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El partido de fútbol

Con el fútbol se da sacar la fiera que llevamos dentro. Es notable como actúa en cada uno esa fuerza incontenible, más aún si la celeste y blanca anima nuestras ansias.
 

Viernes, 05 de julio de 2024 a las 17:45

Es el encuentro de dos contendientes a trabarse en “pelea cuerpo a cuerpo”. Ya están dispuestos veintidós  jugadores en carrera loca por perforar el arco. 
El fútbol en acción es toda una ceremonia con unción fanática. Nosotros mucho más por mantener en Copa América los pergaminos del último Mundial.
Es como el Sheriff del pueblo, que todos intentan bajar. Quién es el primero que se anima “mojar la oreja”.
Un amigo entrerriano, me decía: coincido con Borges: “22 jugadores corriendo detrás de una pelota”. Es una copia que trata de parecerse a guerras de Selecciones, en una trifulca donde únicamente los pies son las llaves que pueden abrir una defensa. 
Y para muchos es una verdadera “guerra”. Es cuestión nomás de verlos con un zoom profundo hecho por las cámaras; algunos lloran, mascullan rabia capaz de “matar” al oponente, otros miran a la distancia lejos de la cancha tratando de encontrar alguna explicación por los goles perdidos.
El fútbol es un muestrario de todas las actitudes humanas. Están los que envalentonados en barras se llevan por delante el mundo. Otros más suicidas, se toman muchas veces sus broncas por las manos, lo que termina en caos, desbocado, fuera de sí.
Pero están los que nivelan para arriba, que saben que se trata de una fiesta, por eso van en familia no de barras bravas. Son los que alegran con cantos, con todo tipo de sonidos, portando los colores de la celeste blanca.
Si estará prendido el fútbol a nuestro quehacer, que en la década de oro de la radio, se emitió por LR3 Radio Belgrano, y posteriormente por LR4 Radio Splendid, un programa de gran atracción entre los años 1940 a 1952.
Se trataba de una creación de Enríque Dátilo con Dirección Artística, de “Tito” Martínez del Box, “La Gran Pensión del Campeonato”, donde se corporizaba como personajes vivitos y coleando a todos los clubes del Metropolitano que habitaban esa “Gran Pensión”, siendo su dueña “Doña Asociación” y el premio más preciado, su hija, “Miss Campeonato”, protagonizada con “Los Grandes del Buen Humor”, antes de constituirse en “Los 5 Grandes”, -Cambón-“Pato” Carret-Luz-Rico-Güeñol.
Los argentinos como los italianos, somos ruidosos por naturaleza. Hemos visto como tomaron por sorpresa 40.000 argentinos, “Time Square” (Nueva York), lugar de cita para el “banderazo” ritual, en la previa de Argentina-Chile jugado en el  en el “Met life Stadiun”.
Ya cantaron los himnos, tuvo lugar el intercambio de banderines por parte de los  capitanes; todo está dispuesto. Ya pitó el referee, la pelota está en juego, y la respiración contenida se asemeja al  silencio sepulcral que reina en el estadio.
El escritor Eduardo Galeano dice en el prólogo abreviado, de su libro dedicado a la pasión por el deporte del balón pie, “EL FÚTBOL A SOL Y SOMBRA”:
“Como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía; durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país.”
“Han pasado los años, y a la larga he terminado por asumir mi identidad, yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: Una linda jugadita, por amor de Dios.” 

Con la pasión no se juega. Es una pelota “endiablada” que hace añicos a quien la sufre, con más razón si se gana a lo campeón.

“Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.”
A mí me ocurría lo mismo de pata dura, por eso trataba de entablar conversación con mi padre que gustaba de los deportes, en especial el fútbol y el box, entonces, por los menos para asimilar argumento me leía “Mundo Deportivo”, que era como un libro por la gran cantidad de páginas, donde convergían todas las disciplinas profusas de ilustraciones.
Pero antes estuvieron “Goles” y “El Gráfico”, en lo posible con una foto desplegable de “regalo”, con el jugador más destacado, el equipo, o la secuencia de alguna jugada memorable, donde el fútbol era sensación de multitudes.
Claro, en ese tiempo de ilusiones que la Radio alimentaba, el buen decir de las palabras bien ubicadas y el respeto, siguiendo fielmente el movimiento de los equipos, un señor como el “maestro” Fioravanti, hacían del fútbol una pieza irrepetible de dialéctica magistral.
Peleas siempre hubieron, porque la pasión del fútbol no tiene límites, desencadena al hincha en sus más elementales instintos. Muchos, la mayoría, se desconecta del mundo y grita desaforadamente como nunca lo hace, en la diaria procesión urbana de trabajo y estudio.
Eduardo Galeano que era un fanático del fútbol decía en su libro de referencia, respecto al alma de la puesta: “El hincha”
“Una vez por semana, el hincha huye de su casa, y acude al estadio.” En el último párrafo del mismo texto, concluye su mirada fotográfica del animador de la fiesta:
“Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria, qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, llora su derrota, otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo     que ha sido nosotros; el hincha se aleja, se dispersa, se pierde y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.”
La pasión es la misma pero mucho más sanguínea porque se juega el país que viene henchido de orgullo mundial. Si hasta yo que no parecía fanático, me puse a gritar como un “descosido” el golazo del “Toro” Martínez.
Con la pasión no se juega. Es una pelota “endiablada” que hace añicos a quien la sufre, con más razón si se gana a lo campeón.

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