Hay edificios que se inauguran un día, instituciones que se construyen durante décadas e ideas que necesitan mucho más tiempo para revelar toda su dimensión.
La historia de la actual Escuela de Construcciones Portuarias y Vías Navegables de Corrientes pertenece a esta última categoría.
La reciente inauguración de su nuevo edificio es una buena oportunidad para recuperar una historia que comenzó hace más de ochenta años, atravesó una interrupción y volvió a ponerse en marcha en 1991 a partir de una decisión que merece ser recordada por su visión de futuro.
Porque antes de la infraestructura actual, hubo una escuela que formó jóvenes correntinos para trabajar junto al río y luego una decisión de recuperar aquella experiencia.
Una escuela nacida junto al Paraná
En 1943 fue creada en Corrientes la Escuela de Aprendices Nº 5, bajo la órbita del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
Durante 34 años estuvo estrechamente vinculada con el puerto, el río Paraná y las actividades de navegación. Allí jóvenes, recibían una formación que combinaba educación teórica, práctica y aprendían oficios, como recordó Víctor Manuel Zaracho en las páginas de El Litoral.
La jornada educativa era exigente: “ocho horas diarias, de lunes a sábado, durante once meses del año. La formación incluía carpintería, herrería, soldadura, mecánica, tornería y fresado, además de especialidades vinculadas con la navegación”.
No era solamente una escuela de oficios. Era también una puerta de entrada al trabajo y a una vida mejor para muchos jóvenes.
La escuela “ofrecía becas estatales, seguro de vida, obra social y hasta reconocimiento de los aportes jubilatorios” realizados durante la formación. Aquella experiencia dejó una huella profunda en varias generaciones de trabajadores vinculados al río.
Pero en 1977 la Escuela de Aprendices dejó de funcionar, el edificio fue destinado a otros usos y aquella formación técnica específicamente vinculada con el puerto y la navegación quedó interrumpida.
Catorce años después, recuperar una idea.
En 1991 ocurrió algo que hoy adquiere especial significado, el 27 de agosto de aquel año, el entonces gobernador de Corrientes, Ricardo G. Leconte, y la ministra de Educación, profesora Clotilde B. Nicolini, firmaron el Decreto Nº 4301.
El decreto creó la carrera de Técnico en Construcciones Portuarias y Vías Navegables, inicialmente como anexo de la Escuela Técnica “Brigadier Pedro Ferré”.
Leer hoy aquel decreto permite advertir que no se trató simplemente de crear una nueva carrera. Su verdadero alcance aparece en los fundamentos, el texto señalaba la necesidad de formar técnicos para las actividades portuarias y las vías navegables y vinculaba esa formación con el desarrollo económico de la provincia y de la región.
Consideraba al río un factor vital para el desarrollo económico de Corrientes y planteaba la necesidad de preparar a los jóvenes para ser protagonistas del crecimiento económico regional.
Y hacía una referencia todavía más significativa: vinculaba esas perspectivas de desarrollo con el Mercosur y la hidrovía Paraguay-Paraná.
En 1991 se estaba pensando la educación técnica en relación directa con el futuro productivo de Corrientes.
Pero hay una frase del decreto que resulta especialmente reveladora.
Al recordar la existencia de la antigua Escuela de Aprendices de Cabotaje Fluvial, el decreto expresa que la creación de una carrera secundaria con orientación laboral permitiría la “reactivación de la Ex-Escuela de Aprendices”.
No se estaba empezando de cero.
Se estaba recuperando una experiencia que había funcionado, actualizándola a las nuevas necesidades y proyectándola hacia el futuro.
En marzo de 1992, la nueva institución comenzó a funcionar precisamente en la vieja sede de la Escuela de Aprendices y Cabotaje Fluvial, en el predio de Vías Navegables.
La historia volvía, de alguna manera, al lugar donde había comenzado.
