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Dios: ¿a solas?

Dios: ¿a solas?

Por José Ceschi

¡Buen día!  “Padre, yo soy cristiano, pero no voy a la iglesia. Yo me entiendo con Dios a solas. ¿Para qué ir al templo, si Dios está en todas?”
Esta y otras confidencias parecidas las escucho muy seguido. Se trata, en general, de gente buena, hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Buenos esposos, buenos padres de familia, trabajadores.
 Por eso mi actitud personal hacia ellos es siempre positiva, teniendo en cuenta todo lo positivo de sus vidas. Ello no significa que les dé toda la razón. Aprovecho para explicarles otra dimensión de la vida cristiana que muchas veces queda muy arrinconada.
Les ayudo a entender que, como escribiera Thomas Merton, los hombres no son islas. Todos necesitamos abrirnos a los demás, sentirnos parte de un grupo, saber que podemos crecer en la medida que salimos de nuestra individualidad personal.
Hay muchas formas de abrirse a los demás: los amigos, los compañeros de trabajo, los grupos informales; sobre todo la familia. Es en la familia bien constituida y bien cultivada donde se ve tal vez mejor la necesidad que tenemos todos de unirnos a los demás.
 Como creyente, el hombre no puede conformarse con su relación personal con Dios. Ella es fundamental, obviamente, pero no basta. Si los hombres no son islas, menos lo deben ser los creyentes. Por eso todas las religiones, aparte la relación personal con Dios estimula el encuentro comunitario: la plegaria, la liturgia, las reuniones, las fiestas…
Podríamos establecer una comparación con la comida. Cierto que uno puede comer solo, y hasta en ocasiones puede sentirse más cómodo. Pero no quedaría muy bien que, estando reunida toda la familia, uno prefiera comer solo porque se siente mejor. Menos aún el día domingo.
Aplicado al tema de la plegaria, está bien que uno rece solo con Dios; pero es incompleto. El nos convocó para ser familia de creyentes. Es normal, pues, que expresemos nuestra unidad de fe mediante ritos a los que estamos invitados y en los que debemos participar.
¡Hasta mañana!

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Dios: ¿a solas?

Por José Ceschi

¡Buen día!  “Padre, yo soy cristiano, pero no voy a la iglesia. Yo me entiendo con Dios a solas. ¿Para qué ir al templo, si Dios está en todas?”
Esta y otras confidencias parecidas las escucho muy seguido. Se trata, en general, de gente buena, hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Buenos esposos, buenos padres de familia, trabajadores.
 Por eso mi actitud personal hacia ellos es siempre positiva, teniendo en cuenta todo lo positivo de sus vidas. Ello no significa que les dé toda la razón. Aprovecho para explicarles otra dimensión de la vida cristiana que muchas veces queda muy arrinconada.
Les ayudo a entender que, como escribiera Thomas Merton, los hombres no son islas. Todos necesitamos abrirnos a los demás, sentirnos parte de un grupo, saber que podemos crecer en la medida que salimos de nuestra individualidad personal.
Hay muchas formas de abrirse a los demás: los amigos, los compañeros de trabajo, los grupos informales; sobre todo la familia. Es en la familia bien constituida y bien cultivada donde se ve tal vez mejor la necesidad que tenemos todos de unirnos a los demás.
 Como creyente, el hombre no puede conformarse con su relación personal con Dios. Ella es fundamental, obviamente, pero no basta. Si los hombres no son islas, menos lo deben ser los creyentes. Por eso todas las religiones, aparte la relación personal con Dios estimula el encuentro comunitario: la plegaria, la liturgia, las reuniones, las fiestas…
Podríamos establecer una comparación con la comida. Cierto que uno puede comer solo, y hasta en ocasiones puede sentirse más cómodo. Pero no quedaría muy bien que, estando reunida toda la familia, uno prefiera comer solo porque se siente mejor. Menos aún el día domingo.
Aplicado al tema de la plegaria, está bien que uno rece solo con Dios; pero es incompleto. El nos convocó para ser familia de creyentes. Es normal, pues, que expresemos nuestra unidad de fe mediante ritos a los que estamos invitados y en los que debemos participar.
¡Hasta mañana!

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