos locales para el fortalecimiento de los programas que llevan adelante” en esta materia.
La iniciativa propone entregar copas menstruales a municipios de todo el país y promover el cuidado ambiental mediante el uso de productos reutilizables y, por tanto, sustentables. Además, prevé la capacitación a agentes territoriales en educación sexual comunitaria para quienes accedan a esos productos.
Durante el anuncio oficial, la ministra Mazzina afirmó que “menstruar es un acto político”. Más allá de que podría pensarse que se salteó biología y anatomía como materias de estudio, esa definición suena a tremendo disparate.
No conforme con politizar acciones fuera de toda lógica, apoyó su discurso en los resultados de un informe respecto de que las dificultades económicas –de las que una vez más el actual gobierno no se hace cargo– ha obligado al “43% de las mujeres y personas gestantes” a modificar sus hábitos en el uso de los productos en cuestión. En otro ejemplo de la liviandad e ignorancia con la que se tratan estos temas en la órbita de un ministerio definitivamente dedicado a fomentar políticas rentables para sus integrantes o para sus amigos proveedores de insumos varios, olvidó que tal vez podría estar dañando con sus expresiones supuestamente inclusivas –más allá de la realidad que imponen los nuevos géneros reconocidos– a muchas mujeres que por infinidad de razones no pueden o no podrán gestar por más que menstrúen.
La Unidad de Gabinete de Asesoras del ministerio sumó su aporte al citar un estudio de Unicef, según el cual “el gasto que tiene un hogar por menstruar equivale a casi una Asignación Universal por Hijo”, es decir, al equivalente de otro supuesto “beneficio” que reciben muchas familias sumidas en la pobreza. De tener un trabajo digno, no necesitarían ni de dádivas ni de “subdádivas” derivadas de aquella carencia originaria. Hace mucho tiempo ya que la dignididad de obtener una paga por una tarea viene siendo reemplazada por parches con aires de presunta igualdad en el ejercicio de derechos humanos vitales que terminan siendo claramente cercenados.
Pensar que en un país como el nuestro, que no puede combatir la pobreza que jaquea a la mitad de la población, la igualdad puede garantizarse demagógicamente con la provisión de protecciones higiénicas gratuitas es seguir pretendiendo tapar el sol con las manos.
El nivel de vergonzante provocación que alcanzan muchos de nuestros funcionarios parece no encontrar límites.

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