Educación técnica y desarrollo
El Decreto 4301/91 dejó una concepción clara: no podía pensarse el desarrollo de la actividad portuaria y de las vías navegables sin pensar, al mismo tiempo, en la formación de las personas que deberían llevarla adelante.
Un puerto necesita infraestructura, pero también técnicos, una hidrovía necesita navegación, pero también trabajadores preparados, una región puede tener una ubicación estratégica sobre un gran río, pero esa ventaja natural no se transforma por sí sola en desarrollo, hace falta conocimiento, capacitación y educación técnica.
Esa fue la lógica que quedó plasmada en aquel decreto, no se trataba solamente de responder a una necesidad del presente, sino de preparar a una generación para las oportunidades que podían venir.
Una idea que continuó
La institución siguió creciendo con el paso de los años.
En una primera etapa funcionó como anexo de la Escuela Técnica “Brigadier Pedro Ferré”. Más adelante alcanzó su autonomía mediante un decreto de 2004 y fue elevada a escuela de primera categoría en 2008. Su propuesta educativa se consolidó alrededor del título de Técnico en Construcciones Portuarias y Vías Navegables.
Los gobiernos posteriores fueron ampliando y mejorando sus instalaciones.
Finalmente, décadas después de aquella decisión de 1991, llegó el nuevo edificio que hoy permite proyectar la institución hacia una nueva etapa.
Una política educativa de largo plazo rara vez pertenece exclusivamente a un gobierno, una gestión puede crearla, otra sostenerla, otra ampliarla y otra finalmente inaugurar la obra que permite verla en toda su dimensión.
Lo importante es que la idea sobreviva y en este caso, sobrevivió.
El río como oportunidad
Corrientes tiene una relación histórica, geográfica y cultural con el Paraná.
Pero el río no debe ser solamente paisaje, también puede ser producción, trabajo, transporte, logística, infraestructura y desarrollo.
Por eso resulta significativo que un decreto provincial firmado en 1991 ya relacionara expresamente la formación técnica con la actividad del río, las construcciones portuarias, el crecimiento económico regional y el desarrollo de la hidrovía Paraguay-Paraná.
Hoy esos conceptos forman parte de las discusiones sobre el futuro productivo de la región. Pero hace 35 años ya estaban escritos en un documento oficial.
Las oportunidades de una provincia no aparecen de un día para otro, se construyen mucho antes, cuando alguien es capaz de anticiparlas y preparar a las nuevas generaciones para aprovecharlas.
Una escuela, una historia y una visión
La nueva construcción merece ser celebrada, pero detrás de sus paredes hay mucho más que una obra.
Está la memoria de los jóvenes que ingresaron a la Escuela de Aprendices en 1943; el trabajo de quienes durante 34 años aprendieron un oficio junto al Paraná; el recuerdo de quienes vieron cerrar sus puertas en 1977; la perseverancia de sus exalumnos, que mantuvieron viva su memoria; y la decisión de 1991 de recuperar aquella experiencia y transformarla en una nueva propuesta educativa.
El Decreto Nº 4301 constituye una pieza fundamental para comprender esa continuidad, para entender el concepto de “políticas de estado”.
Porque allí quedó escrito, hace más de tres décadas, que había que formar jóvenes para el crecimiento económico de la región; que el río era un factor vital para Corrientes; que la hidrovía Paraguay-Paraná podía abrir nuevas perspectivas; y que aquella nueva carrera debía significar la reactivación de la vieja Escuela de Aprendices.
Eso es mucho más que la creación de una escuela.
Es una concepción del desarrollo, educar no es solamente transmitir conocimientos; es preparar a una sociedad para las oportunidades que todavía no llegaron.
Por eso, cuando hoy se abre la puerta de un edificio nuevo, conviene recordar que esta historia no comenzó con su inauguración.
Comenzó mucho antes, cuando se entendió que mirar hacia el río es también saber mirar hacia el futuro.