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Memoria para no repetir la historia

Por Germán Wiens.

Por El Litoral

Domingo, 22 de marzo de 2026 a las 22:00

A 50 años del último Golpe Militar en la Argentina, atravesamos tiempos de negacionismo y aún más que eso reivindicación de las políticas de aquella época, no solo las represivas sino también y en más profundidad políticas económicas de entrega y destrucción del aparato productivo y endeudamiento externo, como si fuera poco la eliminación de las políticas de contención social, devastación de la salud y educación pública.

Nos parece en esta instancia necesario aclarar determinada terminología para conocimiento de muchos, para aclaración de otros y para contrarrestar la maldad intencionada de los defensores de la dictadura.

En primer lugar, debemos decir que la democracia argentina, en la forma en que hoy las conocemos, defectuosa, incompleta, todavía en construcción, nació de las cenizas de esa dictadura genocida, desaparecedora y para completar los males aventurera en Malvinas. Debemos respetar el contrato social surgido en el Nunca Mas.

Ahí ya nos aparece el término Negacionismo, que busca reescribir la historia para blanquear el régimen autoritario o deslegitimar movimientos de derechos humanos, sin ningún basamento histórico científico, invierte los roles entre víctimas y verdugos, desarrolla una historia alternativa e instala dudas exageradas para producir confusiones políticas.  Se caracteriza por utilizar técnicas de desinformación, como teorías de conspiración, falsos expertos y falacias carentes de rigor académico y buscar la distorsión deliberada.

Otro es la Guerra Sucia, y ahí me pregunto si en este país hubo una guerra, además de Malvinas. Esta "guerra" de la que nos hablan queda reducida al status de represión y, en sus extremos más fanáticos, al de cacería. Los grupos armados actuantes a los que supuestamente se enfrentaron nuestras fuerzas armadas, nunca alcanzaron el status de beligerante y su capacidad de operatividad en 1976 no llegaba más allá de la propaganda armada. Lo que aquí debe quedar bien en claro es que el asalto del poder por parte de los militares no era precondición necesaria para combatir a los grupos armados.

 El Proceso llega al poder para implementar un proyecto político-económico y es por ello que el "Enemigo" se definió en la realidad a todo aquel que se opusiera a ese proyecto. La denominación que se pretende no hace más que aludir al carácter informal con que estaba en guerra el poder militar de la Nación contra la sociedad civil. En esa guerra no había trincheras, había un solo lado, el otro era la sociedad civil.

El ejercicio criminal del poder supremo del Estado, sin estar sometido a control alguno, mediante un sistema organizado y alentado desde sus estructuras para el logro de sus fines es lo que se ha dado en llamar Terrorismo de Estado: la agresión parte de las mismas fuerzas públicas, entonces el estado de indefensión individual es absoluto, puesto que no existen instancias superiores para resguardo ciudadano dentro del Estado. De ahí que el grado de criminalidad que importa este terrorismo sea mucho mayor que el que pudiera ejercer grupo alguno.

 Ya no sabían que esgrimir para la justificación e inventan la Teoría de los Dos Demonios, y ¿qué es esa teoría? se trataba de decir que eran dos grupos enfrentados que habían convertido al resto de la sociedad en un infierno. Este concepto es absolutamente injusto y mendaz, porque presentar la muerte de personas civiles que fueron secuestrados de sus hogares, de sus lugares de estudio, de sus lugares trabajo, como personas que murieron luchando en forma violenta, reitero es absolutamente falso. Es inaceptable pretender aceptar o justificar el terrorismo de Estado como un conflicto entre dos violencias.

El 24 de marzo de 1977 decía Rodolfo Walsh en su carta a la Junta Militar “la Junta que usted preside no es el field de la balanza entre violencia de distintos signos, ni el árbitro entre dos terrorismos, sino la fuente misma del terror, que ha perdido su rumbo y solo puede balbucear el discurso de la muerte”, esto 5 o 6 años antes de que aparezca la teoría de los dos demonios como justificativo de la impunidad.

El jerarca el régimen Ibérico Saint Jean, define en 1977 metodológicamente al Plan Sistemático “primero acabaremos con todos los subversivos, después mataremos a sus colaboradores, luego a sus simpatizantes, luego acabaremos con los indiferentes, y finalmente acabaremos con todos los indecisos”  no bastaba con no meterse, había que ser delator de su propio vecino, esa era la pretensión del régimen.

A partir del análisis de distintas directivas del Ejército, la Justicia Argentina explicó  el cambio doctrinario de las Fuerzas Armadas —en consonancia con el contexto internacional— al perseguir a un enemigo interno; planificar la lucha contra el mismo dividiendo el territorio nacional en zonas, sub zonas, áreas y sub areas; y al subordinar las fuerzas internas de seguridad a la discrecionalidad del Ejército. Asimismo, la justicia llega a determinar que no sólo se tomaron acciones ofensivas tendientes a la persecución y aniquilamiento del “enemigo interno” identificado como “subversivo”, sino que también se desarrollaron actividades de inteligencia y operaciones psicológicas sobre el conjunto de la población.

La categoría social Desaparecidos comienza a ser utilizada durante nuestra última dictadura no sólo desde la denuncia de familiares y organismos de derechos humanos sino, incluso, desde el mismo Estado. Recordemos a Jorge Rafael Videla en 1979, en conferencia de prensa —tras la visita de la misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos— sostiene que “Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita. Si el hombre apareciera tendría un tratamiento X y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido, no puede tener ningún tratamiento especial. Es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto, ni vivo, está desaparecido”

Para determinar la existencia de un desparecido debemos verificar la concurrencia de tres elementos:  la privación de la libertad, la intervención directa de agentes estatales, negativa de reconocer la detención y de revelar el paradero y su suerte.

 La búsqueda para darle sentido a ese vacío incomprensible, se encuentra con la muralla de pacto de silencio de los perpetradores. En la averiguación por la verdad, los sobrevivientes ocupan un rol imprescindible. Sus relatos sobre lo vivido en cautiverio, sobre compañeros de encierro, sobre los torturadores y sus prácticas, permiten avanzar en esta búsqueda.

¿Cómo pensar la categoría de desaparecidos en el caso de los niños apropiados? Julio Nosiglia en su libro “Botín De Guerra” dice:Si sus padres fueron los rehenes, ellos se convirtieron en botín de guerra. Ser asesinados durante acciones represivas, ser masacrados en el vientre de sus madres, ser torturados antes o después del nacimiento, ver la luz en condiciones infrahumanas, ser testigos del avasallamiento sufrido por sus seres más queridos, ser regalados como si fueran animales, ser vendidos como objetos de consumo, ser adoptados enfermizamente por los mismos que habían destruido a sus progenitores, ser arrojados a la soledad de los asilos y de los hospitales, ser convertidos en esclavos desprovistos de identidad y libertad, tal el destino que le tenían reservado los uniformados argentinos”  

El quiebre institucional del 24 de marzo de 1976 fue mucho más que un apoderamiento ilegítimo y violento de las instituciones de la República, fue un horroroso plan para eliminar al que pensara distinto, crearon hasta un vocabulario del horror, falta mucho por decir e investigar. La historia no se va a repetir la memoria colectiva no lo permitirá.

 

 

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