Como ocurre con Trafalgar Square en Londres, dos grandes derrotas en la costa gaditana enseñorean las principales capitales europeas.La abundante avifauna de la isla de Trocadero resulta hoy el único movimiento del paraje, unas 500 hectáreas protegidas dentro del parque natural Bahía de Cádiz que forman un dédalo de marisma natural y salinas. Menos las pocas piedras del fuerte de San Luis, nada da pistas de la batalla que tanto festejó Francia, su primer éxito tras la debacle de Waterloo.
El veraneante que elige la playa de Cortadura para el baño tiene a sus espaldas la isla. Quizás no sabe que la gran victoria de la resistencia gaditana al asedio francés, que duró hasta 1812, tuvo diez años después una derrota tristísima, sangrienta y despótica a manos de los franceses. La revancha se llamó batalla de Trocadero, cuando los Cien Mil hijos de San Luis derrotaron de noche y en marea baja a los españoles constitucionalistas. "En mi opinión, en un grave fallo estratégico de los mandos", afirma José Quintero, historiador de estos hechos. Un Trafalgar más marismeño que marino.
La derrota se llevó por delante a la corta vida de la Constitución de 1812. El ominoso Fernando VII recuperó el poder, y empezó el mandato con una matanza de miles de civiles desafectos. Ocurrió justo hace dos siglos, el 31 de agosto de 1823, y el Ayuntamiento de Puerto Real ha programado actos que recuerden el final del trienio liberal, entre ellos visitas a los lugares de la batalla perdida.
La isla de Trocadero, a veces península por la marea, ha tenido otras muchas historias dignas de recuerdo. El origen de su nombre no sólo lo desconocerán los parisinos que pasen el rato en esos jardines, sino bastantes andaluces. Deriva del trueque o descarga de mercancía que los barcos realizaban allí, sobre todo durante el siglo XVIII, cuando Cádiz alcanzó su esplendor.
El refugio en este tranquilo enclave dentro del saco de la bahía también facilitaba la reparación de los galeones, la tarea que luego se realizaría en La Carraca, entonces suelo de Puerto Real, y ahora de San Fernando. El origen moderno de la industria naval gaditana se sitúa entre ambos lugares.
Aunque en cuanto a modernidad todavía queda un hito más en Trocadero, de nuevo relacionado con el transporte, en este caso ferroviario, ya que fue la parada final -en la orilla de enfrente a la isla- de la primera línea férrea de Andalucía, la que conectaba Jerez con los lugares de embarque de sus vinos. Las obras de la vía hasta El Puerto de Santa María finalizaron en 1854, y el segundo tramo, hasta el Trocadero, fue inaugurado en octubre de 1856. El único rastro que queda de todo aquello se ubica en el parque Los Toruños, un lienzo del suelo de baldosas original del apeadero, rodeado por una valla de madera.
Parco recuerdo del origen del tren; como también lo suponen las últimas piedras del fuerte de San Luis, o la ruinosa casa del Consulado, testimonio del trajín comercial con América. Ya, ni el vecino puente de Carranza es lo que fue. El colosal viaducto de La Pepa lo ha dejado obsoleto.