Por Karina Winckler
Suele creerse que la seguridad vial es una cuestión de estadísticas o de leyes frías. Pero, para quienes formamos parte de esa cada vez más larga lista de víctimas y familiares de víctimas de tránsito, muchos de los cuales acompañamos a la Fundación Estrellas Amarillas, la seguridad vial es, ante todo, una cuestión de ausencias y de vida.
Hace unos días, en una mañana de semana, el día miércoles, estuvimos presentes junto con Alejandro Ríos en la base de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) en Chaco, sobre el Puente General Belgrano. Nuestra presencia allí responde a una acción de sensibilización activa: no solo observamos, sino que acompañamos el trabajo conjunto entre el Estado y la sociedad civil.
La precisión frente al riesgo
Durante el dispositivo, que contó con la colaboración de la delegación de Corrientes, se controló a un conductor joven que venía desde Formosa. El procedimiento fue el habitual. Primero se le realizó la alometría y, ante la señal del dispositivo, se procedió al test de alcohol en sangre. ¿El resultado? Positivo.
Para muchos, un "positivo" es solo un número o una multa. Para nosotros, es la confirmación de una imprudencia que pudo ser fatal. En seguridad vial, sostenemos una premisa que no admite grises: "Uno es mucho". Una sola copa es mucho para estar al volante. Un solo conductor alcoholizado es mucho riesgo para los miles que transitamos las rutas Y una sola estrella amarilla nueva en el asfalto, es una tragedia que no estamos dispuestos a aceptar.
El mito del "horario seguro"
Existe la falsa creencia de que el peligro del alcohol al volante está limitado a las noches de fin de semana o a las salidas recreativas. Encontrar a un conductor bajo los efectos del alcohol en plena mañana de un día laboral rompe con ese mito y evidencia un riesgo latente: el alcohol residual o el consumo problemático que no distingue horarios.
Un conductor con sus facultades alteradas en una ruta nacional no es solo una infracción; es un siniestro vial en potencia. A 100 km/h, cualquier retraso en los reflejos o una mínima pérdida de la noción de distancia se traduce en tragedia, no solo para quien conduce, sino para las familias que transitan por la misma vía.
Profesionalismo en tiempos de incertidumbre
Es imperativo destacar la labor de la fiscalizadora a cargo. En un contexto de mucha incertidumbre para los trabajadores de la ANSV, verla realizar el procedimiento con estricto apego a la norma y con una templanza admirable es una muestra clara de compromiso. El profesionalismo de los fiscalizadores, que siguen firmes en su puesto cuidando la vida de los argentinos a pesar de las dificultades del sector, merece nuestro reconocimiento público.
Al detectar ese positivo, la fiscalizadora no solo cumplió un protocolo; interrumpió una tragedia. Ese joven fue retirado del volante antes de que el cansancio del viaje y el alcohol se combinaran de forma fatal.
La última barrera
Para Alejandro y para mí, como familiares de víctimas, como padres de una víctima vial, ver ese resultado positivo nos golpea de una manera distinta. Sabemos que ese conductor que fue detectado conduciendo con alcohol en sangre, es el mismo que -sin ese control- podría haber destruido una familia entera. Una nueva familia, incluida la suya.
Nuestra alianza, como parte de la sociedad civil con la Agencia, es positiva porque humaniza el control. Queremos que el ciudadano comprenda que detrás de cada retención hay una vida protegida. El éxito de esa mañana en el puente no se mide en actas, sino en las vidas que hoy siguen su curso porque una trabajadora profesional estuvo allí. Porque, al final del día, entendemos que en el tránsito y en el dolor, uno solo ya es demasiado.
El compromiso debe ser compartido
La seguridad vial no puede depender exclusivamente de cuántos controles haya. Es una responsabilidad compartida. Sin embargo, mientras como sociedad sigamos subestimando los efectos del alcohol, la fiscalización rigurosa de la ANSV seguirá siendo nuestra última barrera de defensa.
Debemos empezar a ver cada operativo no como una demora en nuestro viaje, sino como la garantía de que nosotros, y quienes vienen de frente, llegaremos a destino. Ese control matutino no solo detectó un infractor; ese control, lisa y llanamente, evitó una tragedia. Una tragedia, sí. Una tragedia que hoy no es noticia. Una tragedia: una muerte de un ser humano, su propia muerte, lesiones gravísimas y familias destruidas.
"Uno es mucho", desde que escuché a Dinorah, una mamá de los millones que existimos en el mundo a quienes nos mataron un hijo en el tránsito, llevo esa expresión grabada en todo mi ser, y me redobla el compromiso, porque ninguna muerte en el tránsito debe ser aceptable.