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Lo que el viento se llevó

Las improvisaciones. El desorden. La maldita politiquería, siempre reserva sorpresas que son mazazos.
 

Viernes, 18 de agosto de 2023 a las 16:56

Dice tanto esta frase. En principio, una película espectacular, que corresponde a la época de oro de Hollywood. Cuyo nombre en inglés: “Gone with the wind”, da crédito a un elenco colosal de los permitidos entonces.

Encabezado por su Director, Víctor Fleming. Productor: David O. Selznick. Con un rostro que enamoró a todos los públicos, luego de una búsqueda incansable entre 1400 postulantes: Vivien Leigh, luego de cruzar el Atlántico y venirse desde Inglaterra, en su rol de la indomable Scarlett O´Hara.  

El resto, con nombres de la misma estatura: Clark Gable, Olivia de Havilland, Leslie Howard, y un reparto cuantioso y riquísimo, con 13 nominaciones al Oscar, y 10 obtenidos. Todo con la magia del Color por Tecnicolor.

Ambientada durante 1861, cuando la Guerra de la Secesión que tuvo lugar en los Estados Unidos de América, habitando la historia en el pueblo de Tara, en el riquísimo Sur, con sus esclavos negros sirviendo a los señores feudales.

Se trata de una popular novela escrita en el año 1936 por Margaret Mitchell, cuya trama llevada al cine fuera estrenada en el mes de Diciembre de 1939, con una duración inusitada de 238 minutos.

“Lo que el viento se llevó”, marcando una época añorada por la protagonista, que la vida se encarga de llevar. La nostalgia del tiempo madurando como en un caleidoscopio para transformarse en otras caras, significar otras cosas, con el mismo paisaje pero ya no el mismo que deslumbró por su brillo.

Las cosas cambian, no siempre resultan como las imaginamos, o tal vez para mejor, uno no lo sabe porque o sino tendríamos la capacidad de pronosticar y saber de antemano lo que el tiempo nos va revelando. Por eso esperamos, a veces en vano, pero bien vale pena imaginarnos lo querido.

Haciendo un paralelismo, podríamos compararlo con los últimos años de la vida argentina, que finalmente resultó un schock a develarlo, pero que es consecuencia de la suma de tan malas experiencias como nunca vividas.

El desorden que de tanto naturalizarse como una forma de exculparse pasó a convertirse en mal hábito. Todos los desbordes posibles, donde también la oposición se sumaba en hacer lo que criticaba de su oponente mandante.

Ha sido hasta ahora la retroalimentación de todo lo malo. Las vidas perdidas por la tremenda inseguridad. De tanto repetirse comenzó a ser costumbre no deseada, en que los dirigentes optaron por no escuchar.

O, mejor dicho, ocupados en discusiones por el poder, ese gancho poderoso que  los atornilla en sus sillas, extendiendo a familiares y amigos como muestra de vigencia inextinguible, la tarea de continuar en la brega y poder mantener el status.

Es tal la discusión y la desorganización, que la debacle era inminente, cuando la pobreza arrastrada por la inflación crece y crece por tanto tiempo perdido.

Mientras miraba en la televisión como el mapa argentino se cubría de color violeta, al igual que la película “Lo que el viento se llevó”, recordaba los buenos momentos que siempre se dieron por tiempos breves. Tal vez a rachas porque lo bueno cuesta a nuestra forma despreocupada de ser ciudadanos, porque lo bueno requiere de orden, disciplina, sin improvisaciones.

Y aquí lo que siempre prosperó ha sido el “carnaval del papel picado, fuegos artificiales”, y los desbordes que el populismo siempre hace gala. Siempre transponiendo todo lo establecido. Haciendo posible lo imposible, transgrediendo, saltando el muro.

Claro que se extraña el tiempo perdido. Esto ha sido la última “pendejada” de gente desmadrada, de un país desmadrado, que le cuesta surcar por el canal madre.

Hoy lunes 14 de agosto, un día después de las primarias, los medios contaban a viva voz el merecido uppercut que calló con impotencia tremenda paliza:

El periodista Joaquín Morales Solá desde su columna decía elocuentemente: “El triunfo del hartazgo social”. Carlos Pagni: “Un agotamiento de todo lo estructurado”.

José Pablo Criales para “El País” de España: “Ultra, libertario, y anarco-capitalista, así es Javier Milei, el grito de la Argentina enojada”.

La cuestión que casi se “comió” el país entero, en una cobertura donde las conjeturas aventaron las Primarias, habilitándolo a dirimir las Presidenciales.

El tema es saber quién es verdaderamente Javier Milei, hasta dónde llega su ola de schock, y las medidas tan discutibles como universidades aranceladas, como “afuera Ministerio de Cultura”, y su aversión a la prensa independiente que suena autoritario.

Cuando apunto “Lo que el viento se llevó”, significo la importancia de la nostalgia por los pocos y destacados Presidentes argentinos que transcurrieron, y que los muchachos de entonces, los relevaron interrumpiendo sus mandatos.

De ahora en más, la incógnita de qué irá a pasar. Que harán cualquiera de los contendientes. Por lo menos si presentan y cumplen la olvidada Plataforma de realizaciones diagramadas, que hace mucho descaradamente está ausente.

Tan ausente como aquella sentencia que se asume al hacerse cargo bajo juramento, especialmente cuando rerafirma:…”Si así no lo hiciere, Dios y la Patria os lo demanden.” 

 

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