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Del trámite eterno al Estado inteligente: el desafío de la IA

Por David Groisman y María Eugenia Zamarreño (*)

Por El Litoral

Viernes, 22 de mayo de 2026 a las 08:00

La inteligencia artificial ya no es una promesa futurista. En distintas provincias argentinas ya se utiliza para prevenir abandono escolar, mejorar emergencias, agilizar expedientes y optimizar servicios públicos. El desafío ahora es transformar esas experiencias en una verdadera política de modernización del Estado.

La irrupción de la inteligencia artificial abrió una etapa distinta: ya no se trata solo de informatizar procesos, sino de construir Estados capaces de usar datos, automatizar tareas, anticipar problemas y mejorar decisiones públicas.
Y esto ocurre.
En Mendoza, el Sistema de Alerta Temprana, desarrollado junto a CIPPEC, analiza asistencia, desempeño y trayectorias educativas para identificar estudiantes con riesgo de abandono escolar. En la provincia de Buenos Aires, la Línea 148 incorporó una auditoría inteligente que transcribe llamadas, detecta palabras clave y analiza el tono de las conversaciones para mejorar controles de calidad. En Córdoba, el Poder Judicial utiliza IA para clasificar expedientes y desarrollar buscadores semánticos de jurisprudencia. Y en la Ciudad de Buenos Aires, EDU organiza horarios escolares y ejecuta cambios bajo supervisión humana.
Estos casos muestran algo importante: la inteligencia artificial no reemplaza al Estado. Puede ayudar a que funcione mejor, pero esa promesa no viene sin riesgos. Si se incorpora sobre datos incompletos, sistemas fragmentados o reglas poco claras, puede amplificar problemas que ya existen: decisiones opacas, sesgos, errores difíciles de corregir o nuevas brechas entre quienes acceden mejor al Estado y quienes quedan más lejos.

El problema más grande del Estado no es la falta de tecnología. Es la dificultad para convertirla en soluciones concretas para la vida de las personas.

Para la ciudadanía, el cambio no se mide por la sofisticación del sistema, sino si el trámite se resuelve, si la respuesta llega a tiempo, si el dato no se pierde entre oficinas y si el Estado deja de pedir la misma información.
El trabajo que realizamos desde CIPPEC sobre innovación e IA en gobiernos provinciales encontró una conclusión clara: los mayores obstáculos no son tecnológicos. Son organizacionales, culturales e institucionales. Muchas provincias todavía tienen sistemas fragmentados, baja interoperabilidad entre organismos y dificultades para compartir información. La gobernanza de datos aparece como una de las principales limitaciones para escalar procesos de transformación.
Por eso, si Argentina quiere avanzar hacia un Estado inteligente, necesita priorizar cuatro transformaciones: sistemas interoperables, reglas claras para el uso responsable de IA y protección de datos, talento técnico dentro del sector público y capacidad para convertir pilotos en políticas escalables.
La discusión de fondo ya no es si el Estado va a usar inteligencia artificial. Eso ya ocurre. La pregunta es si podrá hacerlo con visión estratégica, capacidades propias y foco en valor público, ya que ninguna tecnología reemplaza liderazgo, planificación ni capacidad estatal. Un Estado inteligente no es el que acumula más herramientas digitales, sino el que logra utilizarlas para resolver problemas reales y mejorar la vida cotidiana de las personas.

 

(*) David Groisman y director de Estado y Gobierno de CIPPEC y María Eugenia Zamarreño, investigadora asociada de Estado y Gobierno de CIPPEC.

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