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La esperanza vuelve a mirar al Sur

El triunfo de Lula puede iniciar un nuevo tiempo para América Latina. Por Germán Wiens.

Por El Litoral

Lunes, 26 de octubre de 2026 a las 07:00

Hay momentos en la historia en que los pueblos parecen resignados a aceptar un destino que otros han decidido por ellos, tiempos en los que el desencanto se transforma en indiferencia, la incertidumbre alimenta el miedo y las promesas de un futuro mejor van perdiendo credibilidad. Pero la historia tiene una particularidad, que quienes se consideran sus dueños suelen olvidar, no es lineal, nunca está definitivamente escrita.

El pueblo brasileño acaba de ofrecer una nueva demostración. La victoria de Lula da Silva sobre Bolsonaro(h), en una elección tan disputada como trascendente, representa mucho más que la continuidad de un gobierno. En un escenario internacional marcado por el avance de las derechas radicalizadas, con EEUU jugando a fondo, Brasil ha demostrado que esa tendencia no es irreversible y que todavía existen sociedades dispuestas a defender, mediante el voto, un proyecto político fundado en la justicia social, la democracia y la soberanía nacional.

La dimensión de lo ocurrido se comprende mejor cuando recordamos que Lula llegó a la segunda vuelta después de haber sido superado en la primera, la posibilidad de una derrota parecía instalarse en el horizonte de quienes habían depositado sus esperanzas en él. Sin embargo, millones de brasileños encontraron en la decisión electoral una oportunidad para modificar ese desenlace. El resultado no borra las profundas divisiones de la sociedad brasileña, pero devuelve a sus sectores populares la confianza de que todavía es posible cambiar el rumbo de los acontecimientos.

 Lula emociona. Aquel trabajador metalúrgico que emergió de las luchas sindicales, que conoció la pobreza y construyó su trayectoria política junto a los trabajadores, vuelve a recibir el respaldo de su pueblo a los ochenta años. Su historia, atravesada por triunfos, derrotas, persecuciones, cárcel  y regresos, parece expresar una enseñanza que trasciende su propia biografía, las causas populares pueden atravesar sus horas más difíciles sin desaparecer de la conciencia de quienes las sostienen.

No se puede desconocer las contradicciones de sus gobiernos y alianzas o imaginar que una victoria electoral resolverá los problemas de Brasil. La desigualdad, las dificultades económicas y la polarización política seguirán presentes. Lo que nadie puede ignorar es que, para millones de brasileños, Lula representa al Estado como herramienta de protección social y de que la lucha contra el hambre y la pobreza continúe ocupando un lugar central en las decisiones de gobierno.

El significado de esta elección se proyecta inevitablemente sobre América Latina. Durante los últimos años asistimos al crecimiento de fuerzas políticas que encontraron terreno propicio para su expansión, apoyados desde el exterior por quienes pretenden imponerse como amos del mundo. Sus discursos, muchas veces construidos sobre la confrontación y el rechazo a  políticas tradicionales, lograron interpretar el enojo de amplios sectores de la sociedad necesitados de participación y renovación. Sin desconocer que ese crecimiento también fue consecuencia de los errores, las insuficiencias y las promesas incumplidas de quienes habían gobernado anteriormente.

Por eso, el triunfo de Lula no debería ser interpretado como la desaparición de la ultraderecha. El importante respaldo obtenido por el bolsonarismo, demuestra que conserva una considerable fuerza política y social. Lo que Brasil acaba de demostrar es algo diferente, y acaso más importante, el avance de la derecha conservadora puede ser detenido cuando existe una alternativa capaz de recuperar la confianza de las mayorías.

Ahí reside una de las principales enseñanzas de esta elección. No alcanza con denunciar los peligros de las nuevas derechas ni con recordar las conquistas del pasado. Los pueblos necesitan encontrar respuestas a sus problemas presentes y razones concretas para creer en el futuro. La esperanza política no se conserva solamente mediante la memoria, debe renovarse en la vida cotidiana de quienes esperan trabajar, educar a sus hijos, vivir con dignidad y sentirse parte de un proyecto colectivo.

Brasil seguirá ocupando un lugar decisivo en el escenario mundial. Demuestra una vez más su GRAN DIMENSION.

 

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